12/11/11

VISPERA DE SAN ANDRÉS Y LAS CASTAÑAS TOSTADAS


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Próximos a la fiesta del cacharro, ya los castaños han brindado el rico fruto para que celebremos la víspera de San Andrés, mejor cada año,, en familia o en grupos de amigos y amigas, con nuestra típica comida – cena, de las castañas tostadas, el pescado salado guisado y las papas y batatas, el ñame y los plátanos pintones guisados siempre acompañados del buen vino de la zona norte de Tenerife y después de la cena a correr los cacharros junto con aquellos que desde las primeras horas de la tarde ya habían comenzado su loca carrera, arrastrándolos ruidosamente.

San Andrés y su víspera, forman parte de esa añosa costumbre, desde hace muchísimos años, en cada lugar de forma diferente, como ocurre, por ejemplo, con las tablas en Icod de los Vinos y de diferente forma en otros lugares de nuestra geografía. En Puerto de la Cruz, siempre tuvo gran importancia, como vieja tradición, e incluso, es de señalar que varios días antes de esas alegres fechas, ya en las calles y plazas, así como en lugares de ocio, la costumbre de tostar las castañas, como sucede habitualmente en nuestro muelle pesquero, donde, a veces, hacemos cola para proveernos del embase de papel calentito de las mismas; o sentados en provisionales sillas y nos las traen a la mesa acompañadas de la botella de vino del norte. Al lado del mar, escuchando el tenue rugir de las olas y percibiendo con agrado del aire fresco y salobre que nos llega…

Esa estampa costumbrista hace las delicias de numerosos extranjeros que no pierden ocasión de disfrutar de nuestras costumbres y el ambiente que generamos en torno al fuego y el abundante humo del carbón quemado.

Nosotros, acostumbrados a este encuentro tradicional, tal vez no sepamos valorar la dimensión del momento, ellos si, tanta armonía en los tiempos que vivimos, tanta bonanza y simpatía; y ejemplar conducta cívica, es digna de la más placentera admiración. Y los que nos visitan dan fe de ello.

Es cierto, que a veces, uno se siente un tanto sentimental, viendo la Plaza del Charco tan cerca y entonces con el rigor del frío, la vemos tan bacía… Recordemos cuando éramos jóvenes, llenita de gentes paseando en ella, saboreando el tostado fruto en compañía de las amigas y amigos (arreglados a las posibilidades de cada uno) o sentados en los incómodos bancos de piedra “chascando” las sabrosas castañas tostadas. ¡Qué tiempos aquellos!

Bueno, cada edad tiene sus momentos y las apetencias son distintas, los que ya peinamos canas, y hemos de ser más prudentes y de acuerdo a lo permisible, cada cual, si no come tanto come cuento y el vasito de vino que no falte.

Celestino González Herreros

7/11/11

HOJEANDO EL VIEJO DIARIO LEÍ...


Por qué lloran tus ojos, ¿acaso me ocultas algo que no deba saber? Te he visto esquivar mis celosas miradas, para que no advierta tu pena, qué sería si no, tal vez amor, ese sentimiento que desborda en tu callado llanto... Dolorosa contemplación la tuya y qué sonrisa tan dulce que jamás nadie me ofreciera. Todo me advirtió de tus pesares... Hay imposibles en la vida que el destino señala como una cruel sentencia.

Antes me ilusionaba la primavera, hoy es el triste otoño la estación del año con la cual más me identifico. Ver caer las hojas del árbol me recuerdan a ese llanto tuyo y quisiera, entre las grises nubes ver el resquicio de un alegre claro donde aparezca el cielo y me recuerde tu cándida sonrisa... ¡Y he visto pasar tantos otoños!..

Cuando el aire se mueve presiento las brisas que antaño agitaron las hojas muertas que vi. correr por el húmedo asfalto buscando el refugio de algún rincón; o de algún tronco

caído de otro árbol muerto.

Hoy he vuelto a sentirme triste, por que te he visto, esta vez entre la muchedumbre, estabas ocupada en no sé cuántas cosas. Parecías el centro de todas las atenciones, todos te llamaban, e intuía que para todos tenías atenciones como de un ángel; a los niños acariciabas con especial ternura y a los viejos saludabas con reverente cariño y respeto. Te vi radiante entre todos ellos y yo desde donde estaba no podía hacer otra cosa que admirarte... No quería romper el idilio que vivías entre los tuyos y opté por apartarme aún más hasta no alcanzar a verte.

Por las calles caminé como si estuviera en otro mundo, ni veía ni escuchaba, me fui perdiendo en el sueño más profundo, en el abandono más grande que antes sufriera nadie, buscando en el silencio aquellas viejas vivencias... que siempre recuerdo. Entonces éramos unos locos adolescentes que ni sabíamos, ni comprendíamos los peligros que acechaban tras una discusión por muy superficial que esta fuera, no creímos que un amor se pudiera romper para siempre por sólo discutir un par de veces, buscando quizás, entendernos mejor, o por celos. Cosas del amor, de ese fuego abrasador sin piedad que a veces nos ciega. Te vi alejarte y pensé que sería como siempre, para volver mañana más dulce y cariñosa, pero no fue así, fue para siempre... Y el destino jugó sus cartas y desbarató el juego cuantas veces quiso, nos alejó, disfrutando con ello y dándonos ocasión de elegir nuevos caminos, a ti te indicó el tuyo; y el mío ha sido bajar por los laberintos más inhóspitos, unas veces, otras, cabalgando por el mundo de mis sueños y el pasado recordando, entre mis desvelos buscándote como cuando creímos haber nacido el uno para el otro, indisolublemente, que no moriríamos nunca ni envejeceríamos antes... Que en tus ojos se escondían todas las delicias del universo. Que seríamos como una primavera eterna, viéndonos arropados siempre por las flores más bellas y los aromas deliciosos que emanaran los pétalos de las rosas más hermosas de delicadas tersuras. Un mundo sólo para amarnos... Y en nuestros destinos, que paralelamente divergieron sus rumbos, cada cual siguió su camino, apartándonos distancias inalcanzables...

Me habrás visto llorar, cuando miro a las estrellas y sonreír cuando te recuerdo tomando mis manos entre las tuya y me miras tiernamente queriendo adivinar mis pensamientos, mis temores. Cuando no, he corrido entre la gente para verte mejor cuando cruzas las calles del pueblo; y me gustaría verte perpetuamente tan feliz...

Seguiremos siendo amigos, aunque esquivemos nuestras impetuosas miradas, que instintivamente nos unen, casi acostumbrados a esquivar nuestros encuentros. Aquel pasado afectivo está condenado al olvido, mas, siempre habrán en el camino motivaciones que despierten algún recuerdo imperecedero que más tarde iremos dejando atrás como una consecuencia absurda de lo imposible y, obstinadamente, seguiremos buscando, cada cual por su lado, la razón de vivir conducidos por la senda elegida, separándonos cada día más, hasta que acabe el camino... Entonces se habrán fundido, los razonamientos más leales, descansaremos en vida de esa persecución obsesiva que los mismos recuerdos implicaron a la fantástica devoción sentimental hacia ese afecto que nunca va a morir y que estará con nosotros mientras vivamos, acompañándonos simplemente, como un objeto sentimental que debemos cuidar...

Cariño como el nuestro es un castigo... Y ya sólo me consuela en este torbellino que vivimos, saber que tú estás segura donde estás; y de mí, saberme vivo aún para poder evocarte como eras en realidad y así sentirte más cerca... Cuantas veces lo he pensado, parece que sintiera tu aliento cerca de mí y en el silencio de mi soledad sólo tu voz he escuchado y he salido a tu encuentro, entusiasmado, y cual no será mi desencanto al sentirme tan solo como siempre, desde cuando tú no estás a mi lado... Y el aire perfumado que alienta la llama y aviva mi esperanza, hace sentirme cual dichoso peregrino que no se cansa al andar, que va rumbo fijo hacia algún lugar, desde donde me llaman... Oigo mi propia voz en ese eco bucólico de aromas mezclados, que las brisas me traen con sus aires frescos que bajan desde los verdes pinares, desde las cumbres. Y la fragancia de la multicolor retama en flor que en las silentes Cañadas suspiran como mi amor en esa soledad enigmática... y que se expande por las laderas como un lamento que rebosa del llanto prisionero que nos delata. Y despierta en nosotros el deseo de amar en el recuerdo, cuando ya te has ido. Y yo te veré siempre jugando con las estrellas e iré tras de ti. Aunque tú no me veas, ni sepas que estoy contigo...

Qué lejos estamos de aquel encuentro, cuando nuestras miradas coincidieron y sin pestañear, nuestras almas se dijeron tantas promesas de amor, insospechables, y sin saber ese bello destino por designios divinos, cada día nos buscábamos y cada vez el milagro de nuestro amor nos juntaba más, repito, sin siquiera sospechar... Pero nos buscábamos necesariamente, con el propio deseo del verdadero amor, hasta que Dios dispuso separarnos con la muerte.

Así será, uno antes y el otro después. Naufragaremos en las aguas tranquilas del inmenso mar de nuestras ilusiones… Juntos caminaremos por los atajos que hallemos, juntos compartiremos penas y alegrías, juntos lucharemos cada día, sorteando cuantas adversidades nos quieran desviar y lograr pretendan torcer este rumbo proyectado desde nuestro constante amor.

Cuando en silencio nos miramos, sin pronunciar palabra alguna nos confesamos. Ese lenguaje de las miradas, sólo Dios lo sabe interpretar; y nosotros transmitírnoslo. Son el aliento constante de nuestro espíritu, expresión esa que nos fortalece; queriendo llegar a viejos, también compartiendo nuestros sueños, sin descuidar el camino afortunado de nuestro destino. Llegar a marchitarnos juntos y juntos alguna vez y en otro lugar tantas veces soñado, volver hallarnos.

Este peculiar diálogo, poco habitual en la época en que vivimos y en los medios de comunicación escrita, puede que alarme o escandalice burlescamente a más de uno. Hoy prevalece, como todos sabemos, la noticia o comentario repelente, la burla y la venganza, los insultos, raptos, robos de todos los calibres, pornografía, etc. Este, mi inocente diálogo, sólo habla del amor… Dichosos aquellos que se sientan identificados con los argumentos expuestos. Al margen de tanta algarabía y corrupción existente, y al abandono cívico y social…

Cualquier comentario que hable del amor entre las personas, deja una huella imborrable en nosotros, despierta sentimientos ocultos. Que el amor aún

siendo humano, también tiene mucho de divino.

Celestino González Herreros

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5/11/11

COSAS DEL DIARIO ACONTECER CIUDADANO


Hay veces que uno se halla frente a una aparición fortuita, una inesperada imagen mucho tiempo deseada y nos sorprende su presencia… Hay veces que parece imposible que fuera cierto lo que nuestros ojos atisban, son como luces que fulguran en las tinieblas. Son como luminarias prendidas del oscuro firmamento, que nos encandilan súbitamente, como las estrellas que nos guiñaran y parpadearan desde lo lejos y nos sentimos como noctámbulos pasajeros que deambulamos inseguros por la orilla de los ocultos caminos perdidos… Somos los errantes caminantes que impresionados hoy ante

la supuesta evidencia recelaremos de tanta belleza presente.

Hallé por fin, un refugio adonde esconderme, literalmente, se supone. Encontré un lugar tranquilo y que me permitiera ausentarme todo el tiempo necesario hasta lograr aclarar y solventar mis dudas y conseguir estar solo, no hablar ni escuchar a nadie, sólo oírme a mi mismo en tanto reflexione y ordene mis acuciantes ideas, quería estar esquivo, no escuchar ruidos ni voces disonantes… En cambio sí, hallar un apetecible encuentro con una de mis preferidas intervenciones del genial Chopin, que no debo desairar, más bien me consuela y me acompaña en mis aflicciones...

¡Cuántos valores hemos perdido! Al ritmo que vamos, la nuestra va a resultar ser una sociedad muerta, si continúan faltándonos nuestros ideales y aquellos valores que siempre nos identificaron, pilares tan necesarios para una normal convivencia entre unos y otros, conceptos importantísimos para mantener fijo el justo equilibrio social, que como estamos viendo, se tambalea.

Sí, la música me pone sentimental, me persuade y me trae a la memoria épocas pretéritas inolvidables. Cuando las personas éramos sensibles, respetuosas y más solidarias de lo que son hoy. Con esas tres e indispensables cualidades, vencimos épocas muy difíciles. Crisis financieras, persecuciones políticas, acosos indebidos, amenazas y secuestros, guerras y sus dramáticas secuelas, hambruna y enfermedades… Todo ese cúmulo de adversidades que sí fueron minimizadas con nuestros valerosos sentimientos cívicos y eminentemente sociales.

Hoy esos valores comunitarios y tan necesarios en el ámbito social, en nuestros pueblos, han decaído considerablemente. Aquella semilla de amor es como si se hubiera enfermado y sólo germinara de ella la escoria que haya suplantado, en gran medida, a nuestros principales esquemas sociales y a la vez, morales. Aquellos valores mal interpretados y hoy víctimas del desprecio más absurdo.

Realmente, se nos hacen incómodos los distintos conceptos que las nuevas generaciones tienen de sus estériles y nefastos proyectos. Como si para ellos la vida fuera acabarse, cuando aún están comenzando. Como si se hubieran declarado en rebeldía y quisieran acabar con todo aquello que tan gratuitamente les hemos dado, para que se sintieran mejor de lo que muchos, ni se merecen. Como si al no tener perspectivas ni ganas de hallarlas, se sublevaran contra sus mayores que ya más no puedan darles; y les quieran erradicar anulando todos aquellos principios y hasta las sanas costumbres. Con toda la suerte ambicionada, en general no piensan y proceden así, la diferencia es notoria en los que han seguido nuestros pasos y han luchado siempre por mejorar sus estatus de vida, y el de los suyos.

Hay una juventud admirable, y esa es nuestra única esperanza. Jóvenes que supieron mantenerse firmes en su camino de superación y de estudios, de ideas fijas y altruistas, que han sacrificado mucho para ser cada día mejores personas y que, algunos de ellos, ya ocupan puestos importantes (no muchos, pero algunos si…) cada cual en su escala, en los lugares más estratégicos (¿?) de nuestra convulsionada sociedad y que, sin lugar a dudas, serán ellos nuestros leales guardianes y el mejor ejemplo a imitar por la otra juventud víctimas de la desorientación social existente.

La agresividad existente en la calle, en cualquier lugar y en cualquiera circunstancia, es verdaderamente preocupante, Delictiva, amenazante y comprometedora. Quieren hacerse los dueños de todo, sin reparar en el daño que nos hacen y sin que teman a las consecuencias que se enfrentan… Mientras, la Justicia sigue siendo la misma, tolerantes (no en todas las decisiones jurídicas) y permisiva. A gritos, la razón pide que las Leyes sean reformadas, actualizadas, que hagan por evitar tantos descaros y contengan esos cotidianos abusos de los cuales somos directos objetivos, sobre todo las personas mayores de edad; y hasta evidencian, o así lo parecen denunciar, que en realidad les tienen miedo…

Celestino González Herreros

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4/11/11

LA LUNA PARECE QUE SE ESCONDIERA…

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Cuando la Luna se oculta tras las grises nubes queda un breve silencio en nuestro entorno, un mutismo tal que más pareciera estar jugando. Tal vez fuera complicidad, pues las sombras ocultan nuestros propios instintos, nos permite alcanzar aquella mano amorosa que no quisiéramos soltar. Intuyo que su complicidad demora su callado transito hasta calcular que hemos sabido aprovechar, mejor decir, disfrutar ese indomable sentimiento que es el amor. Luego asoma con aires de inocencia, de ajena participación en tantos gratos momentos vividos amparados por sus sombras, por ese tiempo comprensivo de fiel tolerancia.

La Luna siempre fue testigo de nuestros más nobles y amados sentimientos. La Luna siempre supo de nuestras cuitas de amor, alumbró desde lo alto el camino de nuestras aflicciones, los senderos solitarios aquellos que tantas veces anduvimos el solitario espejo de nuestras vidas, en el oscuro e indeciso trayecto de nuestros sueños. ¡Si la Luna supiera!.. Muchas veces le dije que se fuera, que se ocultara, que nos ignorara. Pero la Luna, sonriente, como si no me escuchara, nos alumbraba con su nítida luz y nos acosaba, se divertía viéndonos sufrir, y al final de todo, la Luna nos ayudaba, nos protegía, nos daba con su manto de preciosa luz, la posibilidad de aprender a amarnos también en esa románticas penumbras, donde nada parece lo que es, ni nadie dice nada por que nada se ve, sólo se siente, al derecho y al revés, como en los cuentos de hadas…

La Luna tiene amores también que disimula muy bien. Sabe amar en esas ausencias siderales con el recato de los mejores sentimientos. Ama, si, pero en silencio. Que no se deja ver… Ella sonríe, con la más bella expresión y ese estático gesto de ternura. Más bella y linda destella en esas claras noches suyas que tanto amor transmite; y e ahí la razón de mi inspiración viéndola tan hermosa, casi al alcance de mis manos, como mensaje de amor, cual espejismo traslúcido del magnífico consorcio entre la vida y la muerte, entre el evidente trasiego del amor y la soledad…

Evidente y necesario aporte es, para que jamás mueran los más hermosos sueños e ilusiones. Atraídos por la Luna, estamos inmersos en ese amor y tanta soledad, que, a veces, creemos no poder soportar, pero hay fuerzas extrañas que nos ayudan a superar los avatares que pudieran sorprendernos, tantas incomprensiones, tantos olvidos.

Me consuela saber que el amor es eso, y cada cual pueda aceptarlo así como es. Es el amor, quizás, aquel calor humano que percibimos y nos asiste, cuando más solos nos hallamos.


Celestino González Herreros

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LOS CIPRESES DEL CEMENTERIO DE SAN CARLOS DEL PUERTO DE LA CRUZ

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Quisiera ser como las hojas de los árboles en otoño y recordar la primavera. Quisiera ser tan humilde como son las aves que se mueven de rama en rama, que anuncian con sus trinos y gorgeos los pasos del tiempo, sutiles momentos que marcan entre tiernos arrumacos el trascurso de la vida de los hombres. Ser como las hojas de los árboles, es como dar fe del verdadero sentido de la vida. Tal vez más tarde muera esa lánguida hoja del árbol en soledad, cuando ya se hayan ido todos los efluvios de los distintos periodos ambientales. No ha sido por un simple apego a la vida, aquello de querer durar más… Ha sido por casualidad; y debiera demorarse la paz del alma, por razones obvias, que, lamentablemente, jamás logramos compartir.

Cada hombre tiene sus propias estaciones designadas, Cada cual puede irse con un espléndido y radiante sol, lluvias o vientos… Contratiempos imprevistos, cada uno de esos elementos tiene su destino señalado.

Es normal la inquietud que tantas intrigas genera a lo largo de ese vistoso y engalanado tiempo, de esa pomposa ruta fúnebre y silenciosa...

Cuando los cipreses reverdecen, erguidos desde sus bases, dan la entereza que necesitamos los elegidos en esos funestos momentos. Son los muros blancos y esos esbeltos cipreses, los que me recuerdan, cada luminoso día, lo hermosa que ha sido la vida, y cuan corta y frágil también. Los cipreses, viéndoles tan cerca, en su característico silencio, parecen como si nos hablaran y aunque no entienda su callado lenguaje, lo intuyo, sólo hablan de amor. Acarician a la vez que brindan su escasa sombra. Lo más importante de los cipreses es que acompañan, que nunca nos dejan solos. Es como si Dios hubiera delegado en ellos su inmenso amor.

Celestino González Herreros

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LA VERDADERA RAZÓN ESTÁ OCULTA EN EL CORAZÓN

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Tus manos y las mías al juntarse y aquel solemne rato, corto pero intenso, mientras duró tan ansiada caricia, fue como abrazar toda la encantada dimensión espiritual de aquel amor que ambos sentimos y que pensamos siempre que nada ni nadie nos lo truncarían.

Con más tacto que ligereza, el miedo propio del injusto abandono, del curso que tomaron nuestras vidas, súbitamente, ha renacido, por circunstancias extrañas y aunque nunca dejáramos de amarnos, y nos planteamos la disyuntiva, de si seguimos amándonos o cada cual por su lado nos ausentemos para siempre, aunque no podamos olvidarnos, en la fosa del olvido…

Aún conservo el calor de tus manos, el sentimiento tan profundo de aquella emoción mía al tenerte tan cerca, al compartir contigo el latir de nuestros respectivos corazones; y sin decirnos casi nada, sólo mirándonos como dos adolescentes que vivieran el primer contacto afectivo. Nuestras manos unidas por los enormes lazos de nuestro indisoluble amor, aunque el tiempo haya pasado trémulo y sentencioso. Y tantas cosas nuestras hayan quedado esparcidas, abandonadas… ¡Ilusiones truncadas!

Hablaste, si. Algo comentaste. Los nervios te estaban traicionando al tenerme tan cerca de ti, al sentir el contacto de mi fatigado cuerpo. Tú que tanto me adorabas y que hubieras renunciado a todo con tal de que siempre estuviéramos así, queriéndonos y unidos por el más puro de los amores.

Leí en tu triste mirada el agobio de tus pensamientos, la angustia de tu corazón. Leí en tus ojos otra vez, como cuando éramos dos adolescentes enamorados, aquella expresión tuya que tantas veces me decía que temías que el destino nos separara, por la razón que fuera, o sin razón alguna. Y fue así, siempre hemos vivido cual condenados reos de la injusticia del amor, despiadadamente abandonados, sin recursos, sin aplazamiento alguno. ¡Abandonados a la suerte de nuestro Dios, hasta estos días de evidente retorno sentimental y aquel momento indescriptible, acariciando tus temblorosas manos, después de tantos años!

Celestino González Herreros

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A VISTA DE PÁJARO

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Cuando me recordaron la fecha del Día Internacional del Alzheimer, lo primero que me vino a la mente fue la sonrisa bonachona del Padre Antonio y la ilusión que le mantuvo hasta el final de sus días, la lucha titánica que libró, perseverantemente, respecto al histórico proyecto de aunar cuantos elementos fueran necesarios, tanto materiales como humanos, en el altruista edificio soñado para, vocacionalmente, tratar de erradicar ese triste mal que sufre la Humanidad y que va creciendo sobre la faz de la Tierra, progresivamente.

Si será o no, una burda paradójica, que en España nada se está haciendo al respecto, según cuentan las estadísticas internacionales. Y en Canarias recordemos al Padre Antonio y que seguirá latente en Puerto de la Cruz, aquellos deseos suyos, mal interpretados por las gentes de mala fe y arropados por las mentes sanas que entienden la importancia universal que supone o hubiera supuesto, una vez realizados y echado andar… ¡Cuántos Congresos de Médicos extranjeros y nacionales y cuantas experimentaciones se habrían logrado! ¡Cuántos ancianos se hubieran beneficiado!

A veces me pongo a pensar y no cabe en mi mente tamaño error, el no haber ayudado “decididamente” a la realización de tan importante empresa, la culminación de ese gran proyecto.

Lo que siempre y desde siempre, ha ocurrido en esta ciudad nuestra, que nada progresa porque estamos divididos políticamente y las partes en litigio no se dan la mano, ni por algo tan importante como el asunto que nos ocupa. Falta de humildad, de inteligencia, de sentimientos humanos, de visión futura y realismo. Hemos perdido la gran oportunidad del siglo; y me pregunto: ¿Qué intereses particulares y menos honrosos, estarán detrás de todo esto? El tiempo nos lo dirá.

Me parece como si estuviera, nuestro llorado Padre Antonio, aquí, a mi lado… Diciéndome tenuemente, con voz entrecortada:

Lo que más sentí al ver y comprender que les dejaba materialmente, fue no haber visto terminada la Obra que con tanta ilusión comencé pensando en tantos enfermos de Alzheimer. Lo sentí, sinceramente; y a la vez reflexionaba: “Dado que las cosas de Dios, todas son posibles” siempre estaré vigilante desde donde esté, por si surge el milagro… Y al Puerto de la Cruz nunca le faltarán mis bendiciones, por que son buenas gentes. Lástima que no pueda decir lo mismo de sus políticos, que no digo que sean malos, pero no han sido ni son inteligentes, a menos que no pensaran que no merecía esfuerzo alguno haberme ayudado. Que no era para mí, ya lo ven… Pensé siempre en aquellos que padecen el triste mal de la enfermedad de Alzheimer. Lo mío siempre fue humildad y pena, mucha pena…

Siempre me extasié viendo volar las aves, verlas cruzar el aire tan disciplinadamente, sin interferirse entre si… Me pregunto si llegando tan alto, ellas se dirán algo, si hablan de nosotros, si gimen, si algún suspiro se les habrá escapado alguna vez… Pueden llegar más altos aún. Tal vez en determinadas ocasiones, nos hayan enviado algún mensaje… O vuele entre ellas, sigilosamente. Lo cierto es que aún se le siente, pareciera que estuviera entre nosotros, volando o rondando en torno a SANTA RITA, cuidando a sus viejitos y echándole un vistazo, a vista de pájaro, a los proyectos por los que dio su vida de mártir.

Celestino González Herreros

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ELLA CONMIGO Y YO CON ELLA

Tristes episodios de la vida de un hombre

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Sentir que mi propia voz se quiebra, cual estallidos crispados de tanta angustia, del silencio contenido tanto tiempo, de la cobarde sumisión, de la inútil resistencia ante el dolor que siempre haya estado sufriendo, por quererle tanto… Y a pesar de ello, haber dejado que corra el tiempo, que se lo lleve todo, hasta los propios sentimientos, hasta quedar solo en su abandono. Aunque siempre estuviera buscándole y si la veía se escondía y luego la seguía, a cierta distancia, para que no le viera, quien tanto la deseaba, que día y noche la buscaba. ¿Por qué huir de ella si la seguía amando? Aún hoy, después de tantos años, aunque la siga buscando, no podría soportarla, frente a frente, su profunda mirada, sus requiebros, sus desbordantes lágrimas y su voz temblorosa cada vez que le dice: ¡Te quiero! Ello le produjo tanto dolor como desconsuelo, tanta rabia como atracción sincera, cuando le decía ese expresivo: ¡te quiero!

Si él pudiera olvidarle, si supiera cómo hacerlo, pero no puede, no sabe. ¡Es que sueña tantas veces con ella! Y qué distinta es en esos momentos de sus tiernos letargos, ella con él y él con ella, si les vieran… Pero, cuando esos sueños se rompen siente como si saliera de una angustiosa pesadilla, hasta ha sentido miedo. Y se esconde en sus ocultos sentimientos para evitarla, a pesar de quererle tanto... Se esconde allá lejos, envuelto en sus oscuras sombras, donde no le hallen, donde ni escuchara su suave voz, su adorable risa y la discreta caricia de su cálido aliento, cada vez que le dice: ¡Amor, te quiero!

Cada día que pasa disponemos de menos tiempo y lo más aconsejable es dosificarlo previamente, administrar los momentos de que dispongamos y ser equitativos con las circunstancias que tengamos que vivir.

También el tiempo, hasta que se detenga definitivamente, habrá jugado su papel en los distintos ciclos de nuestras peregrinas experiencias; y no se deja influir por el supuesto sentimentalismo y nuestras normales quejas al ver cómo lo perdemos todo; y atrás van quedando, como si fueran inútiles despojos, nuestros seres más queridos y aquellas pertenencias materiales con las que, equivocadamente, creíamos que serían nuestras para siempre.

Celestino González Herreros

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LA LLAMADA GENEROSA DE NUESTRA FECUNDA TIERRA

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Yo vi. nacer un sol diferente sobre la cresta de la lejana montaña, allá, en el extenso perfil del abrupto pinar de nuestra cordillera dorsal, que irradiaba, ladera abajo, hasta llegar tibio y resplandeciente a nuestros pies, donde la tierra noble aún mojada del rocío de la noche anterior, paciente esperaba su calor acariciando los hermosos racimos de las uvas ya casi maduras. Yo vi, igual que ayer, tantas ilusiones, los agricultores pensando en sus viñedos… Como un súbito cómplice del momento, me sentía partícipe de aquellas intuiciones. El silencio del campesino, a veces es como una supuesta plegaria interminable.

Cómo cambia la conducta de las gentes de esos bellos lugares cuando el sol acaricia los frutos que les prodiga esa generosa tierra. No sé, exactamente, por qué me preocupa tanto cómo suceden, a veces, los castigos en esos productivos campos, los imprevistos contratiempos… Pero más me preocupa que cada vez sean menos atendidos y sólo hallan zonas atractivas, o sea, bien cuidadas en Tacoronte y sus bellos alrededores, El Sauzal, La Matanza y La Victoria de Acentejo, una buena parte de Cuesta de La Villa, los altos de La Crusanta, La Perdoma y Palo Blanco, etc. Aún quedan preciosas parcelas que, ojala las cuiden más aún.

Desde la parte baja del Valle de La Orotava, lo que se ve hacia arriba, mirando en dirección a la Autopista y sus próximos lindantes, todo es desencanto. Da pene ver cuánta tierra abandonada a diestra y a siniestra, da verdadera lástima que nuestro respetable Gobierno de Canarias, El Cabildo y a quien más competa, no pongan remedio a ese triste asunto. Tienen abandonadas por doquiera, tierras productivas. Algunas aún conservan sus estanques circulares y atargeas para el riego que le llevaban el agua a los sembrados. Los productos de la tierra eran transportados en bestias, a veces de puerta en puerta en los pueblos más cercanos y a precios aceptables, sin intermediarios; y las difíciles situaciones se salvaban, se mitigaban las privaciones económicas. No estoy inventando nada. Hoy estamos acostumbrados a consumir todo de fuera, absolutamente todo y ya eso es “un lujo” anacrónico, es no saber vivir teniendo la tierra que tenemos, el envidiable clima nuestro y el mar que nos baña. Nuestra fecunda tierra nos llama, sólo falta mano de obra, que no me hablen de crisis ni del paro, a trabajar en el campo y a producir, que ya es hora. Que nada es más generoso que nuestra fértil tierra. Ahora nos toca empezar desde cero, pero con vista al futuro.

No debe permitirse ver tantos terrenos “agrícolas” abandonados, alguien tiene que mediar para combatir tanta decidía y descaro. Alguien tiene que golpear duro la masa del Consistorio, con el debido coraje, para decidir que aquellos que no cedan esas tierras abandonadas, al Gobierno Local para fines cooperativistas, dándoles oportunidad a los jóvenes de hoy. Aquellos que no lo hicieren tengan que pagar un “impuesto” adicional. No se trata de una reforma agraria, no estoy haciendo apología comunista, sólo que se haga una justa participación y a la vez una contribución para ver si se puede solventar el problema económico que sufre nuestra confusa sociedad. Repito, nada de comunismo, olvidemos esos drásticos términos y recursos. Entre todos demos un soberano ejemplo de solidaridad, para hacerle la vida más llevadera al que menos tiene. Que les llegue más comida a los que menos tienen o que nada tienen. ¡Ay, si hubiera justicia agraria! Pero, ¿quién le pone el cascabel al gato? Sabemos qué tierras hay que se podrían aprovechar con convenios serios que beneficien al que da como al que recibe, sólo hay que intentarlo, probar suerte, a ver qué pasa.

No, no estoy loco, aunque lo parezca. Lo que observo es que hay muy poca gente que le guste trabajar, tener obligaciones serias. Que le resuelvan todos sus problemas los respectivos Ayuntamientos y si no, a lamentarse.

De momento, y no sabemos hasta cuando, se acabó el chollo de la Construcción. Y el Turismo ya no es lo que era, está visto que bailan sobre su misma cuerda. Los jóvenes y no tan jóvenes, abandonaron el campo creyendo que en las ciudades estaba la solución de todos sus problemas, hipotecaron hasta su propia dignidad. Pero vemos que de nada sirvió, al contrario. Sus ilusiones se vinieron abajo. Ahora hay que volver al campo, la tierra les está esperando, sólo hay que trabajarla con sentido común. Por supuesto, los distintos Gobiernos y demás Ejecutivos deben involucrarse, no dejar al campesino solo, con sus escasas limitaciones, deben ayudar al agricultor y al ganadero, facilitarle los medios necesarios para arrancar de nuevo. Como lo hicieron sus abuelos y sus padres. La tierra no traiciona y si las condiciones climatológicas alguna vez nos la juegan, hay que insistir de nuevo hasta salir adelante. No hay otra solución. Y es necesario no dejar pasar el tiempo esperando que los demás den los primeros pasos, que se vea la voluntad de cada cual., que de lamentaciones hemos vivido y perdido un tiempo precioso, descaradamente. ¡Ayuden a sus viejos, que ya casi no pueden doblar el espinazo ni las rodillas!

De esa fértil tierra pueden comer todos. Fabriquen su casita y a formar familias estables, pero sin hipotecarse, entonces ya lo saben, lo perderán todo.

Un amigo campesino me dijo hoy, que ya tiene siete cabras y una becerra, que va encaminado… Y yo digo: ¡Ese sale adelante, se le nota ese natural coraje que convence!

Celestino González Herreros

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LA DANZA DE LOS RECUERDOS IMBORRABLES

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Con cuánta resignación nos hemos apartado de aquellos tiempos pasados. Lo que fuimos y lo que hoy somos. Ha trascurrido todo el tiempo necesario para sepultar un pasado que no volverá. Cómo nos hemos encogido de hombros y qué distante vemos aquellas gloriosas páginas vividas y que ilustran los amados episodios de nuestra historia regional, y en particular, aquellos ratos vividos en Puerto de la Cruz, los buenos y los malos, porque hubo de todo.

Entonces, a pesar de las estrecheces vividas por una gran mayoría de nuestras gentes, éramos felices. Aquella chispa y el humor nuestro mitigaron muchos y tantos desconsuelos sufridos y necesidades sin cuento. Hubo que darle un toque de sentido común a la situación política y económica que vivíamos y casi siempre lo conseguimos. Justamente, lo que necesitamos hoy, ante esta nueva crisis que estamos sufriendo... Fue sorprendente la conducta ciudadana de nuestras gentes, aquella solidaridad para con los demás semejantes y la caridad manifiesta en tales situaciones, hacia aquellos que lo perdieron todo, que se quedaron sin nada… Ironías del destino, ¿qué es lo que está ocurriendo hoy en todos nuestros pueblos y ciudades, que tanto se han enturbiado nuestros horizontes políticos, económicos y sociales? Uno de estos días pasados, en una de las céntricas calles de mi ciudad, estuve observando atentamente a las gentes que caminaban a mi alrededor, en torno al especio que ocupaba y no vi. ni una simple mueca de alegría,, de ilusión, de contento… en aquellos que transitaban o estaban sentados en las distintas terrazas, consumiendo. Todos, conciudadanos nuestros, forasteros, todos, parecían maniatados, aburridos, parecían que estuvieran ausentes. Esto no puede seguir así, nuestras calles debiéramos animarlas, con músicas, pequeños espectáculos y ferias para todas las edades. No descuidar nuestra ciudad ni un solo día. Tenemos que acabar con el aburrimiento, nuestro porvenir está en las calles, en los locales de ocio y divertimentos, alegremos esas caras, como era antes, bulla que contagie esos adormecidos espíritus, desengañarlos… A tal punto llega tanta enajenación, que pareciera regresaran de una batalla perdida en el campo de la imaginación.

Caminaban tan torpemente, que tuve la necesaria decisión de alejarme del triste ambiente que a poco me contagia y ya me estaba sintiendo igual que todos ellos, apático, solitario…

De momento, sólo pensé, en cuál sería la fórmula apropiada y urgente, para despertar en esa equivocada urbe la armonía necesaria que les permitiera, reír, cantar, bailar, correr y sonreír cuando les viera pasar.

¿Qué pensaría en esos momentos nuestros visitantes de nosotros? Pese a tener mucho a nuestro favor, cielo, mar, aire, un clima envidiable, etc., adolecemos de sentido común. Nuestra ciudad aún no ha muerto del todo, jadea, si, pero, desesperadamente trata de incorporarse, alzarse con sus encantos naturales; que nuestras gentes también participen en ese empeño y liberemos tanta fantasía nuestra, hacer sonar la contagiosa música de nuestra exquisita idiosincrasia. Hacer reír y cantar a la gente, como antaño, repito, cuando éramos más pobres y éramos más los que amábamos a nuestro Puerto de la Cruz y había menos habitantes. Cuando éramos menos interesados y materialistas y más patrióticos.

Si no hay dinero para pagar obreros, los desperfectos urbanos, pintadas, basuras, cuidados en jardines y plazas, todo aquello de fácil renovación, voluntariamente, echemos una mano, como han hecho en varios países, que son precisamente, los que hoy están mucho más arriba que nosotros. No movemos ni un cartón que veamos en el suelo. Cualquier obstáculo tirado en la vía pública. Suele decirse: ¡Que lo haga el Ayuntamiento y su gente! Y si no, que siga ahí el cartón o cualquiera otra inmundicia, como tarjeta de identidad de nuestra incapacidad social, para que luego se mofen de todos nosotros en los distintos lugares del mundo.

Ayudemos con nuestra mejor voluntad a mantener limpia nuestra sufrida ciudad. Y respecto a nuestros políticos, después de las próximas elecciones, volveremos hablar, -democráticamente, claro está- que habrá mucho que hacer y que decir.

Celestino González Herreros

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celestinogh@teleline.es

DON JESÚS HERNÁNDEZ MARTÍN, EL MAESTRO

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El domingo pasado, a medio día, coincidimos en la Plaza del Charco de la ciudad turística, con don Jesús, el cual se dirigía a su casa. Estábamos de paseo mi señora y quien suscribe, antes de ir nos al almuerzo cuando le vimos y vino a saludarnos. ¡Qué satisfacción y alegría sentimos al verle! Alegría por el gran afecto que le profesamos y porque había transcurrido bastante tiempo sin verle.
Hoy día no es como era antes, cuando el Puerto de la Cruz adolecía de tantas infraestructuras modernas, cuando parecía más pequeño y cada día que transcurría teníamos la ocasión de vernos y visitarnos, parecía que había menos distancias. Obviamente, antes, respecto a nuestras gentes, hubo más sensibilidad humana y, quieran o no, nos buscábamos y al mismo tiempo nos alegraba vernos. Éramos como una gran familia, aunque hubiera diferencias banales.
El maestro siempre fue muy querido y muchas veces envidiado por aquellos que nunca tuvieron su especial carisma social, su inteligencia natural y tanta delicadeza al tratar los asuntos prohibidos, como siempre fue la política represiva de épocas superadas por él y por tantas y buenas personas que en su propia carne sufrieron los zarpazos intransigentes de la otra parte…
Verdaderamente, me satisfizo el encuentro; también fue mi maestro en cierta ocasión y lo fue de mi hija Calali, en el Colegio de La Pureza de María, en La Montaña de Los Realejos.
¿Saben, o no lo saben? Le tengo un gran cariño a su esposa, doña Antonia Rodríguez y al resto de esa gran familia. Ella, mujer ejemplar donde las hubiera. Van a dejar huella en nuestra ciudad, por todas y tantas prendas altruistas y sentimentales que nos han obsequiado.
Ya ven, que con pocas palabras se puede llenar el corazón de nuestros queridos protagonistas. Humildes palabras las mías, pero les aseguro que se me escapan desde muy adentro; y quisiera tener la capacidad intelectual necesaria, para que fluidamente ellas se acercaran con emotivo acento al entorno familiar de esas buenas personas.


Celestino González Herreros
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HILOS MUSICALES Y AROMAS CAMPESTRES

(Producto de la imaginación)
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Al pasar por el salón donde tengo instalados los equipos de música, sentí deseos de activarlos, oír algunas interpretaciones acordes con mi estado anímico, ya que en esos instantes no estaba, precisamente, muy animado que digamos. Me apeteció algo de Schumann (Kinderzeneen Op. 15) Antes pensaba hacer otras cosa mientras oyera esas deliciosas interpretaciones musicales, y entre tanto me movería de un lado a otro, cual fuera mi habitual costumbre. Mas, las notas musicales fueron adormeciéndome y transformando a mi espíritu. Me sentí nostálgico, casi abatido, también, por los influjos poéticos que me sustraían; y acabé sentado frente a un blanco papel, en el secreter de la sala. Sin fuerzas físicas, casi sólo el halo romántico que me envolvía, hasta sentir fluir las palabras y los deseos contenidos, desordenadamente, al salir liberadas por la emoción que me embargaba, yendo al papel que ansioso esperaba ese encuentro. Y mientras mi corazón sufría apesadumbrado, pude ordenar las ideas y los propios sentimientos, obviamente se trataba de encausar los recuerdos que se agolpaban en mi mente. Aquellas vivencias habían vuelto a entristecer a mi alma, volví a sentir aquel sufrimiento, tiempo pasado y que aún sigue dañándonos. Aquella juventud, aquellos días tan sublimes, llenos de tiernas fantasías, de bondad incalculable y que no debió acabarse. Aquello era amor, no era otra cosa, y se nos fue de las manos sin darnos cuenta. Se nos fue para siempre y sin saber porqué.

Sigo oyendo la exquisitez de tan bella música, cuyos compases un tanto tristes, elevan a mi espíritu, me saca de este ambiente mundano, de todo cuanto me rodea y me transporta a otros lugares, rincones oníricos donde siempre estarán los senderos aquellos, lugares amados que entonces anduvimos juntos, absortos bajo el poder mágico de nuestras acariciadoras miradas. Un mundo creado por nosotros mismos, pequeño y tranquilo... Sólo para amarnos, sin voces extrañas ni curiosas miradas que pudieran turbar el idilio de nuestras caricias. Solos, en un lugar salvaje y lleno de atractivos poéticos, sin tempestades capaces de poder separarnos. Caminos dorados en inmensas sabanas tocados por un sol distinto y a la vez reparador; y por brisas transportando hilos musicales y aromas silvestres de campos floridos, llegados sólo para brindarnos sus mágicos efluvios en nuestras cuitas de amor.

Tomé su portarretrato entre mis manos y la miré con tanto dolor como ternura, los ojos humedecidos... Casi sin poder ver, y le besé nuevamente. Es ella. ¡Oh Dios! Siempre estará conmigo mientras dure mi permanencia aquí, en este mundo real, donde la vida sigue su curso y no nos deja ir más allá, cuando lo deseamos.

El piano sigue gimiendo y elevando sus cándidas notas, como mi alma se eleva, cual ave inspirada que agita su frágil vuelo por los caminos fantásticos de la imaginación, buscando el sigilo de su soledad, los yermos parajes, previos a la divina contemplación.


Celestino González Herreros
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celestinogh@teleline.es