17/12/09

PUERTO DE LA CRUZ MAGICO ENSUEÑO...

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La muralla me traslada con la inocencia de aquella infancia, a un mundo diferente; me hallo calle abajo pisando las empotradas piedras, ilusionado buscando a los amigos que van delante con los aparejos y las cañas, y la pequeña pandorga a buscar la captura de los peces verdes y los cabozos y algunos burgados, allá en el Muelle... Aquello nos parecía inmenso con sus caladeros y bajíos, desde la bahía o la punta, hasta San Telmo, respetando siempre el paso por el Penitente, dada sus conflictivas leyendas y la agresividad de las olas golpeando el acantilado de Santo Domingo. También desde el Muelle hasta Punta Brava. Corríamos por entre los riscos y peñascos atravesando los charcos y en ese afán aventurero disfrutábamos como héroes cada tarde después de las horas de clase; y los días festivos desde por la mañana. Mientras, esperaban los gatos en casa a los menudos pescados.
Sin saber cómo, me hallé en el Muelle pesquero mirando al mar. Aparte de las tranquilas aguas, me vi completamente solo, cosa extraña en el acostumbrado y concurrido lugar ya tan de moda últimamente, pero hoy es nuestro. Las pequeñas barcazas y los arrogantes lanchones no interrumpen el silencio conseguido y ello por azar; al contrario, me ayudan a elegir las palabras amotinadas que quieren todas salir de su cautiverio, encerradas en la mente.

La marea estaba baja, con lo que destacaban los perfiles de los riscos del bajío en el reposado descanso del bravío oleaje en sus constantes batidas. El fondo bastante cerca, sus limpias aguas dejaban ver las piedras que parecían moverse cuando ondulaba el agua por el soplo de las brisas que iban y venían como antes las olas en plena mar.

El estático horizonte dibujaba la línea imaginaria del tiempo como un eco melancólico, hoy envuelto en la danza de los recuerdos... Más allá, entre el mar y el cielo están aquellos en otro continente; y esa es la ruta de los sueños, donde el camino avanza y vuelan los pensamientos. El camino de las distancias, mar adentro...

En el tranquilo y emotivo lugar me hallo pensando, como si el tiempo no hubiera pasado, sintiéndome inmerso en el pasado, entre los barcos y mi silencio, mirando hacia la vieja casona de la Real Aduana, y a la vez soñando... El tramo adoquinado de la calle lo paso con pisadas firmes, como cuando era un muchacho e iba ilusionado a verles, buscando el calor familiar de todos ellos. La grata palabra que consuela. Nada más subir las amplias escaleras, su pasamano me transmitía ese candor, Al llegar arriba, aparecía la tía Juana con su encantadora sonrisa. Yo era entonces algo reservado, estaba en la edad de las confusiones constantes, buscaba y no sabía qué, eso sí, deseaba luchar, “hacerme un hombre”. Quería viajar y escuchaba las cosas que me decía mi tía, como si me las dijera una sonriente hada; y siempre quedaba extasiado mirando al mar desde los alegres ventanales de la casona, respirando el aire fresco y yodado, como si estuviera ya, sobre la marinera cubierta de un enorme barco rumbo a América. Intuía verme con expresión melancólica portando la maleta de madera cual triste emigrante, acariciando el pequeño escapulario de la Virgen del Carmen que me regalara mi madre para que me acompañara por la ruta que antes otros valientes siguieron para buscarse un medio de vida digna y aprender de ella tantos misterios y experiencias nuevas que forjan al espíritu de un muchacho para hacerlo hombre.

Las gaviotas mientras buscaban su alimento moviendo la arena unas, otras zambulléndose en el agua, me daban cierta paz, ellas luchaban también por su subsistencia y la supervivencia de su especie; y con toda normalidad, aceptando esa lucha con dignidad y esforzándose por superar los obstáculos que aparecieran, abriendo nuevos surcos en la vida y dejando en ellos la semilla del amor... Como en los caminos crece la hierba que da las flores más bellas del escondido follaje de la Naturaleza...

Las gaviotas me recuerdan del emigrante su paso por la vida con resignada tranquilidad, como si fuera normal todo lo que estén sufriendo, como un destino entre tantos destinos; sufriendo en silencio y callando su llanto por que saben que no les escucha nadie. Y, casualmente, ahora llegan más gaviotas a la playa, como si quisieran distraer mi obsesiva meditación y quisieran devolverme a la realidad, despertándome del recuerdo como si de un sueño se tratara y quisieran verme alegre caminando sobre los húmedos callaos, jugando con la arena...

Dirán, o simplemente pensarán, que me extralimito en mis apreciaciones, en mis nostálgicas reflexiones. Pero acéptenlo como una inocente desviación hacia un equilibrio consensual de aquello que hoy tenemos encasillado en la época pretérita de nuestros tiernos sueños idealizados por la edad del momento. Que fue el comienzo de la vida y fuimos haciéndonos a los golpes, aprendiendo la lucha y los medios para combatirla... Hoy somos fuertes, representamos a la madurez y aunque haya atisbos de tierna juventud en cada uno de nosotros, no podemos negar el desgaste ya sufrido. Somos más sensatos, menos crueles y mucho más humanos. Ahora todo lo ajeno nos duele; y nos conmueven las cosas "pequeñitas" de la vida mucho más que las grandes manifestaciones. Somos menos calculadores y más humildes. Nos vemos tal y como somos, y respetando las glorias del pasado alimentamos la esperanza de hallar en nuestro camino la comprensión hacia nuestro deterioro... Somos la fuerza de la continuidad... Para bien o para mal, hemos sido los protagonistas de la evolución y sin embargo en el presente construido, se nos dice que estamos desfasados, que estamos anticuados. ¿De qué han servido entonces nuestros sacrificios y los largos y angustiosos desvelos?, ¿de nada? ¿Quién ha señalado el camino donde aún están las huellas de nuestros cansados pasos allanando los senderos, ocultando nuestros fracasos?.. ¿Quién elevó el faro para siempre eternizado, guía de la convivencia entre los hombres?, los que hemos luchado por ello y en el trayecto hemos dejado todos nuestros encantos, las ilusiones rotas y los harapos de nuestras maltratadas vestiduras para que los retoños nuestros vivan mejor y no pasen por los desconsuelos que nosotros, "los desfasados" hemos pasado.

Yo creo que el hombre con su fuerza creadora e influencia renovadora y a corto plazo, conseguirá la estabilidad cívica y social que le lleve al verdadero camino... Los pueblos entenderán las causas de sus torpes distanciamientos y en la exquisita reflexión hallarán el cause desierto de sus ambiciones Para hacer un mundo mejor. Algo nuevo que nace dejando atrás crueles esquemas que fracasaron por sus propias contradicciones e influencias. El hombre, universalmente, busca comunicarse para que en ese empeño podamos descubrir nuevos caminos hacia variables situaciones que desemboquen todas ellas en la armonía y la paz durante el tiempo que dure la existencia misma.

Un reparto justo de los sufrimientos, de las decepciones... Ya para ilusionar la panorámica actual o para dejar un precedente y que a las generaciones venideras les sea más fácil alcanzar esas perspectivas de bienestar económico, cívico y social. Un reparto con los más pobres y luchar sin condiciones antepuestas, por educar al hombre y enseñarle a convivir en armonía y respeto entre los demás hombres. Es un apostolado, ya lo sé, pero sería hermoso conseguir, siquiera el eco de estos deseos míos que es el mismo de casi todos los hombres. Yo me conformaría con que no se entendieran mis palabras como reacciones demenciales por que entonces al carecer de sentido vería la esperanza de tantos, junto a las mías, perdidas en la miseria y para verlo no quisiera vivir...

Dirán: ¿por qué nos dice estas cosas? Y si quieres que sea aún más sincero, tampoco yo lo sé. Nadie lo tiene todo. Menos las gentes que sienten la necesidad de descargar la presión emocional que les agobia... Solemos ser un tanto aislados, a veces infelices, muchas veces. Nos escondemos con las decepciones recibidas y creamos en el imaginado escondrijo un mundo donde refugiarnos, buscando una calma espiritual que no sabríamos definir por su complejidad y hermetismo; donde no queremos que entre nadie, y somos, o al menos eso creemos, centinelas y fieles guardianes de nuestros sentimientos. Nos duele que se desvelen las miserias de un mundo que siempre habíamos soñado que fuera mejor, donde el hombre no tuviera ocasión de revelarse. Aunque muramos nosotros "los románticos", pero nunca dejaríamos de espiar la marcha alegre de la vida...

El hombre está constantemente buscando esa comunicación, ya no se conforma con hallarse a sí mismo, necesita una voz que le consuele, una respuesta a todos sus desvelos, a sus temores e inquietudes. Una clara respuesta a su verdadera vocación. A la suerte de sus reflexiones, si mueren o crecen, para propagarlas a una infinita e indeterminada dimensión…

Celestino González Herreros

BAJO LA TENUE LUZ DE UN VIEJO CANDIL

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A ver si ahora que hay menos luz en este apacible lugar, mi mente se despeja, ya que, a veces, en la penumbra también suelen aparecer los duendes de la inspiración. No depende de capricho alguno, es como ocurre a ciertos enfermos cuando pierden las ganas de hacer algo determinado y no suelen manifestarse al respecto. Sólo que están enfermos. Y el hombre, aunque muchos no lleguen a entenderlo, a veces se siente como si en realidad estuviera enfermo. Se siente un tanto alicaído… Y presumo saber cual es la razón. Solemos enfermar de tanto callar, de no poder pronunciarnos en tal o cual sentido sin el temor de herir o sufrir las consecuencias presumibles si nos revelamos. El hombre calla, aunque sufra por ello, bien sean sus desamores, sus fracasos y traiciones, la calumnia y la mentira de la que haya podido ser objeto a lo largo de su existencia, cuando sólo ha vivido callando. Y eso enferma, produce desganas hasta para escribir. Me pregunto, ¿cómo sería si cada cual exteriorizara lo que en realidad desea o piensa? Habría menos mentiras, más ilusión y seríamos más solidarios con los demás. Pero no es posible luchar sin la ayuda de la comprensión y la justicia de los mismos.

Quienes se valen de sus propias influencias y desprecian los sentimientos ajenos, aquí saldarán esa gran deuda, no sólo en el más allá, aquí primero.

De hecho lo hemos comprobado sin esperar mucho. Por eso perdono, disculpo a todos aquellos a quienes no me soportan, porque no les gusta mi forma de expresar mis sentimientos, la manera de transmitir un simple mensaje, acertado o no, mi modo de sentir respeto a lo mío, mi región, mi pueblo, mis gentes… Si, respeto al pasado de mi ciudad, por si exclamo o lamento tantas cosas que a lo largo de los años han sucedido. Por cuanto hemos perdido, valiosos testimonios de nuestro caudal cultural y nuestra capacidad cívica. Nostalgia normal de todo aquello que nos pertenecía y ahora ya no es tan nuestro. Añoranza de aquellos juegos infantiles en nuestras plazas públicas. Y de aquellos momentos de convivencia en las primeras escuelitas aprendiendo urbanidad y algo más de civismo.

Tremendos desconsuelos al evocar aquellos años mozos, años inolvidables experimentando el celo del amor, la amistad, la gratitud aquella cuando una amiga nos obsequiaba una cálida sonrisa o muestra de cariño. Y aunque tarde lo diga, cuando nuestra madre, antes de salir de casa, nos revisaba de arriba abajo hasta asegurarse de nuestra pulcritud y aceptable presencia. Y el padre, siempre más moderado, cuando sacaba del bolsillo siete y sólo nos daba cinco, para que lo pasáramos acordes a las circunstancias. Todo un poema de amor.
¿Que hubo de malo en aquellas sanas aptitudes? Y, hoy, ¿qué hay de malo en que estemos evocando esos acontecimientos que son la historia de nuestros días? Aunque sólo sean recuerdos, es toda una vida estacionada en el pasado, y que, inexcusablemente, formamos parte de ella.

Yo sé que es, casi imposible, cambiar los nuevos esquemas sociales, que va a ser difícil cambiar el rumbo que ha seguido la misma vida... Los nostálgicos seguiremos el dulce y a la vez triste sendero de la evocación. Jamás habrá sintonía entre las nuevas formas y los moldes aquellos que nos formaron a nosotros, con otra visión y perspectivas. Tantas veces me he preguntado, porqué tanta rebeldía y tantos desafueros. Es un sentimiento tan anárquico... Y cada vez vamos a peor, nadie está conforme, ya ni consigo mismo y eso es preocupante. Hay tal agresividad por doquiera, casi ya han muerto los buenos modales, el concepto de urbanidad, el respeto hacia los demás, que parecen estar en guerra consigo mismo.

En cambio los animales cada día son más dóciles, más confiados y cariñosos. Casi no nos temen y les dejamos tranquilos... Pero el hombre se significa más y se degrada rechazando a su propia especie humana con la conducta rebelde y desafiante con que suele identificarse.

A menos que exista una voluntad reflexiva buscando el entendimiento común y desprecien los malos instintos y las bajas pasiones, no sé que va a suceder. Si el hombre ha perdido la fe en sí mismo, si no ve expectativas en su futuro, va a tener que enmendarse a Dios, para poder salir del atolladero en que se halla. Y todo es consecuencia de tantas libertades... Tanta ligereza, como si la vida fuera sólo un camino llano y seguro y fuéramos a tientas recorriéndolo, queriendo olvidar los abismos y las escabrosas pendientes y abruptas lomadas; y no tuviéramos voluntad de lucha por vencer juiciosamente cuantos obstáculos se nos presenten, pero sin cargar las culpas a los demás. Cada cual tiene su propio destino y ha de luchar por ese sino.


Celestino González Herreros

LA MATANZA DE ACENTEJO EN LA RUTA DE LOS SUEÑOS

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Bajo la sombra de un vetusto balcón canario, detuve mis cansinos pasos, para aliviar un poco y protegerme del inclemente Sol. Sequé el rostro con mi pañuelo, de hecho, ya casi mojado. Escrutando con la mirada, algo enturbiada por la fatiga, busqué, a lo largo y ancho del lugar algún ventucho, o guachinche, donde sentarme, saborear un buen vaso de vino de la zona y hablar con alguien de por allí. Sentía la garganta seca como un esparto y las piernas me temblaban un poco, pues había caminado un buen trecho, casi interminable. A la vista no había nada, era campo abierto y un largo camino... Un campo realmente atractivo, con la montaña detrás, color gris violeta, resaltando la vegetación. Eché andar de nuevo, y no muy lejos, casi al final del trayecto, comencé a ver casas y personas que iban y venían en distinta dirección. Cuando estuve a la altura de ellos, acerté a preguntarle a un par de campesinos, dónde podía conseguir algo para beber. Ah, - me contestó el más viejo - aquí no bebemos agua. Si se conforma con nuestro inmejorable vino, tiene donde elegir, busque a pocos metros de aquí y verá qué bueno está...

La Matanza de Acentejo tiene eso y más. Gentes maravillosas, amables, serviciales y trabajadoras. Hablo con razón de causas. Parece como si hubieran venido al mundo con ese gesto personal que les distingue. Diría más, es como si uno se sintiera en su propia casa, en el mismo seno familiar y todos quisieran agradarte. A pesar de haber tantas "casas de comidas", hay veces que no conseguimos una mesa libre. De todas partes van a pasar horas de ocio, entre familias y amigos, a comer o echarse sendos vasos de vino; y para hablar de todo un poco. Siempre nos vamos felices y nos queda el sabor de la grata impresión de haberlo pasado bien. Ahora mismo no, porque es algo tarde, si no, "agarraba" las llaves del coche y Dios sabe...

El Municipio norteño de La Matanza de Acentejo, es bello, desde la cumbre, cuyo monte engalana su declive campestre, en el se hallan los famosos viñedos de la zona y abundan los castaños, higueras, nispereros, perales y manzanos. Amén de otros frutales.

Recuerdo, estando allá, en nuestra querida Venezuela, charlando con los paisanos, hablando de nuestras cosas, y al tocar el tema... Se nos ponía un nudo en la garganta y teníamos que disimular la angustia, desviando la mirada y callando, siempre callando, cuando evocábamos nuestro terruño amado, tragándonos las palabras... Estabamos muy lejos y nadie nos veía, ni nos oían, éramos como niños suspirando por esta tierra que nos vió nacer. ¡Cuántas cosas hubiéramos deseado hacer en eso emotivos momentos! ¡Cuántas imágenes rondaban entonces en nuestra mente! ¡Cuántas vivencias del terruño amado despertaban, cuando evocábamos esos lugares de nuestra isla de Tenerife, desde tan lejos...


Celestino González Herreros

FRAGANCIAS DEL FLORIDO CAMINO

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Siento sensación de estar despertando con el cansancio propio de un largo viaje, acosado por los viejos recuerdos que hubieran aflorado en el sueño cual fantasmas del pasado. Abatido el espíritu, aún en la mente proyectadas aquellas vivencias que sí fueron realidad, y que, a pesar de los años transcurridos, aún no he podido olvidar.
Cada lugar, hoy petrificados en mi corazón, iba señalando la huella delatora de aquella juventud irrepetible y distante en el tiempo, hoy llorada con nostalgia... La huella de tantos pasos que he vuelto a palpar con mis manos temblorosas. Sí, y he despertado con los ojos enrojecidos y el corazón agitado por tantas emociones, corriendo en distintas direcciones, como queriendo abarcarlo todo: la fragancia del florido camino aquel, por donde solía ir acompañado... ¡Los primeros pasos del amor! Y, aquellas miradas tan apasionadas y la loca risa envuelta en la cálida brisa hasta perder el eco adormecido de su furtiva huida.

Entonces todos éramos jóvenes; y en esa dulce y tierna edad, nunca pensábamos que algún día seríamos viejos y que el destino era quien decidiría la suerte de cada cual. Lamentablemente, ya no están entre nosotros tantos amigos de entonces. Ellas, fieles confidentes, a las que cariñosamente hicimos las primeras confesiones de amor. Algunas ya no están, tampoco. ¡Cuántas frases con profunda ternura nuestros labios pronunciaron, y cuántas miradas afectivas, cuántos suspiros y lágrimas! Todo aquello era producto, también, de un sueño de amor, a veces truncado, al volver a la dura realidad, a la evidente lucha por ser lo que somos: adultos desencantados, o viejos decrépitos, sin ilusión algunos, otros buscando, entre las hierbas secas, aquel camino florido en sus sueños, creyéndose aún jóvenes, sonriéndole al estático espejo de sus vidas con engañosa valentía y la mente llena de fantasías. Disimulando el cansancio y ocultando la angustia de su contenido llanto, al despertar.

El mensaje de la vida siempre fue discreto, cauteloso y sin promesas. Nada es imperecedero, es como el pabilo de un cirio encendido en las tinieblas, amenazado constantemente, en la intemperie solitaria, por las inclemencias y el soplo agudo del etéreo impulso maléfico de la celosa. Como ocurre en los sueños, cuando le presentimos, o le vemos llegar parsimoniosa y sin llamar a la puerta entra y nos lleva sigilosa, sin importarle, para nada, los sentimientos ni tantas cosas que vamos a dejar atrás... La vida es como una rosa que se deshoja lentamente, mientras vamos muriendo poco a poco. A veces casi sin darnos cuenta, y sólo dejamos en este amado mundo, lleno de tantos interrogantes y contradicciones, los despojos yermos de nuestras fervientes ilusiones, dulces y tristes recuerdos y el dolor incurable en aquellos seres queridos que supieron entendernos.
La vida es un dilema poético, es alegría y sufrimiento, es amor y dolor...

Celestino González Herreros

LAS PALABRAS SON VIAJERAS EN CAMPO ABIERTO...

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Qué grata es la cadencia de las palabras cuando emanan del corazón, son melodiosas y acarician como las suaves brisas mañaneras, cuando despierta el alba matinal y nos invade de ternura su grata presencia; y nos devuelve, tantas veces, esas ganas de seguir viviendo. Qué grata es, cuando remontan los copetes de nuestros impresionantes pinares, los más esbeltos y altos de su especie: el pino canario. Brisas que acarician y en el campo amanecen como una aparición virtual y con tacto de virgen terrenal nos colma de esa magia sentimental que abraza y transmite ternura, bonanza y el éxtasis del gran amor... Y las palabras despiertan deshilvanándose como frágiles costuras de un hermoso manto celestial...
Qué gratas son y qué paz nos transmiten, si nos las pronuncian en el silencio de la noche, cuando todo parece estar dormido, cada historia en su respectivo baúl, cautivas, presas de sus mismas ambiciones y mentiras y no gozan de su libertad: campo abierto...
¡Qué grato es probar las mieles del verdadero amor!
Todo mi tiempo, en vida hoy, quisiera poder dedicárselo, emulando aquellas brisas de mis habituales tormentas. Su aliento, teniéndole más cerca y escuchar sus quejas y jadeos incontrolables que se le escapan y van a morir en el infinito de las noches...
Sólo en el silencio nocturnal, uno puede percibir el encantamiento de las calladas luces del amor, sólo en soledad se oyen las seductoras y lánguidas palabras que callamos tanto tiempo, palabras prohibidas cuyos nexos no se adivinan y suelen olvidarse o volatizarse como otros tantos sentimientos.
Yo me enamoré de una flor, un día distinto. Flor cuyos frutos han superado todas mis ambiciones; y la flor, cada vez, cada día que pasa, a mí me parece más lozana. Mi viejo corazón, viéndola así, tan radiante, cada vez, más me enamora.
Juntos hemos crecido y a la vez, casi sin darnos cuenta, también hemos envejecido. Pero no lo entendemos, aunque lo compartamos. Ya nos hemos acostumbrado a dar más de lo que recibimos, ya parece que es una obligación compartir el tiempo y todo lo demás, agendas, calendarios... Consumir el tiempo juntos, hasta que nos llegue la hora de separarnos y uno de los dos quedarse solo. Ese es el triste dilema de los enamorados, la evidencia más clara de nuestro destino. Por eso le temo tanto al polémico futuro, tanto que no quiero oír hablar del tema, de esa lamentable etapa de la vida. Futurarse, si es válida mi expresión, es perderse sin rumbo cierto para siempre, morir... Es como acabar sin darnos cuenta; y jamás entender qué pasó. ¿Porqué? ¿Porqué?..
Sin embargo, la poesía es como el ángel piadoso que alimenta al amor. Es como un mágico bálsamo que invita a soñar, que alimenta nuestras fuerzas y con ello sublima a la ilusión de eternizarnos. Rescatar para siempre la esencia de nuestro verdadero amor. Aclara los caminos más inhóspitos, lima las crueles asperezas del mal e idealiza los soñados horizontes de nuestros sueños.
¡Juventud, es el más bello tesoro! Mas, aún puedo soñar como ayer, me ayuda la poesía, que como ave acosada busca en mí los causes sedientos de mi amor por todo aquello que me rodea, para que no les falte el riego apasionado de mi poética inspiración...

Celestino González Herreros

REALMENTE CREO QUE NO ESTAMOS TAN SOLOS…

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Uno suele refugiarse en los recuerdos para poder alcanzar ese cause emotivo de la inalterable evocación que nos llega a conducir por los senderos ocultos de aquel nostálgico pasado… Con marcada lucidez nos hallamos, sin alteración alguna, en esos recordados caminos que nos devuelven tantas y tan queridas vivencias que siempre hemos alimentado con renovada ilusión, pese haber transcurrido el tiempo y ya no seamos tan fuertes y capaces como quisiéramos, porque los años no pasan en balde. Mas, ahí, en ese grato y acogedor refugio aún habitan y están latentes, los mejores años vividos. Ahí están, desde el más diminuto de los recuerdos, perpetuándonos. Y recurrir a ellos supone revivir aquellos irrepetibles instantes; y aún se mantiene en ellos el calor sentimental de entonces. Solemos revivirlos con frecuencia, callados, en silencio, sin sombras que nos custodien ni brazos que nos detengan, dueños absolutos de aquellos hermosos episodios que se resisten a morir y están empesimismados sólo en irse con nosotros, cuando nos llegue el fatídico momento de la partida sin retorno. Nuestra niñez, aquel calor de la familia, nuestra juventud, las aventuras viajeras por la América del Sur y otros lugares, inquietudes propias de aquella edad. Los sueños rotos, los crueles desengaños sufridos, los aciertos logrados, la nueva familia y la grandeza de sus congenies, la vejez y las tristes dudas consiguientes, todo ello condensado en un antes y un dudoso después, el pasado y el futuro enfrentados en la más dura lucha vivida. Siempre preocupados por los que vamos a dejar atrás, sin nosotros y lo poco que al final podamos hacer por ellos.

La vida del hombre, del ser humano, suele condensarse en breves estimaciones: aquel quimérico pasado, el engañoso presente y el dudoso futuro… Nada más simple que la vida del hombre. Añado, pues, por sarcástico orden: la represión psicológica sufrida, el engaño del falso entusiasmo, y la habitual duda que nos atormenta… Mas, de todas nuestras decepciones y dentro de esa cruel duda, existe la imperiosa razón de la existencia. La única esperanza que alienta a la Humanidad, la misma Creación de las especies y el medio que las cobija. La paz oculta que a veces despierta en nosotros al pensar en nuestro Dios, el Dios de todos… Ese consuelo, es el motivo más evidente de que no estamos solos y nuestro futuro no será tan incierto…


Celestino González Herreros

EL PUERTO ES EL PUERTO...

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No sé si son los años, o hay alguna otra razón, para que me sienta cada vez más sensible contra las cosas que uno oye o lee a veces y que vienen desde la incomprensión y la mala fe que pulula por ahí, donde las tinieblas de la incapacidad estrangula toda idea fundamentada en la ignorancia y el desconocimiento de la verdad. Tantas especulaciones equivocadas que quedan en nada, sólo el ridículo del que son objeto aquellos empesimismados en no ver el lado bueno de las cosas, aunque estén palpando con sus manos la evidencia de los hechos.

Cada día doy gracias a Dios por lo que me ha dado, por permitirme poder asomarme al exterior cada mañana y saludar a nuestro majestuoso Teide; y ver, a tan poca distancia, desde la otra ventana, la mar que baña nuestro atractivo litoral y sus entrañables playas. Poder ver a los vecinos entregados a sus diarios deberes y placeres, moverse... ¡Ay de aquellos que no están entre nosotros porque les llegó la hora! Habrán tenido que rendir cuentas de sus buenas acciones o los errores pasionales cometidos, si los hubo; de todas formas, roguemos por ellos. En cambio, los menos pecadores habrán recibido la recompensa merecida, allá, en el Reino de Dios. ¡Porque los hay! Y, así pensando, aprovechando la casual inspiración, doy la vuelta y comienzo de nuevo, sin perder el espíritu que me anima. Pero, tropezamos, habitualmente, con aquellos efectos negativos que sólo buscan dañar la buena imagen que tengamos ante los ojos que nos ven, la evidencia misma que tanteamos. Buscan romper el encanto de la realidad, único propósito que les asiste, hablando o escribiendo cosas estériles de contenido, sin fundamento alguno y sí, alevosamente. Cuando se dicen mentiras con doble intención, queriendo empañar la imagen de lo bello, de lo que está bien hecho o no está tan mal, pero si atractivo. Cuando entendemos, o queremos entender, que lo hacen para atacar la labor hecha por quienes se hayan entregado de corazón en su empeño, por ayudar a su pueblo para que sobresalgan todos aquellos elementos mejorados; y los que ni soñándolos, han visto la luz de la realidad en el tiempo permitido y con la ayuda de los escasos recursos disponibles, eso es traición. Uno se indigna por dentro, sin perder la dignidad, qué es otra cosa.

Me es muy grato, cuando oigo decir la expresiva frase: ¡El Puerto es el Puerto! Todo es distinto cuando llegamos al Puerto de la Cruz. Sus gentes, sus calles, su cielo, su mar... El mismo clima y el ambiente cosmopolita que se vive. El Puerto es tranquilo, no es peligroso, es movido, inquieto y apetecible. Es limpio como pocas ciudades, concurridísimo y aceptable. Cuando entramos en el, es como si llegáramos a un lugar paradisiaco y encantado. Lo triste es que sean los propios lugareños, quienes más ignoren su valor, con tanta excelencias que tenemos y que ofrecemos al mundo entero. Por suerte, son una minoría los ingratos que no lo entienden y se dejan llevar por sus bajas pasiones inciviles y políticas. No lo olviden, señores, el Puerto será siempre eso: el Puerto donde arribar la barca ilusionada de tantos navegantes turistas enamorados que vienen a refugiarse en lugar seguro. ¡Apto para todas las edades!..


Celestino González Herreros

EL SILENCIO DE MI VALLE

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El Valle parece que gozara del sueño estival oportuno y placentero, como si aquella fisonomía de años atrás se hubiera alegrado y otros aires esperanzados le estimularan... Viéndole hoy, aún sin ocultar la huella del evidente abandono del que ha sido víctima, diría, que hasta el verde de su alegre platanar bajo el sol radiante de estos meses, brillara con límpida lucidez. La profunda oquedad de sus sombríos barrancos se pronuncia más oscura que otras veces por contrastes luminiscentes en sus claros márgenes de arriba, en la superficie, donde la campiña se abre al socaire de los rayos solares brindando su tierra fértil

Y el vuelo de las aves que regresan a sus nidos parece que marcaran otros ritmos que recuerdan melódicas sinfonías que sincronizan entre sí alegres notas musicales que se encuentran dispersas en el espacio etéreo, como ecos celestiales de armónicas alabanzas...

Pero, ¿qué le ocurre hoy a mi Valle de La Orotava, que hasta los caminos se alegraron y el campesino parece que sonriera más convencido y satisfecho de lo que suele estar habitualmente, mientras va sachando la tierra bajo el cielo azul que fulgura ardientemente y encandila como el agua cuando corre por la ceñida atarjea emulando al pequeño arroyo y al cortejo de la vida y bajo esa luz radiante, por su angosto cause hasta llegar al profundo abismo salpicando a su vera el entorno florido, como si de un juego angelical se tratara, celebrando la alegría de nuestro arcaico Valle?

Al otro lado del camino me arrimo, para asomarme curiosamente buscando más deleite en la abundante estampa del silente campo y me sorprende sobremanera, ver los frutales colmados de olorosos frutos de vivos colores ya madurados, y la hierba crecida, de exuberante sabia que se expande abundantemente a todo lo largo y ancho de los atajos y las orillas de los caminos hoy reverdecidos y profusos, que antes tantas veces anduve en busca de la hierba fresca, las flores silvestres y de la apetitosa frutas para ofrecérsela celosamente a quien al otro lado, siempre me esperaba al pie del vetusto castaño... Y seguíamos por las pendientes y escabrosas veredas hacia la era, donde nos sentábamos sobre las dispersas piedras del bordillo, íntimamente juntos, a contemplar la majestuosa alfombra verde, mientras seguíamos degustando la rica fruta que le había llevado. Abajo, hasta llegar al mar, se podía ver la estampa más emotiva que nadie pudiera soñar y a la par que deleitaba, transmitía bonanza y pasión y hasta que le dábamos fin a los apetitosos frutos hablábamos de cosas bellas, del milagro de la Creación, de la sensibilidad del ser humano cuando su entorno es la Naturaleza y el marco inspirador un rincón cualquiera con olor a campo, con la paz y el silencio de mi Valle: entre animales y flores, al lado de una apacible campesina que solo sabe mirarte y decirte sin palabras sus nobles pensamientos, con olor a brezos y a hierbales del campo mezclados con el de la leña quemada...

Todo el tiempo estuve acompañado de mi fiel amigo Lukas, que no cesaba de dar saltos y cortas carreras durante el trayecto circundado de abruptas y empinadas lomadas cubiertas de los acostumbrados matojos que crecen con sus desiguales y onduladas formas que trepan hasta la espesura del callado bosque a medidas que ascendemos por senderos y veredas según las vamos sorteando, para aminorar la distancia que nos separa del lugar inamovible y fantástico que nos ilusiona ver y cuyo enclave son nuestras entrañables Cañadas del Teide.
Caminamos aún un largo trecho hacia arriba, entre gigantescos pinares que en espesa formación parecen unidos sus ramajes que no dejaban pasar al sol, por lo que era tremendamente agradable la frescura bajo sus verdes ramas que asemejaban techumbre sobre la frescas pinocha y provocaba echarse, pero había que seguir...

Hacía un día espléndido, el azul del cielo y el verde del fresco monte mitigaba la sensación de cansancio e inspiraba profundamente idílicas percepciones que armonizaban con lo bello y silencioso del lugar y de los eufónicos cantos de la suave brisa que alguna vez acariciaba la piel y los sentidos, como queriendo eternizar para el recuerdo aquellos momentos llenos de eufórica evasión. Y hasta la tierra parecía que sintiera, al paso de nuestras sombras que lamían su desigual declive cuando le dábamos las siluetas reposadas de nuestros cuerpos y se escuchaba el quejido por nuestras parsimoniosas pisadas.

Lukas, media lengua fuera y sus nerviosillos ojos bien abiertos acechaba cualquier movimiento que surgiera y corría tras los insectos levantando gran polvareda en cada batida y no cesaba de ladrar y mirarme; me daba a entender que era feliz, que estaba a sus anchas y muy a su gusto haciéndome compañía. Como si me preguntara, qué cosa era lo que yo buscaba entre tanta vegetación, cuesta arriba y tanto silencio...

Atrás quedaba, en la fértil hondonada la esplendorosa platanera, y en el páramo más cercano nos detuvimos, sólo un momento, para asomarnos por si veíamos aún nuestros pueblos norteños que ya los iba ocultando la espesura del mar de nubes, que como inmenso cortinaje de esponjosas formas algodonosas corría presuroso hasta cubrirlo todo. Mi acompañante, al unísono que ladraba fijaba su atenta mirada a unos metros de distancia, como si algo se hubiera movido y me obligó a detenerme. Guiado por el interés del perro y viéndole avanzar sigilosamente pude comprobar de qué se trataba. Había una pareja de conejos preciosos comiendo hierbas tan distraídamente que no advirtieron nuestra presencia. Mas, Lukas seguía mirándome, como diciéndome que si atacaba o no. Verdaderamente, le tuve que contener si no se hace con las criaturas, y de verdad, no nos faltaba comida y esos animalitos estaban en su mundo, viviendo su vida... ¿Qué daño nos habían hecho?, ninguno. Di un par de palmadas y desaparecieron como por arte de magia. El perro me echó una fulminante mirada de rencor y me ladró dos veces seguidas, luego, tomando una piña de pino que hallé en el suelo, la tiré lo más lejos que pude para que iniciara el juego que tanto le gustaba y contento la trajo a mis pies, evidentemente seguía siendo mi entrañable amigo; le di un trozo de queso blanco y quedó feliz, como siempre cuando está a mi lado.

Haber contribuido, de alguna manera, ayudando a aquellos inofensivos animalitos del lugar, dándoles la oportunidad de que escaparan del salvaje instinto del perro, completó el placer que el paseo en contacto directo con la Naturaleza me estaba deparando, eran sensaciones incontrolables de desmedida bonanza, como la terapia espiritual que viviera un ermitaño...

Ya se adivinaba un día claro, más claro que el cielo de nuestro Valle y que despuntaba de entre las desnutridas nubecillas del monte, apareciendo, paulatinamente, el calor solar como una caricia reconfortante que invitaba a seguir sin aminorar la marcha. Mientras mi amigo jugaba con dos piñas de la abundante pinocha, mis pensamientos tornaron nuevamente hacia el Valle y me hacía la misma pregunta: -¿Qué le estaba ocurriendo al Valle, que desde unos días atrás lo veo más fresco y alegre? ¿Será una premonición mía, o tal vez sea cierto que otros aires le animan? Dios quiera, porque nuestra gente también se ha vuelto más optimista. ¿Acaso es cierto que la Providencia no nos abandona en estos cruciales momentos de evidente renovación y austera reflexión?
Con esos pensamientos anduve hasta detenernos bajo un frondoso pino y juntando un montón de sus desechos caídos, hice una buena elevación con los mismos y me eché sobre ella, con la mente perdida en arcanas meditaciones, acariciando la ardiente cabeza del perro que se alzaba insistentemente y no paraba de mirarme, guiñándome sus preciosos ojos con interrogante expresión, se acercó más a mí y descansando su cálido hocico sobre mi pierna, también se echó el plácido descanso de un ligero sueño reparador de energías antes de seguir caminando.

Reemprender el camino fue pensado y hecho, me coloqué la gorra y ayudado por un trozo de estaca que llevaba, comenzamos andar, ahora por el borde izquierdo de la carretera, disfrutando del delicioso paseo.

A menudo entablaba algún diálogo con Lukas, quien parecía como si me entendiera, respondiendo a mis monólogos con su nerviosa y mocha colita, que en agitados movimientos transmitía su lenguaje habitual cuando quería darse por aludido o intuía la necesidad de una comunicación expresa. Modalidad que yo, más o menos ya entendía, así como él comprendía mis connotaciones espontáneas y con intermitentes pausas, para no caer en el aburrimiento de la soledad y que por evitársela también consolaba al compañero más inmediato, el que nunca me dejará, sino cuando le llegue su triste hora...

Después de un largo rato y de haber hecho varios altos en el camino, bien sea saludando a algún conocido, o simplemente a alguien que se nos cruzara en la marcha por casualidad o imperativos de rutina, o para tomar alguna fotografía interesante de algún motivo que no podía pasar desapercibido por su singular encanto. Reparando en lo andado, iba notando cierta lejanía. De mí se fue apoderando un sentimiento de tristeza que evidentemente comprendía, era fácil de entender. Aunque estuviera mi fiel amigo conmigo me sentía solo. Y aunque hablara con las piedras del camino y con las montañas, no me contestaban y yo sabía que me oían... Y que adivinaban mis callados pensamientos. En ocasiones, yo miraba al Cielo elevando un sugerente y único sentimiento: -Señor, Vigía del caminante en estas alturas, ¿sabes, que tanta soledad me abruma? Estoy pensando en lo triste que ha de ser tener uno que irse "en el viaje sin retorno" y dejar todas estas impresionantes bellezas "TU Obra" y luego, no poder sentir jamás este silencio sobrecogedor, ni percibir nuevamente el perfume de la tierra seca imantado al milagro ecológico y ambiental de la florida retama de exuberante frescura, de nuestras violetas teidíferas y de los gélidos ecos de las brisas llegadas del inmenso océano de atlánticas influencias... La paz de mi Valle se acrecienta aquí, en el aire majestuoso de esta soledad, y a la vez, en este abanico de contradicciones y encantos. Se han despertados los hechizos y surge la irresistible visión de un encuentro sensorial excepcional, despiertan en la mente como un preludio celestial que anuncia la capacidad del hombre al poder alcanzar la belleza terrenal en nuestras cumbres y sus frondosos pinares que ocultan los misterios de un encantamiento bíblico y poético entre sus sombras y los claros del viril follaje con solemnidad y dulzura irresistible. Donde se refugian los sueños que con las brisas emigran hasta sus celadas, y como el águila solitaria vuelan a las alturas de aquellos peñascos gigantescos de elevadas prominencias a buscar la paz... E intuyendo con esta sosegada meditación la fortaleza de la mano creadora capaz de deslumbrar la ceguera del mundo, simplemente con la presencia de un trocito ilusionado de su Creación, en lo que a nuestro Valle se refiere, y sus faldas oceánicas y esas cumbres visionarias que se alargan y se pierden melodiosas hasta llegar al Teide, a dos pasos del Cielo.
Fue una experiencia única y al mismo tiempo puede ser repetido el placer que me produjo, porque ahí está, para propios y extraños, es un lugar entrañablemente respetuoso y bello, puedo volver a verle y sentir sensaciones distintas, es quizás, el lugar más pluriespectacular de nuestra Isla de Tenerife, varía su fisonomía al mismo ritmo siempre, más bello y atractivo, más impresionante. Ese es el paraje de nuestras Cañadas del Teide.

Y con estos pensamientos, después de haber pasado un día delicioso, tomamos el rumbo del regreso, luego de descansar lo suficiente e incluso, de haber charlado con alguna gente, que como yo, estaban tremendamente complacidos de haber sabido emplear inteligentemente el tiempo libre, y lejos del mundanal ruido...

Y como siempre nos ocurre a los canarios, en mi especial circunstancia, le comenté a mi fiel e inseparable amigo: -Oye bonito, sabes, desde hoy en adelante todos los domingos y fiestas de guardar, tú, quién nos quiera acompañar y yo, nos vamos a ir de paseo "pa" arriba que es donde estamos mejor.

Celestino González Herreros

¿QUÉ TIENE EL PUERTO DE LA CRUZ QUE EMBRIAGA?

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No mezclemos la política en este amistoso debate, seamos sensatos con nosotros mismos, no nos engañemos practicando la incomprensión, los banales rencores...

¿Cómo quieren ver al Puerto de la Cruz, vestido de gala siempre, pulido y falsamente maquillado? El encanto de una ciudad que atrae poderosamente, es, a veces, el desorden de sus elementos: una calle medio rota; casas deterioradas por la erosión del tiempo; un bohemio hablando con las estrellas; un perro haciendo sus necesidades fisiológicas donde le cuadró; bulla que sale de un bar - restaurante, donde sus clientes cantan alegremente baladas románticas de ayer. Algún mendigo pidiendo para comer lo que le sobra a tantos glotones; un anciano subiéndose la cremallera de la bragueta; niños jugando y corriendo en todas las direcciones, gastando energías... Dos individuos discutiendo en cualquiera esquina; una pareja de jóvenes besándose mimosamente. Etc., etc. Vida, movimiento, ilusión, penas y alegrías, locos sueltos... Que nuestro Puerto de la Cruz, no es una ciudad "dormitorio". Es todo lo contrario, aquí se viene a pasarlo bien, (a costa del sufridor) a gozar veladas alegres, a compartir con la juventud esa alegría que contagia y nó a ponerles faltas y cortapisas, ni hacer estúpidas especulaciones comparativas. Quienes hayan viajado y visto mundo, lo saben mejor que nadie. Pocas ciudades hay, que se preocupen por mantenerla limpia, como lo hacemos nosotros; lo triste es que cuidamos lo nuestro y luego vienen algunos "desaprensivos" de otros lugares, a ensuciarla; y todavía tienen el cinismo de quejarse por cualquier simpleza. Sinceramente, quienes hayan viajado, repito, habrán visto estampas más lamentables de las que pudieran aparecer aquí. (¿?)

Da gusto, cuando nos tropezamos con personas foráneas, y nos confiesan la satisfacción que sienten, al haber acertado eligiendo como destino turístico este "hermoso" lugar, nuestra envidiable isla de Tenerife. Nos llena de orgullo -un orgullo sano- oírles decir, que en realidad somos afortunados con tener lo que tenemos, que podemos presumir de ser privilegiados. Como en todas las grandes ciudades turísticas, hay cosas bellas, no por ser modernas, que también son bellos los rasgos que asoman en las zonas antiguas de las mismas, que hablan de su historia, nostálgicos resquicios que invitan a la contemplación y a la misma evocación... Por suerte, en Puerto de la Cruz, aún hay lugares de esos, que embriagan por sus bellezas y el sentido histórico de las mismas. Atributos heredados y no importados, que, a los que amamos lo nuestro nos gusta y es bueno que sea así. Historicamente, pésele a quién le pese, nuestra ciudad, es el lugar preferido de muchos...

Algo debe tener este lugar, que despierta tanta ilusión en aquellos que nos visitan; y dicen, no comprender la habitual indiferencia de tantos portuenses que niegan, sistemáticamente, nuestros valores naturales. Debe ser cosas de la política usurera.


PUERTO DE LA CRUZ LO TIENE TODO

Acabaron con los gallos domésticos, porque molestaba que cantaran cada madrugada e hiriesen los sentidos a los trasnochados turistas, víctimas de sus resacas etílicas. Acabaron con las parrandas callejeras, las célebres serenatas... Etc., etc. ¿Qué más quieren? A los portuenses nos gusta la fiesta, somos positivos. ¡Eso es salud! Lo contrario es lamentable. Mas, para complacer a las personas que buscan la absoluta tranquilidad, existen pueblos cercanos y ciudades tranquilas, donde puedan disfrutar de un placentero descanso y el sueño profundo deseado. Aquí, lo que hay que hacer, es, presentar cara acorde a las circunstancias, que los malhumorados sólo crean problemas, máxime si son los clásicos inadaptados, que, por más que reciban bienestar, nunca están a gusto, ni con ellos mismos.

Puerto de la Cruz es una ciudad limpia y así la queremos los portuenses y el mayor porcentaje de aquellos que nos visitan. Es una ciudad de ocio y de recreo, donde las horas transcurren felices, donde viene la gente a divertirse, a olvidar... No es un "sanatorio", aquí se viene a gozar y a pasarlo bien. Sin embargo, también es remanso de paz, alternativamente. Las gentes vienen ilusionadas y a llevarse buenos recuerdos y repetir la próxima vez... No sorprende ver a personas mayores disfrutando, en las plazas públicas, por las calles, tiendas y bares, en las salas de fiesta y hasta bien entrada la noche. Para la vida que quieren hacer, los que aspiran animarse, no hay tantos problemas de orden público, ni las calles amanecen tan sucias. Viajen a otros lugares para que se asusten y no hablen tanta paja de nuestra privilegiada isla de Tenerife.

Puerto de la Cruz lo tiene todo, si se le observa con buenos ojos. ¿A que sí? En todas las épocas hubo problemas, no más hoy que ayer, o viceversa. Analizando la situación actual de nuestra ciudad, insisto, hay un desdoblamiento sociológico injustificable, pero cierto. Nunca caótico. La ciudad ha crecido "exageradamente". Analicemos: En una misma calle de corta longitud, hay muchos comercios iguales, del mismo ramo. Todos no pueden prosperar a la vez, unos salen adelante y algunos arrojan la toalla, porque no hay tantos clientes y es más la oferta que la demanda. Luego, pues, es comprensible el enfado, pero no justificado. Imaginémonos que aquí inaguren tres explotaciones iguales al Loro Parque, es obvio que las ganancias del primero mermarían, pero al final se iban a pique los que menos capital tengan. Y así muchos ejemplos. Y, siempre no va a ser culpa del Equipo que esté gobernando, el que las cosas no marchen a gusto de todos. ¿Qué ha habido muchos impuestos?, ya se arreglará eso... Fueron necesarios para atender los gastos de infraestructuras, etc.

Puerto de la Cruz, necesita más comprensión y sobre todo solidaridad por parte de sus moradores, tanto portuenses como extranjeros que viven y trabajan aquí. Muchos de los cuales, no saben hacer otra cosa que protestar por "sistema" tanto política como socialmente. Siempre ha sido así. No se fijan en las cosas buenas que se han hecho, sólo en los desperfectos provocados intencionalmente por algunos desaprensivos… Y por que no ha habido dinero ni tiempo para enmendarlos. Cada uno de esos inadaptados, socialmente, listillos iluminados, arreglarían el mundo, no sólo al Puerto de la Cruz, en menos que canta un gallo; y sin gastar un solo euro.

Publicado en el Periódico EL DIA: 16.08.02

NO ES SÓLO LO QUE PARECE, ES LO QUE ES

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Con su pasito apurado le vi perderse entre las sombras de la noche; y me quedé pensando en las prisas que llevaba. Dicen las gentes habladoras, que va puntual siempre a enamorar con su elegida, linda trigueña de mirada penetrante y labios frescos que desvelaban todos sus exuberantes encantos. Dicen, que llega puntual a la cita, devorado por sus ansias irrefrenables. Mas, me quedé pensando, cuando yo era joven. De algo me acuerdo, aún. Hay cosas y vivencias que nunca se olvidan, están latentes en el alma, forman parte de nuestra vida. Cuando uno se hace mayor echa de menos la juventud pasada. Es un constante recuerdo de momentos irrepetibles, pero que alimentan al espíritu en la nostalgia y también, suele transmitirnos la sensación de poder abrazarla con el pensamiento, hasta ver traslucir de ella, la imagen que guardamos adentro como un santuario venerado que encerrara aquellos mágicos sueños e ilusiones... También los desamores sufridos y cuantos avatares nos deparó el destino.

Me quedé pensando en las prisas que siempre le llevan a sus brazos, cada noche, al verle cruzar la línea imaginaria que les separa, hasta verle perderse entre las sombras de la noche.

Y siempre me ocurre igual, me quedo en silencio, pensando largo rato, inmóvil ante la evidencia, ya casi sin fuerzas ni ilusiones que me animen. Meditando y al borde del espinoso camino, alelado y absortos mis pensamientos…

Es imposible olvidar la lozanía de aquellos años y las fuerzas sensacionales que transmitía aquel entusiasmo delirante que nos arropaba, como si nadie pudiera nunca torcer nuestros caminos y nos considerásemos invencibles. Hasta que fuimos cayendo en la cuenta, de que la vida es como un sueño... y la realidad es otra cosa bien distinta. Que el tiempo no se detiene y los golpes duelen. Que las heridas sangran, a veces, indefinidamente. Que no todo es dulzura. Que la hiel es amarga y que el corazón también llora.

Celestino González Herreros

9/12/09

VIEJOS RETALES PORTUENSES Y LA REALIDAD ACTUAL

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(I)

En el mes de noviembre se van acumulando los grises nubarrones, desde el ancho mar hasta la cumbre, para estacionarse sobre la parte alta del Valle; pasando primero por toda la ladera desde Punta de Teno, cubriendo la cordillera norte hasta ocultar por completo al Lance de Icod El Alto, del Municipio de Los Realejos, y vertiginosamente hacia arriba hasta el Teide, visto desde el Puerto de la Cruz, que no llega a ensombrecerse y permanece su cielo limpio mirando al mar casi todo el año bañado del sol radiante que alegra indescriptiblemente su cálida orografía. Se mantiene con modernas instalaciones hoteleras y asentamiento recreativos y de ocio, tan necesarios para complacer y armonizar la demanda turística a la cual se debe y que acoge cada año senturias de miles de forasteros que vienen amparados de nuestras excelencias urbanísticas. Curioso, antes se ganaba más dinero, comparativamente, y los visitantes se iban contentísimos, e incluso volvían. Hubo menos lujo y mejor atención al cliente... Recordemos, simplemente, los Bares y Restaurantes, siempre estaban llenos, la gente manejaba dinero porque lo ganaban bien, los trabajadores se hicieron sus casas, los negocios eran rentables, los Bancos prestaban dinero a intereses bajos. El sector de la construcción se movía ilusionado. Las tiendas de comestibles y de tejidos, lencería, peleterías, todo el mundo trabajaba. Los taxistas eran felices, no me digan que no, ni me vengan con el cuento de que la ambición mató a la Vaca de Oro, ella acabó de muerte natural y otros factores que no podemos obviar y que fueron imperativos ajenos a nuestros deseos y escasas posibilidades económicas. Pero, que habrá vacas gordas, no lo duden, hoy se perfilan nuevos horizontes y alentadores aires... No hay mal que dure cien años… esta “natural” crisis pasará como antes superamos otras tantas crisis. Aún no se le han tensado suficientemente las cuerdas de la Banca para que de una vez revienten y renazca la confianza en el sector empresarial sin necesidad de ayuda de nadie. Confianza es lo que falta para que genere la inversión privada y hasta pública y el motor de nuestra economía arranque. Pero aún hay que apretar algunas tuercas más. Mientras esperamos pacientemente, no bajemos la guardia, cuidemos lo poco que nos queda y no olvidemos que la impertinente crisis es mundial sólo que todos no saben luchar igual para poder contener sus nefastos efectos.

El Puerto de la Cruz, aunque siga siendo el lugar por excelencia y "puerto seguro" de la avalancha turística internacional existente, tiene otra importancia añadida. Es un lugar entrañable y acogedor, con tipísmo y solera y una condición social poco común. Pero, sólo eso no le basta al turismo, que con cuatro perras en los bolsillos, quieren conquistar el Paraíso; sin que jamás se les haya negado nada, y a ese precio, ¿que más podemos darles nosotros?, sin embargo dejamos abiertas nuestras puertas...

El Puerto de la Cruz de los años de la fama como Meca Internacional del Turismo, que por suerte, aún hoy sigue siendo apetecible por sus variados encantos era como un sueño... Hoy, sólo recordándole podemos recrearnos en él, con sus casitas terreras próximas al mar unas, las otras dispersas por los campos formando núcleos de familias de agricultores y ganaderos, o asalariados que fueron constituyendo los barrios. Aún quedan algunos vestigios de aquellos primeros años de laborioso empuje de esa época. Las casas enjalbegadas de blanco y las que no tenían azoteas lucían los rojos tejados, que hacía resaltar el verde de las ventanas a las que se les adjuntaban los pequeño y disimulados postigos abiertos hacia arriba y afuera, las puertas de doble hoja y ventana adosada. Los geranios crecían como por encantamiento por doquiera, los sembraban en macetas, en los muros o simplemente en cacharros de latón que luego colgaban en los lugares idóneos para alegrar el entorno con sus expresivos colores que comunicaban alegría y personalizaban las viejas costumbres. ¡Y cómo olían entonces los geranios aquellos! Luego las calles, todas ellas empedradas con piedras de nuestras canteras de la zona sur contorneadas con estilo y maestría, guarnecidas por los altos adoquines que bordeaban las aceras peatonales.

De la unión entre piedra y piedra nacía la pequeña hierba que en su conjunto y en los días invernales daban ese toque primitivo de las cosas viejas que agradan por su simplicidad, algunas, otras por su espontanea presencia y abandono, como un signo natural propio del lugar... Los rebaños de cabras bajando por los callejones, igualmente empedrados, sirviéndose de la hierba más crecida y dejando atrás, como los burros y las bestias, los inevitables excrementos que perfumaban junto al olor del orín la corriente suave del aire que cruzara el transitado camino.

Y aquellos carros de tracción humana, algunos, otros arrastrados por el animal, el medio de transporte más usual, tanto para el reparto de la leche, el pan, la leña, el carbón, mercancías, como los productos del campo. También para la recogida de los desechos, basuras, etc. Entonces era normales esos usos y costumbres y daban tal encanto al ambiente que al evocar hoy esas circunstancias valoradas como únicos recursos para la supervivencia nuestra, yo le doy un valor extraordinario, aparte del sentimental ante nuestro alejamiento en el tiempo.

(II)

Cuando hablamos de un pueblo marinero, debemos siempre tener en cuenta esa peculiar circunstancia que no puede ser omitida, por que al final se delata... es esencia particular que emana de un sentimiento íntimo y racional, y por supuesto, que estamos obligados a respetar. Por su historia, ese tiempo que pasó y representa para sus protagonistas algo tan sagrado, como el más exigente culto, por que forma parte de una época memorable para ellos, por que en esas páginas están impresos muchos sacrificios, muchas lágrimas y sinsabores... El hombre de la mar, ¡Por Dios! pienso, debe ser intocable, en el sentido de su descrédito, y sí, por el contrario aceptados con sus defectos, con sus escasos niveles culturales (eso era antes) con sus escasas capacidades intelectuales, y premiarles por su valentía, que es suficiente como para recordarles con especial ternura. Que nadie difame, ni haga reprobaciones cretinas de los hombres de la mar. Y en el caso de mi pueblo, de mi respetable Ranilla, mucho menos, por que peca de grosero y sucio y no debe tener buenos sentimientos para con los demás... ¡Cuánto menos, si es un hijo del Puerto de la Cruz!

Volvamos pues, a dónde nos quedamos en el anterior episodio.

¿Y quién no recuerda a los vendedores del Periódico, gritando la última noticia por las calles a la salida de los primeros ejemplares, que llegaban aquí dos o tres horas más tarde, por las distancias, desde los talleres de impresión?

Falta el canto del gallo en las apacibles madrugadas. Qué grato oírles desde la cama, el eco se repetía y se perdía en la lejanía. Aquí ya no hay gallos (de pico corvo y cresta, se entiende) molestaban al turismo y alguien dio la orden de acabar con ellos, como con los cochinos de rabo corto, otros en cambio fueron disculpados... Y también prohibieron aquellas extasiadas parrandas bajo la luz de la luna, al pie del balcón o la pequeña ventana, dedicada a la muchacha amada... Su música llegaba como una suave caricia hasta la almohada, como no queriendo turbar el sueño y sí, despertar un sentimiento tan profundo como los deseos del galante trovador. A veces, hasta en pleno mes de septiembre "llovía" algún cubo de agua, pero sólo saber que lo habían logrado admitía con placer la refrescante mojada, súbita e inoportuna. A la misma hora comenzaban a oírse el ruido de las escobas de hojas de palmera de los barrenderos de entonces, que junto al sonido agudo, impertinente y monótono del grillo macho, que con sus inquietas alas, duras y cortas producen ese molesto y típico canto que quita el sueño, trastocando como una queja melancólica el silencio de la noche. Cuando el pueblo amanecía estaba tan limpio de basuras que se podía uno sentar en el borde de las aceras sin ensuciarse el pantalón. Han visto como están las aceras hoy día y el pavimento de las plazas públicas, de los odiosos chicles, ello da verdadera pena, y eso no ocurre solamente en Canarias y nos vino de afuera...

Había menos porquería que hoy, o tal vez más espacios abiertos, donde a falta de urinarios públicos y propagandísticas papeleras, la gente a la salida del cine o de los bailes se cuidaban de hacer sus necesidades fisiológicas donde no fuera luego a pasar alguien. Hoy nos orinan hasta en las ruedas de los coches aparcados, y no hay quién los pille...

Y el señor cura era respetado, como los señores carteros, barberos, maestros de escuela, boticarios, etc., todos. Por que antes había "urbanidad". ¡Eso hoy no se conoce! -Y perdonen que emplee palabras raras al expresarme así: “Urbanidad”.

¡Qué diferencia, respetables lectores, es que asombra el cambio!
Volviendo a nuestro pasado, acerquémonos a él, a través del tiempo, a las costas marinas, desde las playas El Ancón, siguiendo luego por la de Martín Alonso (Los Patos), a continuación la de El Bollullo, la de Martiánez, San Telmo, El Penitente, El Muelle Pesquero del Puerto de la Cruz, los bajíos del Peñón, Punta Brava, Los Roques, El Socorro, San Juan de la Rambla, San Marcos y Los Roques de Garachico, etc. El olor de las algas llegaba hasta los pueblos colindantes. No había mayor ilusión que bajar a la playa, la prole completa, con sus casetas de campaña improvisadas con sábanas de dormir y unas cañas... ¡También han sido prohibidas! Y aquellas excursiones a los montes de Las Mercedes y La Esperanza, o a las mismas Cañadas del Teide, a las que íbamos con toda la familia, primero en camiones acondicionados a tal fin, a pasar un día de recreo, tanto viejos, jóvenes, como niños. Llevando la comida hecha y los garrafones de vino y todas esas cosas nuestras indispensables para sentirnos a gusto. No podían faltar las guitarras y los timples, el sombrero de paja ni el paquetito de la baraja para el envite, la mala y la perica, partidos animados con sendos vasos de buen vino. Esos usos y costumbres, también han sido prohibidos. Yo no recuerdo que hubiera incendios en nuestros montes, la pinocha se recogía para su uso, también doméstico, camas para los animales, elaboración del estiércol y otros usos, Pero lo más importante es que no había gente capaz de provocar intencionalmente, algún incendio. Había mucha y buena conciencia a pesar de las diferencias políticas y de clases...

Al cabo del tiempo uno se va sintiendo nostálgico, yo no sé si a todos les pasará igual. Así como recordamos, con tristeza que no ocultamos, de nuestra niñez, cosas ya perdidas en el largo caminos, vivencias de un ayer lejano que dejaron una huella imborrable en nuestra conciencia; también nos vienen, con el mismo sentimiento del recuerdo, todo lo que hicimos ayer, lo bueno y lo malo, por que es así de cierto, y nos sentimos acompañados en los momentos de soledad, como el niño aquél con su primer juguete o el joven que sueña poder llegar a viejo. La vida nos condiciona, a veces duramente para que podamos aceptarla como es, con sus perspectivas halagüeñas y esas otras consecuencias indeseables que nos vienen, avatares infructuosos, desmedidos y crueles, que decimos han sido sin razón alguna, pero que nadie nos oye... Aceptar todo lo que nos viene parece que fuera nuestro destino. Y así, frente a este panorama irreversible sólo nos resta la prudencia, esperar... Y entre tanto, nosotros los que antes hemos vivimos otras situaciones humanas y de diferente reciprocidad social, tenemos un gran consuelo que nadie nos lo puede quitar: los recuerdos.
Si, hoy todo es diferente, más abundancia, lo que genera más complicaciones. El hombre es más egoísta y tiene más de donde echar mano, más oportunidades para robar, engañar al incauto y adulterar la verdad. Hoy la vida más parece un interminable carnaval, aquellos que no llevan caretas puestas la llevan en el corazón. El honor y la vergüenza casi se han perdido. Los pobres cada día que pasa son más pobres. Los Bancos son más usureros cada vez y la vida más difícil vivirla. Con un panorama así, hay que ser muy optimista y fuerte para salir adelante. Sin embargo, aconsejo no tirar la toalla, esto tiene que cambiar para bien. Unamos esfuerzos y seamos un poco más austeros y racionemos un poco el gasto. Nos hemos acostumbrado a vivir como ricos y gastamos más que ellos.


Celestino González Herreros
http://www.celestinogh.blogspot.com