16/2/13




Poeta del mar, Rafael Alberti Merillo, de la Generación del 27, además destacado pintor desde muy temprana edad. Abandona el Bachillerato para dedicarse a la pintura, por cuya razón se traslada desde Cádiz a Madrid, concretamente desde el Puerto de Santa María, que influye poderosamente en él en su Obra. En el año 1922 realiza una brillante exposición en el Ateneo. Por motivos de salud se ve obligado a trasladarse a las sierras de Guadarrama y Rute, donde comienza a escribir sus primeras poesías recogidas bajo el sugerente título de Marinero en tierra con lo que obtiene el Premio Nacional de Literatura (1.924 – 1.925) otorgado por un jurado que integraban Antonio Machado, Menéndez Pidal y Gabriel Miró. A estas Obras siguieron: La amante y El Alba de Alhelí; y otras muchas más.


                                                    RETORNO AL LUGAR AMADO

En una barca de nácar partiste
surcando la mar rumbo ignorado
dejando atrás el entorno amado,
la bahía desolada y triste.

Fueron las estrechas callejuelas
de tu Cádiz testigos de amor,
fuente de inspiración y candor
entre ¡oles!, bailes y castañuelas.

Y sin saber a dónde te fuiste
con la confusión de tu exilio,
rompiéndose el hermoso idilio
del lugar que tanto amor le diste.

“Que siguieron tu callada ruta
muchas melancólicas gaviotas”
cantan desde entonces viejos poetas
 “y la mar al verlas pasar, disfruta”.

Ellas también te vieron llorar
recordando a tu tierra amada
que la imaginabas... asomada,
sobre las olas, como queriendo volar.

Que en la lejanía la veías
como si fuera en un bello sueño
y el sueño se te hacía pequeño,
triste... y que la abrazabas sentías.

Rafael Alberti, bate universal,
pintor y poeta en tierra y en la mar,
hombre de bien, nadie te va a olvidar.
Serás siempre lo que al mar es la sal.

Lo que es el día viendo amanecer,
después de una noche tenebrosa;
eres como la luz generosa,
como el calor poético del placer.

Aún notando tu triste ausencia
viendo los caminos yermos llorar,
aún faltando tu voz al no hablar,
sentiremos tu grata presencia.

Por el camino abierto llegaste
inundando de luz sus márgenes,
despertando viejas imágenes
que ayer sin querer abandonaste.

vi. en ti los mágicos destellos
que deslumbraron el largo paseo;
supe al fin cumplido tu deseo
de poder mirarte en sus ojos bellos.

Un poeta universal, como lo fuera Rafael,
seguirá en solitario cruzando mares,
adentrándose por los mágicos lugares
de su inspiración, cual ávido timonel...

Alberti fue señero bate iluminado
con verso marinero y voz angelical,
 como el agua de un divino manantial
y barco en la playa solitaria varado.

En mares encrespadas, su lírica prosa
templó la furia incontenible del vendaval
con  sus versos su inmenso caudal,
ahuyentándole lejos cual pesada loza...

Al llegar de nuevo a su patria amada
y ver el cielo azul, sus claros y oscuros...
fue como dejar atrás los tristes muros
que le vieron llorar su juventud añorada.

*****

Celestino González Herreros
http://www.celestinogh.blogspot.com
celestinogh@teleline.es

15/2/13


LA ANTIGUA CASA DE LA REAL ADUANA
(Puerto de la Cruz)

¿Cómo se puede expresar con pocas palabras, lo que se siente en momentos como los que, a veces vivimos, y cómo ocultar nuestra contrariedad y el desencanto que sufrimos, cuando la causa es sentimental?



Fui a ver la "vieja" casa de la Real Aduana, en el Puerto de la Cruz, recientemente restaurada, por eso de ir algún sitio determinado. La que fuera, para mí, morada familiar, lugar que visitaba cuando me reunía con mis tíos, primas y primo, después que la habitaran mis abuelos maternos; y donde, mi madre, desde el balcón dispuesto hacia la calle La Lonja, sobre la entrada principal, enamoraba con mi padre. Él en la calle y ella asomada arriba. Inmueble donde mi tío Luis Herreros Peña, tenía instalada su propia Imprenta. Recuerdo ver trabajar en ella, a Nilo y el hermano Raquel Palenzuela, hasta que emigraron a Venezuela. También a Gilberto Acosta, que luego emigró a Cuba. Donde la sonrisa de tía Juana dulcificaba el ambiente y transmitía tanta ternura, que desbordaba en sus gestos, haciéndola grata conversadora y amable contertulia. Ella despertó en mí, la idea de viajar, aún siendo un muchacho. Estuvo con su familia, en Cuba, Argentina y en Venezuela, donde murieron, los tíos, dos yerno y mi primo Luis.


Al trasponer el amplio portón de la histórica mansión, me sorprendieron los cambios hechos. Jamás será como antes, el cambio es asombroso, para aquellos que la vivimos tan intensamente. Como si hubiera transcurrido más tiempo y no fuera ayer. Dentro de dicho inmueble me sentí incómodo, desconsolado por lo que representó para mí, pese a la belleza de sus dependencias, exposiciones sacras, comerciales y lúdicas. Sentía el hielo irresistible de un espacio ficticio, donde habían sido sepultados tantas vivencias y recuerdos imperecederos. Los distintos departamentos o habitaciones, adolecían del calor humano que estabamos acostumbrados  dar sin usura. Caras serias con perfiles maquillados transmitiendo autoridad, fue lo que hallé a primera vista. Un frío extraño corrió por mi cuerpo; y me dije: ¿Qué hago yo aquí en estos momentos? No sé si volveré...

 Una vez en la calle, traté de sobreponerme, miré a mí alrededor buscando con quien hablar, me sentía mal; y hallé, sólo un amigo, con quien pude desahogar parte importante de mi desazón. ¡Cómo va cambiando todo tan aprisa, y cómo, cada vez, nos sentimos más impotentes, sin fuerzas ni ayuda, extraños en nuestro suelo y sorprendidos por las múltiples transformaciones sufridas... Miré hacia atrás para ver nuevamente la antigua "Casa de la Real Aduana"... y me percaté, que, en realidad estaba allí, desafiadora, siempre mirando al mar... dándole a su entorno marinero un aire indiscutible de señorío y grandeza, aunque la transformen en su interior. Recuerdo, desde la ventana mayor que mira al mar, pasar largo tiempo viendo salir y entrar cantidad de pequeñas y medianas embarcaciones, de ida y vuelta de la difícil tarea de la faena diaria buscando, los marinos, el sustento de sus familias en las turbulentas aguas mar adentro, la aventura por tantos desconocida, desafiando cuantos imprevistos pudieran sorprenderles. Desde ese lugar me extasiaba viendo el horizonte de mis sueños, allá donde parece que se juntaran el mar y el cielo, a veces más claro o más turbio, según las condiciones atmosféricas del momento y la estación del año en que viviéramos. Cuando la mar estaba en calma, hubo momentos que al cerrar los ojos intuían que detrás del horizonte otros mundos me esperaban y en segundos soñaba la callada ruta de tantos navegantes que en aquella época partían al nuevo mundo en busca de nuevas perspectivas y otras rutas… Desde muy joven esa fue mi constante ilusión, sentía como voces extrañas que me llamaban insistentemente, hasta que al fin crucé el enorme charco del océano de mis sueños. Desde allí fueron muchas las charlas con mi familia, elevada el ancla de mis rodeos hasta llegar a Venezuela y soltarla para anclar todo el peso de mi existencia viajera en esa solidaria tierra, donde viven, luchan y hasta mueren tantos compatriotas nuestros. Allá buscamos la amplitud de libertad y en sus cálidas sombras el progreso ambicionado y tantos anhelos a lo largo de nuestra historia. Unos lo consiguieron, otros no tuvieron la misma suerte, seon en mitad del camino, pero al menos lo intentaron, aunque a costa de los mayores sacrificios.

Siempre que transito mi muelle pesquero, involuntariamente, se me va la mirada con insistencia hacia la vieja casona de la Real Aduana y me produce una sensación muy extraña fijar la mirada en ella. En cada lugar exterior de la misma veo asomados los recuerdos más profundos y sentimentales, veo rostros conocidos y oigo  el tenue eco de aquellas voces familiares que me llaman, Como una estampida de duendes nostálgicos me llamen, acuden a mi mente, poblándola de gratas evocaciones de mi infancia y corta juventud. Hoy, cuando ya peino canas, valoro más que nunca aquel ambiente familiar y de su entorno, las múltiples de escenas que diariamente protagonizaban aquellos hombres y mujeres de la mar, cuyo inconfundible léxico al conversar le imprimían al ambiente marinero un algo grado de personalidad ya casi desaparecido por el llamado progreso… ¡Tiempos aquellos que, lamentablemente, no volverán!




Celestino González Herreros
       celestinogh@teleline.es








13/2/13



PUERTO DE  MAR Y DE ILUSIONES DONDE LOS SUEÑOS ARRIBARON

Aún conservo en mi memoria aquellos lejanos días, viviendo las Fiestas de julio... Entonces lo veía todo distinto, e indudablemente, cautivado por las influencias habituales de la juventud. Todo eran sorpresas, emociones imposibles de contener y nada fáciles de olvidar, siempre sensaciones nuevas; y era allí, donde íbamos tan ilusionados a dar vueltas, en la Plaza del Charco, donde esperándonos estaban los amigos y las amigas... Entre todas ellas siempre hubo una que sobresalía, que no se apartaba ni un instante de la mente. ¡La de los sueños!


 Y en las noches de rondas por las calles empedradas del viejo y atractivo Puerto de la Cruz, recordemos… Aquellas románticas serenatas al pie de la ventana de la muchacha amada y por las tardes, los largos paseos por la costa... También recuerdo ir buscando, a ultranza, las viejas tascas de la calle Mequinéz y sus aledaños, así como las de la calle La Lonja, El Presidio en  Santo Domingo, el merendero típico y alegre de Felipe, en la playa de Martiánez, Mario en San Telmo, los aperitivos soberbios en casa de Don Casiano Verano y tantos otros. Hoy, a mi mente acuden esos  recuerdos con el natural desconsuelo que, hasta llegan a entristecerme; por todos los cuales, al evocarlos, siento la sensación de un vacío tremendo, como si al retroceder a esa época tan ausente, se me fuera, deliberadamente, el alma en busca de esas vivencias y quisiera recobrar aquellas ilusiones perdidas para sentirme tan feliz como lo fuera entonces, 


cuando creía alcanzarlo todo... Tradicionalmente, y por estas mismas fechas, el espíritu de mi pueblo parece que fuera creciendo y se estimulara su idiosincrasia e imagen, como si se fueran animando con todos los deliciosos encantos de sus abundantes bellezas.  El Puerto de la Cruz se desvela en su espléndida condición social, cual si amaneciera deslumbrante de un fantástico sueño y se le viera risueño, brindándonos realidades multicolores en sus calles y plazas, entonces abanderadas e iluminadas. Igual que en sus noches sensuales y bullangueras, amenizadas con los ritmos más exóticos de nuestras espléndidas orquestas con aires musicales bailables de diversos ritmos y las de los otros queridos pueblos del Centro y Sur de América, sones caribeños que tan gratamente nos contagian sus alegres cadencias tropicales. La sensibilidad de nuestras gentes se mezcla con la alegría del visitante que sabe poner la nota más expresiva en el acontecer de estos días con su  presencia y participación en los variados eventos religiosos y socio cultural a celebrarse. Es interesante ver sus vías públicas transitadas masivamente, y observar en los rostros de las personas asistentes esa disposición alegre y desenfrenada de plena participación fiestera. En esas fechas, cada año, el programa a desarrollar se amplía con el empeño de que todos sus actos religiosos y populares satisfagan lo más ampliamente posible y con ello transmitir también la condición comunicativa de los portuenses al recibir con gracejo la fascinante contribución  foránea.



Innegablemente, siempre estamos de fiestas o por lo menos dispuestos a celebrarlas. El medio es propicio, aunque las actuales circunstancias sean otras, entre otros motivos, porque la Ciudad aún conserva muchos de los antiguos rincones que nos recuerdan su identidad social primitiva; perdura, pues, su tipismo y folklórico acento, que es su sentimiento popular y, obviamente, le pone de manifiesto; y, es por eso, que siempre está alegre y abierto a todas las corrientes sociales y culturales. Más, por tantas razones, hoy es la meta más acreditada del turismo universal, lo que viene a corroborar cuanto he dicho a grosso modo. Pero, en cualquier época, más  en Julio, el Puerto de la Cruz se crece en todos los aspectos. La primavera ha dejado aún lozanas sus lindas flores en honor a las fechas tradicionales señaladas, y en sus perfumes, el embeleso poético de una ofrenda sentimental al Gran Poder de Dios, nuestra madre, la Virgen de El Carmen y el inseparable San Telmo. Aromas y fragancias que envuelven el aire que nos acaricia y respiramos... Las viejas casitas terreras que aún quedan algunas se vestían de blanco y destacaban sus rojos tejados que, anhelosos se proyectan hacia las alturas. ¡Volveremos a escuchar el tronar de las tracas y demás artificios pirotécnicos!     



Y la pequeña bahía romperá su monotonía, conservando sus atractivos, engalanando sus bellas embarcaciones, que siempre nos recordarán pretéritas procesiones marineras sobre el ancho mar...




Son sus calles cauce de un caudal desbordado de religiosidad y civismo que convoca a reflexionar detenidamente en lo humano y en los vínculos religiosos que nos unen. Todo ello, en su conjunto, refleja esa solidaridad que distingue a sus gentes cuando se encuentran en ese ambiente tan propio, como es el que nos brinda la gran Ciudad Turística y, eminentemente, marinera; puerto de mar y de ilusiones donde los sueños más hermosos arribaron siempre.

 El talante popular y alegre de sus natos moradores rompe a tiempo los esquemas negativos para imponer, en ese desafío, sus tradicionales sentimientos y para lucir su gracia universal en el ambiente cosmopolita que se vive, en el cual no se necesita agenda ni fortalezas, por que nada, decididamente nada, se les opone. Puerto de la Cruz es como una monumental roca basáltica de inmensas proporciones que rompe valientemente todas las adversidades que nos puedan llegar. Es el fortín de tantos sueños... Los años transcurridos han sido generosos con nosotros; hoy podemos rememorar aquellas andanzas, y evocarlas con ternura, soslayando lastimosamente todo lo que el progreso y el tiempo nos llevó. El que más o el que menos, sintió alguna vez, en ese marco dilecto, alguna ilusión... Quizás hoy lo recuerden algunos, los que nunca valoraron eso que se les fue de las manos y por lo que, en consecuencia, se lamentan tardíamente. Yo, en cambio, disfruto cuando llegan esas fechas, siento que me invaden los recuerdos de aquellas gentes, viéndoles ir en todos los sentidos celebrando el grato momento  que vivían en sus calles, las plazas, la iglesia de Nuestra Señora de la Peña de Francia, y la dulce mirada del Gran Poder de Dios en su silencio sobrecogedor. Su Altar, cual humilde y atrayente trono, fuente deificada de amor, humildad y paciencia. Y también, San Telmo. ¡Ay, cómo lo recuerdo todo, a pesar de los años! Mi infancia y mis amigos de entonces, aquella juventud.... Años de embelesos constantes hoy rescatados en mi mente para con ellos despertar otros que han sido sueños aletargados, pero igual de queridos,  arropados todos ellos, en un rincón del alma para que nunca mueran... He vuelto a soñar aquellos alejados momentos y he sentido la ilusión de entonces, caminando sobre los vetustos adoquines de mi pueblo marinero, saludando a tantas buenas personas que te inspiraban afecto y confianza, gentes sencillas y nobles, ausentes muchos de ellos y tan presentes en mis recuerdos. Pueblo por el que siento gran admiración, por saber conservar la gran ilusión de mantener la tradición cristiana y popular de las Fiestas de Julio desde tiempos inmemorables,  celebradas en honor al Gran Poder de Dios y su veneraba Virgen de El Carmen, de la forma acostumbrada y con el calor humano de siempre. Sea pues, esta inspiración espontánea y sincera mía, la razón más afectiva de una profunda y sentida plegaria de amor, rogando, un año más al Cielo, por el  destino de nuestro entrañable Ciudad y toda la Isla de Tenerife. ¡Una vez más en Julio!..Que llegue a cada rincón de sus hogares la dulce mirada de nuestra Carmela y el Gran Poder de Dios, que se posen cual divina bendición en el lecho de tantos enfermos... y les brinden su gracia divina y con ella recuperen las fuerzas perdidas... Y, a tantos compatriotas nuestros, que luchan en tierras lejanas en sus obligados exilios, que no muera nunca en ellos el recuerdo de esta tierra que nos vio nacer; para todos ellos también pido una sentida oración...
        
Así ama mi pueblo, aquel pueblito que fue creciendo hasta llegar a ser lo  grande que es hoy. De todas formas, yo me remito al pasado, a aquel hermoso enclave a la orilla del mar, bañado por sus olas con olor a algas y yodo, bajo este espléndido sol, con sus brisas cancioneras que nos brindaban esperanzas marineras que despertaban en nosotros el deseo de amar y luchar. El deseo de buscar de la vida todos sus encantos...
        
Siempre será así en Julio y habrá muchas  razones que nos pongan sentimentales. Más amorosamente, mitigaremos nuestros pesares acompañando los pasos serenos y lentos de nuestras Veneradas Imágenes en su recorrido acostumbrado... Con ese disfrute espiritual hallaremos el consuelo necesario y las fuerzas para sobrellevar, dignamente y con provecho, esta vida hasta un próximo encuentro. 





Celestino González Herreros
http://www.celestinogh.blogspot.com
           celestinogh@teleline.es
                                                                                  

12/2/13


CRUZ ROJA ESPAÑOLA DE PUERTO DE LA CRUZ
AAVV SAN FELIPE – EL TEJAR

Una Institución humanitaria como fuera hace algunos años, no muchos, aquella Asamblea de la Cruz Roja de Puerto de la Cruz y que los ciudadanos de esta conmospolita ciudad con nostalgia tanto echamos de menos, otra igual no habrá. Aquel disciplinado cuerpo humanitario con un espíritu de sacrificio encomiable ha añadido a nuestra historia local las más brillantes páginas para la posterioridad y nuestro orgullo portuense. Son muchos los nombres, tantos que no acabaría en tan buen tiempo de mencionarlos a todos, sólo recordemos con las estrecheces económicas que vivíamos y ellos sacrificaban a sus familias y cuantas obligaciones tuvieran, para ese tiempo dedicárselo al enfermo, al herido o accidentado. Siempre eran los primeros en llegar al lugar del suceso y en tanto llegaran  las autoridades médicas, civiles y judiciales, se desenvolvían diligentemente y en muchas ocasiones salvaron vidas o evitaron indeseables complicaciones, con sus medios más elementales.


En la mente de cada uno de nosotros rondan algunos perfiles de hombres y mujeres que merecen nuestra infinita consideración y respeto por su entrega humanitaria para con nuestros semejantes.


Aquello era un ejercito de voluntarios que crecía y más crecía; y disciplinado, a veces demasiado, pero es necesario para poder mantener el orden.







Dense cuenta que no nombro a ninguno para evitar herir susceptibilidades, pero téngase en cuenta que era una Institución muy seria y lo seguirá siendo, pese a la posible competencia desleal de las otras ambulancias que circulan en todo el archipiélago y que nada tienen que ver con la Cruz Roja Española. Y a colación de la competencia de Servicios, me han dicho, muy recientemente, sólo han pasado dos o tres días. Fueron requeridos con mucha urgencia pidiendo ayuda, al teléfono oficial de dichas ambulancias y mientras, el herido, visiblemente magullado por una caída sufrida esperaba tendido en la vía pública de poco tráfico rodado, esperaba que le socorrieran. Unos vecinos hicieron esa llamada telefónica y les contestaron que no había ambulancias disponibles porque todas estaban de servicio en el Carnaval. ¿Eso es justo, es posible?, pregunto. ¡Pues si! Imagínense lo incómodos que aquellos vecinos estarían con tal descarada respuesta. Pero más incómodo estuvo el accidentado, hasta que lo llevaron como pudieron en un coche particular, que sin dudarlo un momento se ofreció hacer el Servicio que antes fuera negado. ¿En qué país vivimos?

No es lo mismo un negocio lucrativo que una Institución humanitaria, como es nuestra Cruz Roja Española. También es cierto que, por la evolución de la vida y de los pueblos, está llamada a ampliar sus posibilidades, que no sea sólo, aparte de los Servicios que hagan en la calle, incentivaran a los componentes de la misma. En dicho acuartelamiento pierden mucho tiempo que podrían emplearlo en formación, cursos de capacitación, charlas y conferencias que les sean útiles al voluntariado con nuevos conocimientos y practicas adquiridas.

Tal vez no he sabido explicarme, pienso, en un ejército de voluntarios que sepan solventar difíciles situaciones, posibles catástrofes como se sabe ocurre constantemente en todo el mundo, terremotos, volcanes en erupción, vientos huracanados, derrumbes, etc. Aquellos que hoy pertenecen a la Cruz Roja, muy pocos, casi nadie, sabría organizarse u organizar salvamentos, socorrismo y evacuaciones… Es muy amplio el abanico de posibilidades y llegado el momento, ¿sabrían esos muchachos actuar con conocimientos previos? A eso me refiero, ganar ese precioso tiempo para formarse debidamente. Un ejercito cualificado en condiciones de responder ante cualquier imprevisto serio.







Celestino González Herreros
         celestinogh@teleline.es

11/2/13


Y LA PALABRA SE HIZO PLEGARIA

¿Cuál es el misterio que encierran las palabras que fluyen desde la mente, fuente mágica de inspiración y sentimiento? ¿Qué relación guardan, a veces, nuestro corazón con ellas? La voz del alma - diría el poeta- se hizo palabra y esa expresión, una plegaria que rompe el silencio  de la soledad.

Con estos pensamientos caminé  por el pueblo. Muy pocas cosas conocía ya de aquel bello lugar. Todo había cambiado desde entonces y llegué a sentirme como un extraño, allí, donde tantas huellas deben haber quedado de aquel pasado irrepetible. Tal vez hayan fenecido en el olvido, bajo el influjo del injusto abandono.

Comenzaba aburrirme yendo de acá para allá, sin hablar con nadie, cuando, me llamó la atención ver a un señor de edad avanzada, sentado en un vetusto banco en la plaza pública, acariciando a un perro que se le había acercado; y me fijé con interés en la conducta de ambos, por saber cuál de los dos reflejaba en su actitud, más placer, más gratitud... Ambos componían el cuadro de la confraternidad, compartían sus penas y necesidades. Buscaban "la voz amiga", esa comunicación tan necesaria, la caricia mutua. Aquella ilusión, ahora despierta, aunque se desvaneciera luego como un sueño roto que jamás fuera a recomponerse, denotaba las fuerzas del amor. Más tarde supe que el viejo había sido abandonado por los suyos y el perro había corrido la misma suerte. Ambos estaban solos en el mundo. Es, a veces, la incomprensión de una parte, de la sociedad, la ingratitud y deshumanización de la misma, lo que genera estas repugnantes situaciones. Eso ocurre con frecuencia en algunos pueblos y ciudades, con los viejos y con los animales, los dejan aparcados en cualquier lugar, como objetos inservibles, cuando ya poco pueden dar de sí.
 
De regreso, al pasar por la plaza, ya no estaba el viejo ni su amigo el perro, los dos habían desaparecido.

En casa, cuando me vi rodeado por mi familia, colmado de atenciones, la esposa, los hijos, los nietos y el perro, elevé la vista hacia el cielo y di gracias a Dios por todo cuanto poseía y por la paz de mi hogar. Supliqué: ¡Señor!, que no pasen hambre ni frió los viejos abandonados, bucales un lugar digno, o llevarlos contigo, para que nada les falte.

La voz del alma se hizo palabra, presiento. Nunca supe del destino de aquellos seres abandonados, de aquellos tristes mendigos que fueron abandonados sólo por ser viejos, decrépitos y desafortunados...
Rodeado de los míos, supe la valía de cada uno de ellos. Sentí la extraña sensación que llega a ahogarnos de emoción; y volví a pensar en qué solos deben sentirse los seres abandonados.



Celestino González Herreros
          celestinogh@teleline.es































9/2/13


LOS EXTRAÑOS IMPULSOS PSÍQUICOS EN LA SENDA VIRTUAL DE LA VIDA


Suceden  tantas cosas inesperadas en el presuroso transito de la vida, que ni imaginarlas, ni sospechar que pudiera sucedernos así, y si llegamos a viejos nos asombramos de que nos haya sucedido. Bueno o malo, pero pareciera que sucedió aquella vez… A veces viviendo algún momento determinado creemos que esa misma experiencia antes ya la hemos vivido, hasta el mismo escenario, las mismas voces y palabras, la misma sensación de impotencia, exactamente, sin dudar si es cierto o no esa duplicidad de hechos y circunstancias. Mas, mantenemos la creencia de que una vez ya vivimos esa extraña experiencia.





Un amigo me decía, un día cualquiera, que a su encantadora esposa ya la había tratado antes, e incluso cortejado cuando eran muchachos, que llegó a practicar juegos infantiles en ese lapso de tiempo, en otra época muy lejana. Dice que ella lo niega y él insiste, pero al parecer todo quedó en nada. Son felices, pero él sigue insistiendo: ¡La conocí antes! Ello no es que confirme la posibilidad de que todo resulte ser una utopía, una falsa intuición, un desliz de la mente más que de la conciencia. Yo también insisto de que hay circunstancias que se repiten en el devenir del tiempo,  que nunca dañan, sólo confunden. Sin embargo nunca ocurre eso en las personas de edades avanzadas, ocurre en aquella época de las románticas nostalgias, de las fantasías, la infancia y hasta en nuestra juventud.

Creemos haber alcanzado algo que apenas ni lo hemos tocado por su ligera y extrema difusión, e irrealizable. Y todo queda como en los sueños, bajo la segura lápida del tiempo, cuyo peso garantiza su estática inmovilidad. Todo queda ahí, sepultado en el destierro de lo irreal.


El amigo no quiere razonar, ni conmigo ni con sí mismo, cree que la conoció antes de declararle su gran amor. Y nunca debiera extrañarnos que nos ocurra ese fenómeno psicológico, posiblemente, que nos parezca que lo que estamos experimentando ya antes lo hemos vivido, sin que existan pruebas delatoras que lo ratifiquen, sólo los impulsos mentales que forman la maraña de esos acontecimientos repetitivos que creemos casi fielmente, lo que en esta ocasión ya hemos vivido.

Nuestro presente no está exento de esos desfases y con suerte no le damos la importancia que creyeran los duendes de nuestra imaginación. Son como nubes tan frágiles, como el mismo tiempo. Burbujas que en el aire se sostienen haladas por las suaves brisas del subconsciente.

Celestino González Herreros
         celestinogh@teleline.es

8/2/13


LOS INSTINTOS SON SEGÚN DE QUIENES SEAN

La pasividad en el hombre es mala consejera, anula los reflejos e inhibe el poder y sapiencia de los nobles pensamientos, hace estropicios en silencio; y como en las pesadillas oníricas hacen agónicos los confusos despertares.

La ociosidad es otra cosa, es inactividad lesiva, abandono de si mismo. Y la indiferencia es como una enfermedad transitoria –por suerte- pero despreciable al fin.


Según los ánimos de cada persona, cada cual responde a sus instintos de forma diferente. A modo de experimental consecuencia, siempre me ha gustado saber el por qué de las cosas, ¿por qué suceden? Si estás ocioso, aburrido o simplemente distraído, eres caldo de cultivo para generar en los demás, también, incomodidad. La vida es un breve tiempo que corre presuroso, no lo gastemos apáticamente, hagamos algo positivo que nos depare las satisfacciones necesarias para vivir más dignamente.

La agresividad también es causa lesiva que choca con la pasividad. El ser humano, de forma habitual suele confundir el estado anímico suyo y en las dudas nace copiosamente, en la calle, en cualquier lugar, modo y tiempo, a diario lo vemos, con gestos desencajados, mal humorados, despóticamente agreden al que encuentren en su camino. No es paranoia solamente, la falta de cultura y según el ambiente donde vivan se hace más hosca. En la calle se ve cada vez que ponemos los pies en ella. Sólo falta que no caigan a golpes sin razón alguna, como locos agresivos.

Comprendo, sin que esté justificándoles, la contrariedad que llevan consigo al no tener trabajo. Pero si son estudiantes pasa lo mismo y si tuvieran trabajo poco les iba a durar. ¿Tal vez la Televisión les tiene trastornados? Y señalo, no son solamente los jóvenes, también los adultos pecan del mismo mal.


La amabilidad, los buenos modales, el respeto y todas esas virtudes sorprenden cuando en alguien los descubrimos. Nada hay más placentero que, tropezar con personas bien educadas. Yo, al menos, quedo gratamente sorprendido. Son reflejos de un alma serena, tranquila. Y no olvidemos que la buena educación se mama…

Nuestra sociedad y este ambiente que nos está dado vivir y aguantar, en tanto esta crisis no la hayamos vencido, todo seguirá de mal en peor. Las gentes, en general, están desilusionadas, no le hallan incentivos a la vida, no ven horizontes alentadores –ni viejos, ni jóvenes- que cambien el panorama. Hasta que no nos organicemos mejor, trabajando en lo que hallemos y tratemos de superarnos, no daremos un paso adelante; y la crisis acabará con nosotros y los malos políticos que se larguen…



Celestino González Herreros
          celestinogh@teleline.es

7/2/13
















LENTO PERO TODO LLEGA A SU DEBIDO TIEMPO

Hablando con unos vecinos de la Urbanización El Durazno de Puerto de la Cruz, muestran cierto entusiasmo y satisfacción respecto a los cuidados que dedican nuestros representantes municipales en esa zona tanto tiempo desamparada, señalizando la vía pública para que el tráfico rodado se desenvuelva en optimas condiciones y garantizar la seguridad de los
peatones; y se les ve un marcado interés por adecentar parcelas y jardines y borrar en ellos la pésima imagen de abandono que presentan algunas calles.. Si no se va a trabajar en ellos debe ser obligado cercar o amurallar dichos solares para mantener estéticamente dichos espacios. Y, a propósito, se habrán dado cuenta, cuando llueve se llena el asfalto de las calle de socavones que en algunos puntos ni se puede rodar con el coche, se ve desperdigada la grava y gravilla dificultando considerablemente la circulación y frenados de los sufridos vehículos. Por otra parte es bueno, pues se evita un poco la velocidad que practica el tráfico rodado por esa zona superpoblada. El pro y el contra de siempre. También la reposición de las farolas o puntos de luz, subiendo desde Mercadona hasta la calle San José Prolongación, en línea recta, es muy necesario más alumbrado y algo de vigilancia municipal. Y sin que se me olvide, recuerdo que una vez supliqué a Titza que viera la posibilidad de poner una línea urbana de circunvalación en dicha urbanización para ayudar a tantas personas de todas las edades y sexo que viven allí. Piensen en los señores mayores que no tienen coche, o los estudiantes para bajar y subir a la ciudad de Puerto
de la Cruz, por ejemplo, haga frío o calor, viento, lluvia, hacerlo caminando bien a comprar o al médico y farmacia. Es cuestión de estudiar la situación, ante todo investigarlo por los señores responsables municipales del área   correspondiente. Aquello es, algunos sectores, como un gran solar abandonado donde van a pastar las cabras todos los días, dejando atrás los

excrementos y orina y algunas garrapatas para su siguiente reproducción e infecciones… Hay lugares apropiados y lejos de tantas viviendas, donde pueden alimentarse esos animalitos, que es el objetivo principal, la subsistencia de ellas. El cuadro es muy pintoresco, a mí no me disgusta, pero razones son razones… Aquí, en el norte hay lugares con abundante hierba, propios para el pastoreo. Más ahora que tenemos la agricultura y todo el campo tan abandonado por no querer trabajarlo.



Celestino González Herreros
         celestinogh@teleline.es

6/2/13



ECOS DE UN CANTO ANUNCIADO...


A veces repaso con inusitado empeño los recuerdos como una necesidad que debo atender, que obliga a extasiarnos en ellos, como si a un trozo de nuestra vida le viéramos flotar en  medio de un inmenso mar de confusiones y quisiéramos atraerlos, al pensar que nos pertenece y sin querer aceptar que ahora es pasado, Que son despojos de una realidad que va sufriendo una metamorfosis ineludible de tiempo y vida que se estaciona fragmentada en la fría oquedad del espacio pretérito que se nos va alejando... Sólo nos queda el consuelo de la evocación, ese recurso emotivo del deseo y la necesidad de hallar el calor de aquellos días que se nos fueron y en nuestra alma dejaron una marca para siempre y en la mente, donde han sido memorizados los gestos y las imágenes de todo aquello que no quiere morir.


Hoy siento, de los recuerdos, el placer que me deparan aquellas vivencias en la Villa de Los Realejos, cuando allí vivía y compartía mi actividad profesional en dicho Municipio; hallo en ellas una mezcla de satisfacciones que me devuelven, cuando el tiempo ya ha pasado, de la vida la alegría de haberlas vivido. En mi mente aparecen las caras con sus gestos dulces y diáfanos de tanta gente conocida y no me libran de ese sentimiento el tiempo que también ha pasado y ha cambiado tantas cosas... Me entristece, eso sí, el fatídico destino de muchas gentes conocidas de esos pueblos, que, también van yéndose; se nos han ido y sólo conservamos de ellos, el calor del afecto que nos dieron y la evocación de los inolvidables momentos con todos ellos compartidos.


Aún así, a veces parece que no hayan pasado dichos ciclos, ese precipitado devenir cual si fueran soplos del vendaval de la vida, aún llenos de ilusiones, de esperanzas y tristes contradicciones que no se dejan influir y lo arrastra todo a su paso, lo que, obviamente le pertenece, a medida que va pasando, y nos deja aquí indefensos, a merced del implacable sino… 

El municipio de los Realejos, bien merece todos los elogios que han de ser inaplazables en el tiempo, el pasado y en el que vivimos, teniendo en cuenta su capacidad de desarrollo urbanístico y social, la expansión en su territorio, del espacio aprovechable para dotar de las respectivas infraestructuras necesarias a sus ciudadanos. Su armonioso crecimiento no puede pasar desapercibido, ni el silencio de su avance físico y social. Sin grandes aspavientos, se ha ido extendiendo positivamente y seguirá su inteligente curso. Todos han contribuido a su engrandecimiento, cada cual en la medida de sus posibilidades  y circunstancias, unos con más suerte que otros, pero el esfuerzo de cada uno de los respectivos gobiernos, es patente y bien valorado. No debemos hacer leña del árbol caído, lo que si es correcto, es respetarnos mutuamente y demostrar siempre de lo que somos capaces y dejar las buenas obras para la gloria de vuestra historia.


Celestino González Herreros
         celestinogh@teleline.es

5/2/13


                   

COMO EN LOS VIEJOS TIEMPOS


Alineados en el suelo esperaban los bultos, a que fuera la hora de la partida. Antes debía llegar el grupo de amigos, según lo convenido y al lugar que se divisaba desde una de mis ventanas. Lukas yacía echado ante la puerta que conduce a la calle, yo como siempre, dando vueltas y más vueltas para dejarlo todo en orden.

Eran las seis de la mañana cuando me percaté de que habían llegado. Sin demorar un instante más, recogí mi morral, la garrafita con agua, un par de bolsas más y acompañado de Lukas, mi inseparable cocker, sigilosamente abrí la puerta. Ya en la calle, en sendos coches, nos distribuimos para ir lo más cómodos posible y enfilamos la ruta desde el Puerto de la Cruz, en la dirección acordada. Para darle más esplendor al viaje decidimos desechar la autopista del Norte y nos fuimos, aún con las luces de los coches encendidas, por toda la carretera vieja. El Botánico, Barranco La Arena, San Pablo, Cuesta de  la Villa, Santa Ursula, La Victoria de Acentejo, La Matanza deAcentejo, etc. El aire era fresco en esas horas de la mañana, aún no había despertado el alba, y sin embargo, los caminos estaban animados. Claro, había coches circulandoen ambos sentidos; mas, con deleite, pude comprobar lo atractivo del momento. En determinados lugares y en los márgenes del camino, se veía, también en ambos sentidos, carretas tiradas por bueyes que transportaban la hoja del maíz; otras, llevaban pinochas o hierbales para el ganado. Y las hermosas bestias cargando los olorosos frutos del campo y la verdura fresca... Me sentía tan halagado y complacido, que, emocionado paré el coche e hice señales al resto del grupo para poner pie en tierra y gozar del singular momento charlando con las gentes de nuestro campo que animosamente nos saludaban; e incentivados por el grato ambiente, decidimos entrar en una ventita alumbrada por un par de antiguos artilugios de carburo, a la vieja usanza y allí pedimos, a pesar de lo prematuro de la hora, un poco de vino, queso de cabra, pan del día anterior y para quién apeteciera rosquetes del lugar. Con esas mismas personas hablamos del campo y ellos comentaban lo de la influencia absorbente del turismo en las ciudades, con el consiguiente abandono de la tierra por los muchachos de hoy, ese éxodo preocupante que trata de buscar nuevos horizontes llamados por la codicia,  un mejor nivel de vida y





Embebidos estuvimos, en la grata compañía y la sana alegría de esa gente noble del campo, que al expresarse transmitían confianza, la sensación de ser amigos de siempre: de estar entre familia celebrando un feliz encuentro. Y es que no se puede saborear "lo nuestro" sin detenernos en ese ambiente, aunque sea sólo por un momento. Gastamos media hora en la acertada parada y aprendimos la lesión más hermosa de esa grata mañana ya aclarada por el celestial lucero del alba, que ascendía a través de las montañas saludando con su espléndida presencia, cuando acababa de moverse el gris velo de la madrugada, anunciándonos el nuevo día...

A las once de la mañana todavía estábamos de jarana según entrábamos en los pueblos, donde también hacíamos compras de frutos frescos y secos y verduras, para recogerlos al regreso y mientras tanto, pues, comíamos algunas truchas rellenas de mermelada de membrillos o de dulce de batatas. Hablando con nuestra encantadora gente del campo a los cuales  envidiaba en esos gratos momentos, me sentía influenciado por sus costumbres, por su forma de ver la vida, tanto, que llegué a desear ser uno de ellos y olvidar tantos perjuicios y estúpidas limitaciones que nos impone nuestra confusa sociedad. Llegué a sentirme tan a gusto y relajado que no deseaba otra cosa que continuar entre ellos, sin ir más lejos. Pero lo hermoso era, que si seguías adelante ocurría lo mismo, todo era igual de hermoso... Lástima, cuando uno sale así,  con el tiempo programado, sin opción para cambiar los esquemas acordados y tienes que dejarlo por imperativos de orden... Luego surge la promesa que no vamos a cumplir, cuando decimos que hay que repetir y de que entonces será por más tiempo, etc. etc.

Después de tanto deambular de un lugar a otro, decidimos llegar hasta el impresionante y bello Monte de La Esperanza y dijimos de terminar la última comida del presente día allí. Fueron momentos inolvidables.

Llegamos hasta el verde y soberbio monte ya entrada la tarde, aunque la bruma baja aún no había hecho acto de presencia y, aunque el Sol declinaba hacia su inmediato poniente, pensé que era el momento justo de extender el arrugado mantel sobre la fresca hierba, y, sacamos lo que habíamos llevado o lo que ya quedaba de ello y lo fuimos depositando sobre la estampada tela, en cuyo centro coloqué la garrafa de vino que compramos en La Matanza de Acentejo. La comida toda fue en frío, no hicimos fuego, no fue necesaria. Ya lo habíamos acordado antes de organizarnos para gozar este día, siempre ante el temor y el propio riesgo que ello podría suponer en el monte si hacíamos fuego para calentar... Con el vino y nuestras vitales energías sobraban calorías. Fue un rato delicioso el que vivimos, a los postres siguieron los chistes 
salpicados de sano humor y alguna que otra balada... Cogidos de las manos, algún matrimonio se alejaba un poco, muy caramelizados y se perdían entre el ramaje espeso de la frondosa vegetación. Y yo acariciaba la cabeza de mi perro, sintiéndome algo melancólico, y mi mente también se alejaba por derroteros diferentes, perdiéndome en la maleza y sin saber a dónde iba, sólo buscaba distanciarme hasta llegar a un pasado ya lejano que me hablaba de otros momentos vividos con la tierna y espléndida lucidez de la juventud, en aquellos años apasionados, llenos de fantasías y clamores incontenibles... Y sólo hallé las sombras de mis sueños en la espesura del bosque, sin escuchar apenas un eco... estaban muy lejos, en los recuerdos, en el tiempo y la distancia. Mas, tuve que conformarme acariciando nuevamente al perro que insistentemente me miraba y con expresión triste parpadeaba viéndome tan callado... Así estuve un buen rato, hasta despertar envuelto en el jolgorio y la natural algarabía que entre los demás habían organizado, la que armaban los amigos mientras se disponían a recoger las cosas y "dejar todo limpio" como lo habíamos encontrado al llegar a ese entrañable y paradisíaco lugar... Haciendo un razonable esfuerzo me sobrepuse imitando a los demás, todo el mundo felices y contentos... No había otra opción que fingir que estaba del todo alegre, obviando la identidad de aquel pasado que en mí no muere...


                                                                          



Celestino González Herreros
         celestinogh@teleline.es