1/9/10

LUZ Y POÉTICO DESPERTAR CANARIO

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Sin dejarme confundir, sin salirme de la realidad, aunque sí, un tanto influenciado por la atracción que me produce la seducción de lo bello, lo esencialmente hermoso y atractivo, me dejo llevar por extrañas sensaciones yendo yo al encuentro de su naciente, de la causa inspiradora… Me acerco a ella, tanto más, cuanto más me atrae. Y son las pequeñas cosas de la vida, parte de mí, las más hermosas y las que más ternura encierran y a donde voy primero. Mas, esta vez excepcional, como han habido otras tantas ocasiones, me atrapa y me atrae la grandeza que se me muestra con gratificante humildad y encanto.

Está ahí, ante mis ojos que no se cansan de verle y admirarle. Por que Dios es la Naturaleza y todo lo que ella nos muestra; y es hermoso, igual que es ella. En esta ocasión me entrego plenamente extasiado a esa fantástica contemplación, y camino “con pasos firmes”, sabiendo a donde voy e ilusionado me adentro, identificándome desde el primer momento con nuestro sentir canario y el amor que destila desde las cumbres hasta la orilla de nuestras cálidas playas. Desde el viejo Teide hasta las profundas e inquietas aguas de nuestro Atlántico, que nos acarician cuando llegan tranquilas suavemente. O increpan con su furia amenazante, cuando se torna la mar bravía.

Desde aquel eco roto en el aire de las palabras que en tiempos pasados pronunciaran nuestros queridos “guanches” cuando cruzaban los barrancos de un lado al otro elevando el mensaje de amor y de paz, que luego se quebró trepitosamente contra la nada, empujado por los inclementes vientos cargados de ira, pujantes de codicia, devastadores y crueles. Aún así, hoy se siguen oyendo ecos que de lejos nos llegan y nos traen el consuelo de nuestra añosa identidad e incorrupta presencia en nuestro confuso, pero esperanzador presente y posible futuro, en razón de nuestros principios y el derecho que nos asiste, por el que vamos a luchar siempre.

Bajo el murmullo de la brisa, camino embelezado lienzo adentro, hasta llegar al tranquilo y frondoso patio, común a cuatro viejas y hermosas casonas del campo canario. Visto desde el frente y comenzando por el primer plano, hay un relieve bellísimo, a la derecha e izquierda, donde se inicia una media circunferencia, vemos dos casa, una frente a la otra, ambas con sendos muros y anchos escalones de piedra. Puertas y ventanas de pronunciadas dimensiones y sobre las primeras salen al exterior viejos balcones canarios, hasta los que trepan exóticas buganvillas; para uno la de color lila, la del frente entre azul y rosa. Sobre un muro, a su diestra y abajo, en la orilla del patio, vemos tres enormes pantallas de abundantes geranios rojos, contrastando con el blanco del enjalbegado de la casa. La de la izquierda, en su esquina de arriba aparece un sendero luminoso, como un torrente de luz… Luego giran en formación cerrada tres casona más de viejos tejados, igual que las del primer plano, engalanadas con otras tantas buganvillas lilas y blancas y los geranios todos rojos, acentuando la armonía y el atractivo de tan vivos colores.
Con bello estilo, los pinceles del artista diseñaron y conjugaron tantas sombras y la presente luz de uno y otro lado. La hierba, caprichosamente, crece más a la sombra de las frondosas matas. Entre las tres casas, en todo el frente, antes de llegar a las montañas, un muro alto y ancho, con una guarnición de rústicas tejas marrón y negruscas por los años que habrán pasado, se eleva a modo de protección. Se ve en el centro una amplia puerta y se observa que las paredes son de piedras bastante anchas y tierra. Pisando en silencio sobre los salientes de las lajas de piedras de canterías y adoquines del pavimento, intento esa puerta trasponer para ver algo más allá, en el imaginario traspatio, mientras oigo el canto único y alegre de los pájaro canarios canarios que viven en libertad y en exóticas bandadas, libremente como las brisas y el eco de sus cantos en nuestros verdes campos.

A dos lados distintos, uno el de la luz deliciosamente reflejada y en el otro, fresco y suave que el lugar nos brinda y donde apercibo la paja seca del trigo y del millo, las hojas secas y verdes al borde de una circulas era, amontonadas…
Los tabobos y las alpíspas se escandalizan cuando cuan otean mi curiosa e inesperada presencia, levantan sus inquietos vuelos hacia lugares seguros, lejos del hombre, debe ser por razones obvias de supervivencia.

Otro muro con flores del campo sembradas en longevos cacharros. Luego el típico porrón a la sombra colgado de un improvisado gancho. Y la artesanal destiladera poblada de abundantes helechos y culantrillos, como si quisieran ocultar el agua bajo sus sombras, dándole la frescura habitual de las plantas nobles a su talla, boca abajo sobre un plato la jarra, hecha también de barro.

Bajo el típico balcón ya de retorcidas y polvorientas maderas, casi en desuso, se evidencia un pasado de amor y labranza, donde trabajaron y también descansado sus agotados cuerpos, los campesinos de aquel entrañable lugar que debió haber sido envidiable y placentero. Justo descanso del afanado labrador después de faenar, allá pasada la media tarde, en aquellos duros días.
Paredes enjalbegadas, otras con vivos colores pintadas, acentuando su mística presencia en el presente, trasladado hoy a este bello cuadro.

Un perro me sale al encuentro, abanicando su mocha cola, se me acerca confiado y mimoso lamiendo mi temblorosa mano y en tanto lamía aullaba contento al verme, que tanta soledad y belleza ya le aburría y se sentía solo.

Dicha obra tiene dos metros de largo por ciento diez centímetros de alto. En verdad, es hermoso, todo un poema, lleno de luminosidad y estilo. Parece que en realidad se movieran las hojas, como si la brisa soplara de vez en cuando, como si hubiera vida en esas gruesas paredes.
Por las noches, parece que emanaran aromas de flores vivientes del campo. Colgado pende en una de las paredes blancas de zócalo gris. Una enorme ventana a su derecha, mirando hacia el este, le permite recibir la luz que invade la estancia que le cobija -luz y sombras- por que el cortinaje a veces la apaga, dejando al cuadro protegido, igual que la noche protege con su manso manto la exuberante belleza de nuestra espléndida Naturaleza. Así viéndole, más a oscuras, la luz fulgida de tan delicadas pinceladas, le sublima y le hace más atractivo, dándole a la vez el encanto de lo irresistiblemente bello. Así mismo, pareciera una excepcional visión… Algo siempre se mueve, como si un raudal de encendida luz apareciera por la bocacalle más inmediata. Una luz misteriosa y le diera esa acariciadora bonanza, que al tiempo que nos inspira sosiego, también nos recuerda con suma tristeza la grandeza de nuestro pasado. Lo que me obliga a pensar, el por qué son tan candorosos los sueños en las noche oscuras con claros de Luna llena y por qué en el silencio afloran los recuerdos amados.

Y las sinuosas crestas ondulantes de las cumbres, de las montañas del cercano fondo, del plano más distante; y detrás de ellas El Teide, níveo blanco, destacando su inigualable y poética presencia que abunda en belleza y se desborda con sus encantos ante nuestros ojos, como una interminable caricia en la isla toda, desde las cumbres hasta la costa atlántica, y que sigue proyectándose amoroso hacia las otras islas para hermanarlas y poder “cuidarlas” desde lo más alto, desde las nubes y el azul del cielo. Y ese aire que baja, las brisas que traen los aromas de las retamas en flor, secas o heladas y de los brezales, según la Luna riele sobre las aguas de nuestras playas. Se oye el murmullo musical del viento y del mar contra las rocas negras chocando… Viento y agua y verdes montes de esos cuadros.

Aún veo, si camino por ese rincón canario, musitando frases de admiración, la luz que viene previamente reflejada desde la izquierda del lienzo. Luz de vida llena y donde termina el sendero, que va hasta el florido patio, dejando en ese caudal artístico inmortalizada la fantasía onírica que parece realidad, que no va a envejecer jamás. Luego, ahí se extiende sinuosamente por el camino discreto que conduce al ancho recinto, y lo inunda todo su resplandor, aunque sea en la noche, entre las cuatro paredes donde yo habito.

El agua corre por las atarjeas dejando atrás el silencio, mezclándose con la débil musiquilla que viene de las hojas secas que se arrastran por el suelo, empujadas y maltratadas por el vientecillo fresco y despiadado que a veces sopla.

Sobre una tosca mesa alcanzo a ver dos botellas polvorientas y dos vasos lagrimosos y sucios. Una bota mugrienta en mitad del camino y un sombrero de fieltro negro en estado deplorable agarrado a una de las retorcidas ramas de un vetusto y espinoso rosal. Nada más, ya mis ojos no alcanzan a ver más, sólo el cielo del mentado cuadro, que está con avidez mirando hacia el pie del mismo, como queriendo saber de quién es la obra… Igual que yo está emocionado, por que del lienzo del óleo se desprende ese olor tan suave y peculiar, de sus bellas flores; ¡y sus colores dicen tanto! Que sin poder evitarlo, uno tiene que preguntarse: ¿Quién creó tanta belleza? ¿Quién lo ha firmado?


Celestino González Herreros
http://www.celestinogh.blogspot.com
celestinogh@teleline.es

26/8/10

TEIDE MÍO

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En esta ocasión salí solamente con mi amigo el perro y las provisiones necesarias, agua, algo de comida, un poco más de ropa, etc. Me sentía animado de nuevo a buscar en la soledad los cimientos precisos que me permitieran, aparte de pasar un día tranquilo, poder escribir algo en cuyo texto quedara constancia de dichas experiencias.

Salí de la ciudad turística de Puerto de la Cruz entusiasmado, antes llené el depósito del coche de gasolina y compré algunas cosas más que me faltaban. Al llegar a La Orotava fui por la carretera que conduce a Las Cañadas del Teide y seguí hasta Barroso, paré un momento en una venta para comprar una bolsa de rosquetes y un par de panes... Ya la calima comenzaba hacer acto de presencia, como bruma ondulante, rasa y refrescante, que nos envuelve y no moja, que te va condicionando para aceptar la aventura como venga. Como si estuviéramos adentrándonos en otra estación del año precipitadamente, circulando por tramos de carretera de umbríos páramos, oscurecidos por los altos y verdes pinos del monte. A un lado y otro del camino, más en el borde interno del mismo, gigantes helechos trepan por la escarpada pared de tierra mojada. El perro, tembloroso –debe ser por que el aire estaba demasiado frío- me mira con expresión interrogante, al mismo tiempo acerca su hocico pidiéndome calor. Le cubro con una pequeña manta que llevé a tal fin y se quedó satisfecho, haciendo intermitentes guiños con sus despiertos ojos, es de suponer que se sentía feliz.

La ondulante carretera, ese día no estaba muy concurrida de tráfico y permitía que fuera a mis anchas. De vez en cuando susurraba cualquier cosa al perro, para que no se sintiera aislado. La verdad es que, a medida que se va subiendo, se siente uno como abandonado, desamparado de todo contacto humano. La bruma se hace aún más espesa, es cuestión de encender más luces del coche y tener cuidado. Las gomas de los limpia parabrisas entraron en funcionamiento nuevamente y a todo ritmo. Estaba cayendo agua abundantemente, y pensé:
-Malo va a estar el día hoy, las cosas no van a salir como yo pensaba, ni el perro va a correr por el verde monte, ni yo voy a escribir con sosiego, de seguir así el tiempo -.

Parece que se aclara… Pues sí. En un abrir y cerrar los ojos, luego de atisbar el milagro, aparece, al terminar una pronunciada curva, la imagen diáfana y endiosada de la zona seca como una aparición deleitante, como un sueño de verde y seco, caluroso y florido, de bellos pinares, resequidos unos, por el Sol que descarga sobre ellos sus voraces rayos. Otros, amparados por sus sombras, verdes de un verde chillón.
Bendije el momento por lo tremendamente feliz que me sentía, bajé los cristales de las ventanillas del coche y respiré muy hondo. El perro, mirándome fijamente, hizo un gracioso movimiento con su cabecita y volvía a echarse, cerrando sus ojos.

Ahora cada curva me ofrecía una visión diferente, cada cual más bella, más exótica y admirable. La tierra cambiaba de color constantemente, cuyas tonalidades iban del marrón terroso natural, al gris, negro, blanco, anaranjado, verde y azulado. Increíblemente aparecían los claros de la vegetación o la abundancia del verde, por doquiera, algunos tajinastes, codesos, escobones y cardos, todos mezclados con los esbeltos pinos, erguidos verticalmente como queriendo alcanzar el cielo. Y la pinocha en el suelo, tapando la tierra para conservar la frescura de la noche anterior, al caer el rocío.

Hallé donde aparcar el coche, a un lado de la carretera y aproveché para estirar un poco las piernas y darle agua al perro, que luego lo paseé unos minutos bajo los pinos, sujeto de la cadena y me arrastró con bríos al verse ante tanto espacio saludable., deliciosamente fresco. Cogió una piña de los pinos, del húmedo suelo y al ver tantas sobre la pinocha, no sabía con cual quedarse. Se sentía dichoso y ladraba de puro contento, despertando el silencio solemne del tupido bosque. Luego salimos del escarpado atajo y otra vez al mojado coche.

En nuestro ascenso se nos apareció El Teide, había que hacerle una reverencia. Majestuoso, callado… Se escondía nuevamente al coger otra curva, luego de nuevo aparecía y se iba transformando, en el tiempo y la distancia, con posturas misteriosas que impedían compararlas cada una de ellas. Era más hermosa su imagen de ensoñadora presencia, gratificante y severo a pasar de su grandeza y majestuosidad. Allí estaba, indemne, toda una vida señalando nuestros destinos, como un vigía en el camino, como el faro esperanzador para el errante caminante que se apartara del mundano ruido a refugiarse en sus sombras a meditar en las cosas sin nombre, en la soledad y en el miedo…

Seguí hasta El Portillo y allí me detuve para tomar algo. Lukas quedó solo en el coche, moviendo su recortada colita y sacudiendo sus largas orejas que asomaban por la ventanilla, atento hasta donde yo llegara. El restauran no estaba muy concurrido como otras veces, aún era temprano. Me prepararon una limonada sabrosísima, que me sirvieron con el trato amable que les caracteriza; y me dieron un trozo de jamón, serían recortes que les habían quedado, para que se lo llevara al perro. Saludé y al coche otra vez. Lukas agarró el trozo de jamón y se lo engulló con ansia voraz, que yo diría, ni le tomó el gusto.

Qué agradable, cuando uno hace una parada en el trayecto, se recuperan fuerzas, los sentidos se despejan y el paseo se hace más ameno. Ahora, hasta llegar al Llano de Ucanca, una vez pasado El Portillo, la ruta se hace más árida, va cambiado la orografía, se va poblando el volcánico terreno de retamas, cuyas ramas delgadas y flexibles, de escasas hojas y pequeño tamaño se mueven agitadas por la brisa intermitente de los vientos frecuentes de Las Cañadas del Teide, cubiertas de abundantes flores en racimos de color amarillo, aunque abundan también las de color blanco. Los arbustos secos, ya sueltos de sus raíces, corren de un lado a otro, animando con su ir y venir, el silencio agobiante del tétrico paisaje a pesar de su inimitable belleza. Las lomadas del entorno de los senderos escarpados, donde los matojos engalanados por sus bellas flores verdosas, le dan otro sentido al terreno donde igualmente aparece la zahorra señalando impasiblemente el flemático y nefasto acontecimiento de lejanas erupciones que hicieron el milagro de la transformación y el encanto de tan sublime visión que culmina en ese lugar tan hermoso. El que tenemos ante nuestros ojos. “Por que ustedes están conmigo, ¿verdad? Esta soledad es mucha calma. Esta soledad me asusta, tengo que buscar la compañía de alguien más, además de mi amigo Lukas, alguien que comparta conmigo el encanto del paisaje. Que diga algo…

El Teide ya está ahí, en su plenitud, como si se hubiera detenido ante mí, con su expresión severa. Y me obliga a dejar el coche y a caminar hasta sus pies. ¡Ha llegado el momento! Me encuentro, a pesar de todo, sumamente halagado, yo diría terriblemente inspirado. Y sentándome sobre una amplia piedra, a mi lado el perro echado y en silencio, sospechando mi estado anímico apoya su hocico en el suelo y sin dejar de mirarme. Tomo papel y escribo con un temblor extraño dentro de mí, como si presagiara algo…Hubo un indescriptible respeto, eso era lo que sentía, respeto. Y estuve largo rato esperando, sin saber que hacer ni que decir, solamente mirando y perdiéndome con la mirada puesta en la lejanía, buscaba las palabras que nadie antes hubiera pronunciado y no las hallé, para componer los más hermoso versos a ese “Teide mío”

Antes de morir quisiera / ser capaz de componerle / no una letanía cualquiera / la que llegue a conmoverle. // Si las palabras fluyeran / como mi alma ahora siente… / Si todas ellas salieran, / le escribiría un poema ardiente. // ¿Quién eres tú, Teide gigante, / con tu presencia sublime? / Cuando te tengo delante, / ¿eres acaso un dios? Dime… // Cuando de blanco te adornas / tú me pareces más grande / se te destacan las formas / y tu hermosura se expande // desde la cumbre hasta el Valle / y es como si brillaras. // Y perdóname que no halle / las palabras adecuadas. / Es como si tú, del Cielo / a nuestra Tierra bajaras, // a brindarnos el consuelo / y tú bendición nos dejaras. // Si tu retama florece / anuncias la primavera // Cuando en tus faldas amanece , / como si en mi alma sintiera / la necesidad de verte / yo voy a tu encuentro inspirado. // deseando poder escribirte / el poema por mí soñado, / el que llegue a conmoverte / y tranquilo pueda partir. // Como eres poder cantarte / en prosa, antes de morir.



Celestino González Herreros
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13/8/10

LAS INÚTILES RESERVAS DE NUESTROS SILENCIOS

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Si pudiéramos almacenar cuánto ocultan nuestros silencios, el callado ejercicio de nuestra mente en determinados momentos de la vida. Ese largo e invisible diálogo soterrado y a la vez ausente, pese a su reserva e intimidad. Se delatan en nosotros mismos los inimitables gestos que se intuyen y dicen cuánto las palabras enmudecen. Silencios, a veces, cómplices de nuestros verdaderos sentimientos, cuando queremos decir lo que realmente pensamos a pesar de la ausencia de diálogo alguno, pese a ello imaginamos causes virtuales por donde discurren esos silentes pensamientos…

Y hasta llegamos a revelarnos queriendo saber lo que realmente nuestra mente maquina en su ocultación e injusta ausencia, despreciando con ello las constantes caricias que expresan las palabras negadas por esos acostumbrados silencios, a la vez frustrados.

En estos instantes, por pura casualidad me hallo frente a una señora, a unos cuantos metros de distancia, sin ser visto por ella, se supone. Su semblante es la viva expresión de la tristeza, rotando sin cesar un pequeño libro entre sus manos y por momentos cerraba los ojos.

No alcance a ver bien si por sus mejillas caían sendas lágrimas, algo si, brillaba, algo que rodaba apresuradamente, como queriendo ocultarse para no llamar la atención de los transeúntes. De cuando en cuando abría el libro, besaba una de sus páginas y lo volvía a cerrar. ¡Cuántas ideas vagarían por su mente en esos tristes momentos! ¡Si pudiera saber cuánto decía su silencio! Sólo sospecho, si se habrá quedado sola y estuviera ojeando el viejo diario de aquel amor suyo; y le estuviera echando mucho de menos. Realmente, no supe qué hacer, si respetar su silencio e irme del lugar. También yo me sentía triste, por eso le comprendía y preferí irme lejos ya que lo necesitaba igual que ella, sumido en ese agobiante silencio de la soledad, sin escuchar su voz ni sus cortos pasos a mis espaldas acercándose cada vez más hasta rozar mi cuerpo.

Qué largo se hace el camino, a veces, cuando caminamos solos y no sabemos a dónde vamos ni tenemos con quien hablar para disipar nuestros temores, qué severo y callado, qué desiertas y pedregosas las tristes lomadas; y qué tenebroso ese silencio que nos ahoga, la incertidumbre; y el aire no llega…Debí haber acompañado a aquella triste señora, que cuando fui a dar con ella ya no estaba, hubiéramos ido juntos a donde nos llevaran nuestros cansados pasos y allá en la encrucijada nos habríamos despedido complacidos mutuamente por no haber caminado solos hasta divergir nuestros caminos, cada cual por su sitio, pero habríamos estado acompañados.


Celestino González Herreros
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8/8/10

BUSCANDO SÓLO UN RESQUICIO DE PAZ MUNDANA

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No es este, precisamente, el esperado momento que tanto ansiaba. Ante todo buscaba que el ambiente fuera más discreto, que nada ni nadie turbara la paz del silencio, ni escuchara la impertinente bulla del asedio perturbador del descontento. La frialdad del abandono que en distintas ocasiones sintiera… Y me viera, a pasar de todo, amparado por mis callados pensamientos. Yo amo la vida y la bulla de las gentes, ver destilar con discreta emoción el delgado hilo de cristalina agua de la que antes fuera nuestra fuente de tiernas ilusiones. Nuestra fuente de aguas claras, transparentes y que tantas veces calmó aquella sed de nuestro amor… No soy lo que parece, yo creo en la gente.

No es, precisamente el momento, también lo digo, de tardías lamentaciones. Aquello que hemos perdido volveremos a sufrirlo, si no cambiamos nuestros absurdos conceptos respecto a esta corta permanencia: nuestras vidas… Los días que pasan tan presurosos, las horas, largas horas de insomnio y desconfianza, angustiosamente esperando el claror del alba matutina, como queriendo borrar las sombras de la angustiosa noche y con el nuevo día atrevernos hacer hermosos proyectos. Y olvidar que la vida es sutil y tan breve; y las ambiciosas ideas si se retrazan puedan sucumbir en las tinieblas del injusto olvido o lo que es peor, deliberadamente en el lodo del supuesto rencor… Como los rostros que quedan de algunos pocos que con la brevedad del tiempo hayan cambiado y sean hoy casi irreconocibles, decrépitos y aburridos, a pesar de tanta discreción.

Los viejos de hoy parecen antiguos retratos de aquellos otros viejos que llegaron antes, después de todo comienzo y mientras nuestras semillas germinaban sin perspectiva alguna en el mundo circunstancial, frívolo y deshumanizado, egoísta y cruel, en que vivimos. La luz de nuestro candil se iba apagando irremisiblemente, sin darnos tregua alguna.

Aquellos viejos de antes simbolizaban sin escrúpulos nuestras nobles raíces, y que ya no están para ayudarnos y aconsejarnos cual camino seguir sin llegar a tropezar con el abrupto muro de la incomprensión.
Entonces… Es como retroceder sigilosamente hacia las distintas dimensiones o estancias, hoy ya desconocidas, objeto de vida a través del tiempo, aquellos momentos cuando nuestra pujante estirpe era respetada y por ende diferenciada respecto al trato que nos daban.

No existen complejos de inferioridad, eso nunca, sólo estas circunstancias de no saber en realidad quienes somos y a donde nos conducen nuestros fatigados pasos. A nosotros sólo nos mueve el deseo de superación, de alcanzar aquella aureola de nuestra libertad y aferrarnos a ella motivados por el deseo de torcer rumbos equivocados y trazar aquellos que hemos perdido con el devenir de los años, abrir nuevos surcos en nuestra fértil y generosa tierra donde puedan germinar nuevas simientes y las veamos crecer y dar los frutos deseados y poblar de nuevo nuestro herido suelo con la sabia ilusionada del amor.





Celestino González Herreros
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celestinogh@teleline.es

2/8/10

VIEJOS RETALES PORTUENSES Y LA REALIDAD ACTUAL

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(I)
En el mes de noviembre se van acumulando los grises nubarrones, desde el ancho mar hasta la cumbre, para estacionarse sobre la parte alta del Valle; pasando primero por toda la ladera desde Punta de Teno, cubriendo la cordillera norte hasta ocultar por completo al Lance de Icod El Alto, del Municipio de Los Realejos, y vertiginosamente hacia arriba hasta el Teide, visto desde el Puerto de la Cruz, que no llega a ensombrecerse y permanece su cielo limpio mirando al mar casi todo el año bañado del sol radiante que alegra indescriptiblemente su cálida orografía. Se mantiene con modernas instalaciones hoteleras y asentamiento recreativos y de ocio, tan necesarios para complacer y armonizar la demanda turística a la cual se debe y que acoge cada año senturias de miles de forasteros que vienen amparados de nuestras excelencias urbanísticas. Curioso, antes se ganaba más dinero, comparativamente, y los visitantes se iban contentísimos, e incluso volvían. Hubo menos lujo y mejor atención al cliente... Recordemos, simplemente, los Bares y Restaurantes, siempre estaban llenos, la gente manejaba dinero porque lo ganaban bien, los trabajadores se hicieron sus casas, los negocios eran rentables, los Bancos prestaban dinero a intereses bajos. El sector de la construcción se movía ilusionado. Las tiendas de comestibles y de tejidos, lencería, peleterías, todo el mundo trabajaba. Los taxistas eran felices, no me digan que no, ni me vengan con el cuento de que la ambición mató a la Gallina de los huevos de Oro, ella acabó de muerte natural y otros factores que no podemos obviar y que fueron imperativos ajenos a nuestros deseos y escasas posibilidades económicas. Pero, que habrá vacas gordas, no lo duden, hoy se perfilan nuevos horizontes y alentadores aires... No hay mal que dure cien años… Esta “natural” crisis pasará como antes superamos otras tantas crisis, de las cuales siempre se apenderá algo y nos aconsejan que no cometamos nuevamente aquellos errores cometidod tan alegremente. Aún no se le han tensado suficientemente las cuerdas de la Banca para que de una vez revienten y renazca la confianza en el sector empresarial sin necesidad de ayuda de nadie. Confianza es lo que falta para que genere la inversión privada y hasta pública y el motor de nuestra economía arranque. Pero aún hay que apretar algunas tuercas más. Mientras esperamos pacientemente, no bajemos la guardia, cuidemos lo poco que nos queda y no olvidemos que la impertinente crisis es mundial sólo que todos no saben luchar igual para poder contener sus nefastos efectos.

El Puerto de la Cruz, aunque siga siendo el lugar por excelencia y "puerto seguro" de la avalancha turística internacional existente, tiene otra importancia añadida. Es un lugar entrañable y acogedor, con tipísmo y solera y una condición social poco común. Pero, sólo eso no le basta al turismo, que con cuatro perras en los bolsillos, quieren conquistar el Paraíso; sin que jamás se les haya negado nada, y a ese precio, ¿que más podemos darles nosotros?, sin embargo dejamos abiertas nuestras puertas...

El Puerto de la Cruz de los años de la fama como Meca Internacional del Turismo, que por suerte, aún hoy sigue siendo apetecible por sus variados encantos, era como un sueño... Hoy, sólo recordándole podemos recrearnos en él, con sus casitas terreras próximas al mar unas, las otras dispersas por los campos formando núcleos de familias de agricultores y ganaderos, o asalariados que fueron constituyendo los barrios. Aún quedan algunos vestigios de aquellos primeros años de laborioso empuje de esa época. Las casas enjalbegadas de blanco y las que no tenían azoteas lucían los rojos tejados, que hacía resaltar el verde de las ventanas a las que se les adjuntaban los pequeño y disimulados postigos abiertos hacia arriba y afuera, las puertas de doble hoja y ventana adosada. Los geranios crecían como por encantamiento por doquiera, los sembraban en macetas, en los muros o simplemente en cacharros de latón que luego colgaban en los lugares idóneos para alegrar el entorno con sus expresivos colores que comunicaban alegría y personalizaban las viejas costumbres. ¡Y cómo olían entonces los geranios aquellos! Luego las calles, todas ellas empedradas con piedras de nuestras canteras de la zona sur contorneadas con estilo y maestría, guarnecidas por los altos adoquines que bordeaban las aceras peatonales.

De la unión entre piedra y piedra nacía la pequeña hierba que en su conjunto y en los días invernales daban ese toque primitivo de las cosas viejas que agradan por su simplicidad, algunas, otras por su espontanea presencia y abandono, como un signo natural propio del lugar... Los rebaños de cabras bajando por los callejones, igualmente empedrados, sirviéndose de la hierba más crecida y dejando atrás, como los burros y las bestias, los inevitables excrementos que perfumaban junto al olor del orín la corriente suave del aire que cruzara el transitado camino.

Y aquellos carros de tracción humana, algunos, otros arrastrados por el animal, el medio de transporte más usual, tanto para el reparto de la leche, el pan, la leña, el carbón, mercancías, como los productos del campo. También para la recogida de los desechos, basuras, etc. Entonces era normales esos usos y costumbres y daban tal encanto al ambiente que al evocar hoy esas circunstancias valoradas como únicos recursos para la supervivencia nuestra, yo le doy un valor extraordinario, aparte del sentimental ante nuestro alejamiento en el tiempo.

(II)

Cuando hablamos de un pueblo marinero, debemos siempre tener en cuenta esa peculiar circunstancia que no puede ser omitida, por que al final se delata... es esencia particular que emana de un sentimiento íntimo y racional, y por supuesto, que estamos obligados a respetar. Por su historia, ese tiempo que pasó y representa para sus protagonistas algo tan sagrado, como el más exigente culto, por que forma parte de una época memorable para ellos, por que en esas páginas están impresos muchos sacrificios, muchas lágrimas y sinsabores... El hombre de la mar, ¡Por Dios! pienso, debe ser intocable, en el sentido de su descrédito, y sí, por el contrario aceptados con sus defectos, con sus escasos niveles culturales (eso era antes) con sus escasas capacidades intelectuales, y premiarles por su valentía, que es suficiente como para recordarles con especial ternura. Que nadie difame, ni haga reprobaciones cretinas de los hombres de la mar. Y en el caso de mi pueblo, de mi respetable Ranilla, mucho menos, por que peca de grosero y sucio y no debe tener buenos sentimientos para con los demás... ¡Cuánto menos, si es un hijo del Puerto de la Cruz!

Volvamos pues, a dónde nos quedamos en el anterior episodio.

¿Y quién no recuerda a los vendedores del Periódico, gritando la última noticia por las calles a la salida de los primeros ejemplares, que llegaban aquí dos o tres horas más tarde, por las distancias, desde los talleres de impresión?

Falta el canto del gallo en las apacibles madrugadas. Qué grato oírles desde la cama, el eco se repetía y se perdía en la lejanía. Aquí ya no hay gallos (de pico corvo y cresta, se entiende) molestaban al turismo y alguien dio la orden de acabar con ellos, como con los cochinos de rabo corto, otros en cambio fueron disculpados... Y también prohibieron aquellas exquisitas parrandas bajo la luz de la luna, al pie del balcón o la pequeña ventana, dedicada a la muchacha amada... Su música llegaba como una suave caricia hasta la almohada, como no queriendo turbar el sueño y sí, despertar un sentimiento tan profundo como los deseos del galante trovador. A veces, hasta en pleno mes de septiembre "llovía" algún cubo de agua, pero sólo saber que lo habían logrado admitía con placer la refrescante mojada, súbita e inoportuna. A la misma hora comenzaban a oírse el ruido de las escobas de hojas de palmera de los barrenderos de entonces, que junto al sonido agudo, impertinente y monótono del grillo macho, que con sus inquietas alas, duras y cortas producen ese molesto y típico canto que quita el sueño, trastocando como una queja melancólica el silencio de la noche. Cuando el pueblo amanecía estaba tan limpio de basuras que se podía uno sentar en el borde de las aceras sin ensuciarse el pantalón. Han visto como están las aceras hoy día y el pavimento de las plazas públicas, de los odiosos chicles, ello da verdadera pena, y eso no ocurre solamente en Canarias y nos vino de afuera...

Había menos porquería que hoy, o tal vez más espacios abiertos, donde a falta de urinarios públicos y propagandísticas papeleras, la gente a la salida del cine o de los bailes se cuidaban de hacer sus necesidades fisiológicas donde no fuera luego a pasar alguien. Hoy nos orinan hasta en las ruedas de los coches aparcados, y no hay quién los pille...

Y el señor cura era respetado, como los señores carteros, barberos, maestros de escuela, boticarios, etc., todos. Por que antes había "urbanidad". ¡Eso hoy no se conoce! -Y perdonen que emplee palabras raras al expresarme así: “Urbanidad”.

¡Qué diferencia, respetables lectores, es que asombra el cambio!
Volviendo a nuestro pasado, acerquémonos a él, a través del tiempo, a las costas marinas, desde las playas El Ancón, siguiendo luego por la de Martín Alonso (Los Patos), a continuación la de El Bollullo, la de Martiánez, San Telmo, El Penitente, El Muelle Pesquero del Puerto de la Cruz, los bajíos del Peñón, Punta Brava, Los Roques, El Socorro, San Juan de la Rambla, San Marcos y Los Roques de Garachico, etc. El olor de las algas llegaba hasta los pueblos colindantes. No había mayor ilusión que bajar a la playa, la prole completa, con sus casetas de campaña improvisadas con sábanas de dormir y unas cañas... ¡También han sido prohibidas! Y aquellas excursiones a los montes de Las Mercedes y La Esperanza, o a las mismas Cañadas del Teide, a las que íbamos con toda la familia, primero en camiones acondicionados a tal fin, a pasar un día de recreo, tanto viejos, jóvenes, como niños. Llevando la comida hecha y los garrafones de vino y todas esas cosas nuestras indispensables para sentirnos a gusto. No podían faltar las guitarras y los timples, el sombrero de paja ni el paquetito de la baraja para el envite, la mala y la perica, partidos animados con sendos vasos de buen vino. Esos usos y costumbres, también han sido prohibidos. Yo no recuerdo que hubiera incendios en nuestros montes, la pinocha se recogía para su uso, también doméstico, camas para los animales, elaboración del estiércol y otros usos, Pero lo más importante es que no había gente capaz de provocar intencionalmente, algún incendio. Había mucha y buena conciencia a pesar de las diferencias políticas y de clases...

Al cabo del tiempo uno se va sintiendo nostálgico, yo no sé si a todos les pasará igual. Así como recordamos, con tristeza que no ocultamos, de nuestra niñez, cosas ya perdidas en el largo caminos, vivencias de un ayer lejano que dejaron una huella imborrable en nuestra conciencia; también nos vienen, con el mismo sentimiento del recuerdo, todo lo que hicimos ayer, lo bueno y lo malo, por que es así de cierto, y nos sentimos acompañados en los momentos de soledad, como el niño aquél con su primer juguete o el joven que sueña poder llegar a viejo. La vida nos condiciona, a veces duramente para que podamos aceptarla como es, con sus perspectivas halagüeñas y esas otras consecuencias indeseables que nos vienen, avatares infructuosos, desmedidos y crueles, que decimos han sido sin razón alguna, pero que nadie nos oye... Aceptar todo lo que nos viene parece que fuera nuestro destino. Y así, frente a este panorama irreversible sólo nos resta la prudencia, esperar... Y entre tanto, nosotros los que antes hemos vivimos otras situaciones humanas y de diferente reciprocidad social, tenemos un gran consuelo que nadie nos lo puede quitar: los recuerdos.
Si, hoy todo es diferente, más abundancia, lo que genera más complicaciones. El hombre es más egoísta y tiene más de donde echar mano, más oportunidades para robar, engañar al incauto y adulterar la verdad. Hoy la vida más parece un interminable carnaval, aquellos que no llevan caretas puestas la llevan en el corazón. El honor y la vergüenza casi se han perdido. Los pobres cada día que pasa son más pobres. Los Bancos son más usureros cada vez y la vida más difícil vivirla. Con un panorama así, hay que ser muy optimista y fuerte para salir adelante. Sin embargo, aconsejo no tirar la toalla, esto tiene que cambiar para bien. Unamos esfuerzos y seamos un poco más austeros y racionemos un poco el gasto. Nos hemos acostumbrado a vivir como ricos y gastamos más que ellos.


Celestino González Herreros
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celestinogh@teleline.es

31/7/10

EL TIEMPO NOS ESTÁ DANDO LA RAZÓN

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Sólo faltan unos detalles más, aprovechar el entusiasmo reinante, la buena predisposición que se ha ido generando de tal modo que ya parece una necesidad colectiva, afán justo de revitalizar la ciudad turística de Puerto de la Cruz y verle resurgir de entre sus carencias actuales.

No solamente el norte de Tenerife, toda la isla necesita activar esa influencia y fuerza ejecutoria que alimenta, esta vez como nunca, la esperanza de acabar con esta pesadilla anunciadora de la muerte de nuestro importante enclave turístico, que tanto trabajo dio y alentó tantas ilusiones y despertó el apetito financiero del capital extranjero. Fue el punto de mira internacional por sus prometedoras y plurales condiciones y sus extraordinarias cualidades para satisfacer al más exigente de nuestros visitantes.

Ha tenido que transcurrir el tiempo para poder dilucidar que no hay en nuestras islas mejor lugar, por todas sus excelencias naturales y la calidad de nuestras gentes, para asentar en Puerto de la Cruz el mejor de los destinos turísticos.

Desde hace tiempo se ha venido luchando y mejorando las infraestructuras locales, en ningún momento se ha descuidado ese importante avance, sólo que junto a tantas dificultades socio económicas y desavenencias políticas, se han retrazado los trabajos de recuperación urbanística. Ciertamente, ha tenido que pasar el tiempo. Consideremos las dificultades que el norte de Tenerife ha hallado, llamémosle abandono, orientando todas las fuerzas existentes hacia el sur de la isla, lo que se suponía que iba a ser el gran salto socio económico. Se hizo una “alegre” planificación y esas estructuras y el evidente progreso, no han sido lo suficientemente aptos como para competir con las excelencias naturales nuestras y el embrujo que encierra esta pequeña, acogedora y dinámica ciudad y a la vez romántica con su puerto de mar; acompañados de los gentiles y laboriosos pueblos, villas y ciudades que nos circundan. Ello no quiere decir que debamos ignorar aquel empuje laboriosísimo del entorno sureño que transformó su fisonomía en un hermoso enclave turístico, orgullo de toda nuestra isla y que siguen conservando lo que han creado y embelleciéndolo cada día más. Sin embargo, a nadie debe molestarle que les recuerde que en épocas más difíciles y sin tantas ayudas, el Puerto de la Cruz alzó sus brazos primero y enarboló la primogénita bandera turística de España y nuestras queridas Islas Canarias, hubo trabajo para todo aquel que quisiera aprovecharlo, se ganó mucho dinero y mucha gente aprendió a desenvolverse en nuestras importantes instalaciones y hoy son expertos profesionales, aún algunos de ellos dispuestos a demostrarlo en sus nuevos puestos de trabajo. Nuestra Isla de Tenerife está preparada para retar una próxima singladura turística y a ello estamos decididos.

Con el tiempo hemos ido ganando la razón de ser un destino único, sin detrimento alguno, repito, hacia el resto de nuestras islas. Pero es que Puerto de la Cruz tiene unos encantos que no se les pueden negar; y es difícil hallar las palabras adecuadas que lo digan mejor. Es como es. No es que hayamos vivido de espalda a sus necesidades y a su progreso, como he dicho antes, nos vimos solos, nos abandonaron “todos” y a pesar de ello, no sucumbimos, hemos soportado la angustia de ver que se nos acababan las fuerzas. Pero siempre estuvimos inmersos en la lucha, mientras nuestros amigos del sur resurgían de entre las piedras y han hecho una bonita labor.
Nosotros con menos, siempre hemos acogido con cariño y profesionalidad a nuestros visitantes y ellos se han sabido integrar a nuestra forma de vida, realmente, todo acá es natural, hasta el trato. Así fue y así será, nada negará nuestra esperanza en recuperar el tiempo perdido. Ya hay grandes capitales esperando nuestro pronto resurgimiento. Proyectos aprobados y aunque no haya dinero lo ganaremos a pulso y nuestra ciudad será como siempre la hemos soñado, sólo un empujoncito más y a seguir caminando… Entre todos lo conseguiremos, políticos, medios de comunicación, capital extranjero, empresarios inteligentes, sindicatos, obreros, transportes y la buena voluntad, generalmente. Habrá nuevamente trabajo en el norte y bien remunerado.


Celestino González Herreros
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ODA A MI VILLA DE GARACHICO

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Con el rumor de la brisa
que baja de la montaña,
una caricia extraña
En la Villa se desliza...

Desde tu playa la siento
al volar las gaviotas
abanicando sus alas
cuando combaten al viento.

La siento en la alborada,
en las frondas del sueño
como el aire risueño
de una caricia alada.

Y tu mar enfurecido,
que no hay quién lo detenga,
posible es que hasta tenga
deseos de ser seducido.

He visto sonreír las flores
que alegran a tu cielo
y perderse en pleno vuelo
quimeras de mis amores.

Garachico eres Villa,
como tú no hay ninguna,
cuando refulge la Luna
y el mar que te baña brilla.

Si en tus aguas destella,
me recuerdan con ternura
tu radiante hermosura,
¡te veo más dulce y bella!

Villa y Puerto pesquero,
señorío y abolengo,
en mi alma yo te tengo,
pues sin amarte me muero.


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Celestino González Herreros
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celestinogh@teleline.es

ACTUALIDAD POLÍTICA PORTUENSE

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Viendo la política desde un plano imparcial, sin intrigas ni gratuitas críticas, es un ejercicio difícil de comprender. No es que sea complicado, pero, desde luego, libertino si. Para el que la ejerce. Todo está permitido, desde las bajas pasiones hasta la indiscutible entrega, en algunos, de cuerpo y alma, buscando el bien común y por ende, el mejor nivel de vida de sus respectivos pueblos y sus gentes. Hay políticos honrados, indiscutiblemente, que no abunden es otra cosa. ¡Es que hoy existen un elevado número de inaceptables!.. A los hechos últimamente acaecidos me remito. No solamente en nuestro entrañable Puerto de la Cruz, también me refiero a los distintos Ayuntamientos municipales del resto de España y nuestras Islas. Aquellos que se creen más listos que nadie, han caído como moscas en la miel de sus deshonestas pretensiones. La ambición por el dinero ajeno es tal, que se ciegan y cometen los más vergonzosos actos fraudulentos y antisociales. Dan lástima, a pesar de todo, ¿cómo pueden arruinar el concepto que hayamos tenido de sus aparentes valores, cayendo tan bajo?
Eso no es bueno, ¿con qué entusiasmo va la gente a votar nuevamente, cuando siempre o casi siempre, ocurre lo mismo. Luego vas a las urnas decidido por una determinada opción, sea de la derecha, centro o izquierda, y después de haber pasado un corto periodo de tiempo, por conveniencias, más que nada, ellos mismos coaligan con los peores y, tengan los votos que tengan, pero si sumando superan en la cuenta al que más obtuvo y haya sido el partido más votado en un principio? Eso es desconcertante. Por ejemplo, se coligan dos doctrinas contrarias y se yuxtaponen o se adosan “políticamente” ¿en buena lid? Sin importarles los sentimientos y creencias del resto del pueblo. Entonces vienen las censuras y el contrario queda al margen, lamentando haber perdido el tiempo cuando fue a las urnas tan ilusionado… No acabo de entenderlo, de verdad. Muchas personas van a votar sin saber en realidad el destino de sus papeletas, por muy expertos que sean en estos menesteres…

Lo cierto es, que lo último es ponerle afecto a los políticos y futuros candidatos, cuando mayor sea la estima, mayor iba a ser el desengaño. Cada partido político busca, como es natural, sus conveniencias y van decididos a derrotar al oponente de la forma que sea… A como de lugar y sin importarles la cobarde bajeza en que a veces caen, concientes de que es el pueblo, tarde o temprano, quien sufre las consecuencias de esas clandestinas luchas partidistas perdiendo confianza en todos ellos.

Lo estamos viendo a nivel nacional, entre los señores Zapatero y Rajoy, se han pasado la legislatura peleándose como niños “mal educados”. Rajoy dice que Zapatero… Y Zapatero que Rajoy… Son desconcertantes y ya llegan a resultarnos impertinentes. Y mientras ellos se entretienen así, el pueblo llano se siente más solo e indefenso. Cuando lo lógico hubiera sido que entre ambos líderes trataran más efectivamente nuestra precaria economía y resolvieran los asuntos más urgentes, por si tuvieran tiempo o buena voluntad, para ello…

Así de censillo, a trabajar por el bien de España y los distintos archipiélagos, Baleares y Canarias, que nosotros a pesar de la distancia que nos separan, aun pagamos nuestros impuestos y demás linduras.

Eso pasa, lamentablemente, en casi todas las autonomías españolas y Canarias.

Nosotros centrémonos en el Norte de Tenerife, parece que hay visos de buena voluntad por parte de los distintos Ayuntamientos que componen nuestra región. Hay buena disposición de acabar con nuestra precaria economía. El tiempo nos está dando la razón, unidos acabaremos consiguiéndolo, máxime contando con la valiosa ayuda de nuestro Cabildo Insular, el Gobierno de Canarias y tantas otras fuerzas empresariales que apuestan por ceñirse a nuestros deseos de siempre, volver a darle al Puerto de la Cruz su verdadero protagonismo, motor de nuestra economía tinerfeña que no debimos haber abandonado por tanto tiempo. Ya es hora de pasar páginas y volver a empezar. Los entendidos sabrán marcar las pautas y entre todos empujar el carro de nuestro progreso. Precisamente ahora que estamos levantando cabeza y que hemos conseguido después de tanto solicitarlo desde las anteriores corporaciones y la presente, ayudas tan importantes y las prontas ejecuciones de tan necesarios proyectos, ansiados desde hace muchísimo tiempo.


Celestino González Herreros
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27/7/10

MIENTRAS, SIGUE CAYENDO LA LLUVIA

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La inmensa quietud y el silencio otoñal se rompieron cuando llegaron las lluvias... Ahora, en el obligado recogimiento hogareño, echo de menos los románticos paseos por la triste vera que conduce al pueblo, desde este tranquilo lugar. Ni puedo, como hace sólo unos días, al detener mis cansados pasos, hablar con el amigo que, inconscientemente, consume sus últimas horas, esperando el milagro de su paz espiritual, cuando consiga trasponer el umbral sobrenatural de la otra orilla sideral, hasta alcanzar la dimensión del eterno sueño en la infinidad etérea... Tampoco alcanzo, en mi alejamiento, a escuchar las posibles quejas de aquellos comerciantes que ven mermadas sus ventas por culpa de las lluvias, cuando antes sonreían al considerar sus pingues beneficios. Todo está menos concurrido que otras veces, pero no nos hemos detenido a pensar: ¡Qué falta nos hacían estas aguas! Nuestros campos hoy están contentos al recibir el contacto más preciado por sus sedientos poros que se esponjan y se nutren después de una severa sequía que llegó amenazarnos con un verdadero desastre ecológico y por ende económico. Hay, entonces, motivos sobrados, para agradecer esta bendición que nos llega desde arriba.

En mi obligado encierro casero, al menos ayer y hoy, no me canso de otear, a través de la ventana, cómo corre el agua por el asfalto, y cómo la abundante vegetación de esta privilegiada zona urbanística, resplandece bajo el fulgor de la luz artificial en la noche.

La ciudad aun no se ha paralizado, como es de prever después de las torrenciales lluvias, todo sigue en movimiento mientras cae el tan necesario líquido. Ya los menudos duermen; y cuando reina el silencio en toda la casa, tras los mojados cristales de mi ventana, siento deseos de permanecer en pie, viendo llover... y perdido en la oscuridad, presiento muy cerca de mí el mar con sus enfurecidas olas batiéndose con fuerzas contra las rocas de la escollera y arremetiendo despiadadamente contra los indefensos bajíos de la costa. No hay música más persuasiva y deliciosa que la producida por la cadente caída de la lluvia llegando fuertemente contra los cristales y que viene a despertarnos del tedio de la inconsciencia, y llega a transmitirnos esa larga letanía de notas acariciadoras guiadas por las suaves brisas y a veces los fuertes vientos, modulando en emocionado encuentro la tempestad armónica de las más bellas sintonías... El canto sentimental de las lluvias es un poema de irresistible seducción. Y, yo quisiera cantarle a esa gracia divina con la más pura prosa y dejar presente el sentimiento de mi gratitud alabando al Cielo. Que la sed de nuestra tierra sólo la calma esa afluencia enviada por Dios. El agua que perjudica a unos y nos beneficia a todos, que nuestro suelo es agrícola por excelencia y de el dependeremos siempre, por mucho asfalto que quieran echarnos encima. La Naturaleza es tan sabia, que puede, en cualquier momento, anular al hombre y sus egoístas ambiciones. Un día puede reventar la tierra accionada por la angustia contenida, como si reventaran todas las raíces desde sus entrañas y rompieran definitivamente el alocado progreso de las grandes "estructuras" viales y arquitectónicas... Los barrancos volverán a correr como ayer y la vega a florecer, la campiña dará sus deliciosos frutos y el hombre volverá a sentir la ilusión de luchar por su humilde parcela, con esperanza de verla crecer entre la maleza salvaje de nuestros montes. y nuestros niños podrán jugar a la orilla de los caminos...

Viendo caer la incesante lluvia, me siento, a través de mi insistente observación, un ilusionado testigo de mis más sinceras premoniciones acerca del futuro de nuestras Islas Canarias; y el miedo que antes sintiera por nuestra injusta depreciación... Igual, siento y tengo el valor de manifestarme en favor de nuestra integridad física y social, diciendo lo que me dicta el corazón.

Nuestros campos necesitan más atención, necesitan brazos fuerte y herramientas que puedan emplear… Pero también necesitan que nuestros políticos tomen conciencia de la importancia que representaría su cuidado y las ayudas correspondientes que incentiven al agricultor. De igual manera la ganadería. Seguro que así se aliviarían tantos temores pensando en nuestros oscuros horizontes, rodeados por todas partes del gran Océano y tanta soledad.

Aprovechemos tanta agua cuando el cielo nos la regala, construyamos represas conforme a nuestras necesidades. Construyamos nuestro futuro ante todo mirando a nuestros campos, Ordenemos nuestros verdaderos problemas y comencemos a resolverlos respetando las prioridades. Construyamos todos juntos ese futuro tan necesario.


Celestino González Herreros
http://www.celestinogh.blogspot.com
celestinogh@teleline.es

26/7/10

Acantilado de papel

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PRÓLOGO

Poemario editado de Elsie Ribal Hernández

El lenguaje poético que emplea Elsie Ribal Hernández en este sorprendente libro, evidencia considerablemente, su capacidad lírica y pone de manifiesto, en cada composición suya, esa cascada imaginaria que lo baña todo de ilusión y deja estelas en el aire que al conjugarse en el silencio poético producen la grata sensación de estar viviéndolos; y así mismo producen el oportuno éxtasis que da la luz en las sombras de las tinieblas ó en la salida del túnel la aurora de la libertad compartida. Lo aclara todo con los mágicos fulgores del amor filtrado hasta llenar cada intertisio del corazón.

Son poemas que transmiten ese algo que buscamos, invisible influencia que nos llega y nos confortan por que dicen más cuantas más veces los asimilamos y en silencio parecen que hablaran y a la vez nos consolaran.

Hoy he vuelto a sentir despiertos los duendes de mi imaginación, no he podido evitarlo. Necesitaba estar más solo y solo dedicarle a mi entrañable amiga Elsie, sin escogencias inútiles, las palabras más sencillas, tomarme todo el tiempo necesario, dialogar, simplemente eso; y decirle cuanto admiro su talento literario y la nobleza de sus sentimientos hechos poesía… Semblanza que honra a su mundo poético para el cual nació. Decirle que este poemario suyo acaricia los sentidos y alienta al corazón. Leyendo sus poemas uno siente descolgarse del firmamento las estrellas y hallar en alguna de ellas su fondo poético y nos alumbrara con luz propia nuestro espíritu, a veces retraído y triste… Pero ya ven, la estampida de mis locos duendecillos me ha ganado una vez más, se han desatado sorpresivamente y no me dejan otra opción…

La presente Obra poética de Elsie Ribal, es un fiel exponente de su capacidad intelectual enmarcada en sus principios literarios. En su haber figuran varios libros publicados con rotundos éxitos cosechados a través de los años y cuyos repertorios de singularidad literaria dejan entrever el caudal poético significativo que emana de su lírica excepcional.

Definir a Elsie es más difícil que fácil, se necesitarían, aparte de la elocuencia necesaria, una fluidez de palabras única y por ende el talento que no me asiste y no por casualidad. No bastaría con sólo decirle que es única en su género lírico y que como rapsoda es una fina perla. Ella necesita un crítico aventajado y menos sentimental que yo.
Tiene una forma muy especial de conjugar lenguaje y sentimientos. Es como una mágica malla de hilos dorados que te atrapa inocentemente y a merced de su prosa poética va adormeciéndonos y al cabo de un reducido tiempo no sabemos si soñamos despiertos y cabalgamos por parajes oníricos en brazos de su inspiración lírica. Esa correlación suya, esa simbiosis en sus versos que danzan armoniosamente en aquel mundo apasionado de la evocación. Sin pretender hacer ni un somero juicio de sus méritos cosechados, sólo para aproximarme lo más posible a su edén privado, me he rendido orgulloso de saber hacerlo, para agradecerle la ocasión que me brinda, al prologar este trabajo literario del que respondo, que leyendo sus poemas van a sentir, como he sentido yo, la grata sensación de estar más cerca al cielo y que recostados en blandas nubes estuvieran soñando y amando a la vez.


Celestino González Herreros
celestinogh@teleline.es
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Colaborador del Periódico EL DÍA


Puerto de la Cruz. 09 de junio de 2.010

TODO ESTÁ DISTINTO

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He tenido que refugiarme en un conocido y habitualmente transitado rincón, siempre concurrido, pero que hay una discreta esquinita al terminar el mostrador, que siempre me ha permitido aislarme casi por completo. Esta vez, como otras tantas veces, huyendo del mundanal ruido y la alegría desbordante que se advierte en casi todos los rostros presentes, según iba observándoles a lo largo del paseo por distintas calles y plazas públicas de la ciudad, me pareció ser el único, entre tanta gente, que andaba abstraído, meditando pasajes del pasado, recordando aquellos tiempos y tantas ilusiones que se han perdido. A la vez, me hallaba pensando más en el cercano futuro que me espera… Si alguien, entonces, me hubiera preguntado que a dónde iba, no hubiera sabido responderle. Buscaba algo, si, algo que ya no está, pues todo ha cambiado desde entonces. Ni la gente son los mismos, ni las plazas, donde los árboles han crecido lo indecible. Ni las calles, ni aquellas casitas terreras enjalbegadas de blanco, de puertas y ventanas verdes, tejados rojos… Todo está distinto. Y al verme asomado en el cristal de una de las tiendas, yo no era aquel que estaba reflejado en el, aquel era otro, con expresión tristona y el cuerpo todo desfigurado, sienes blancas y ojos cansados, todo aquello que aparecía reflejado en el frió cristal no era mi persona. No era yo aquel que me miraba fijamente, con desmesurada insistencia y que llegó hasta sonreírme como queriendo acentuar la burla, esa mueca que a veces tanto fastidia. Di media vuelta girando sobre mis talones con cierta dificultad y me fui de aquel inhóspito lugar, dando pasos confusos y la mirada gacha, fijándome donde iba pisando para evitar un fortuito tropiezo, disimulando mi agotamiento, no sólo el moral, también el físico, mientras seguía el corto trayecto.

Me sentía como un extraño por donde quiera que iba, creyendo que nadie me estaba reconociendo, que yo no era el otro espectro que vi. en el sucio y frió cristal de aquella ridícula tienda. Yo estaba ausente, corriendo de allá para acá, practicando los juegos propios de aquella tierna edad… Ausente entre el tumulto de las gentes que tampoco yo conocía, gozando aquella hermosa juventud, como nadando felizmente en ese mar ilusionado del amor, viéndome en los ojos de miradas serenas, de aquellas que me brindaron su atención… También estuve observando casas ruinosas, ya inhabitables expuestas para su futura venta y posterior derribo. Casas que me trajeron recuerdos inolvidables desde mi infancia, hasta me pareció ver asomadas en sus postigos y ventanas a tanta gente que uno conoció y ya no están entre nosotros, personas maravillosas algunas de ellas, cuya evocación me entristeció más.

Ahora, en este tranquilo rincón, donde me hallo, voy recuperándome un tanto, lo otro era muy doloroso, eso de ir de allá para acá, sin apetencia alguna, pero si, buscando todo aquello que perdí para siempre, sin hallar respuesta alguna. Eso acaba por entristecernos.

Aquí estaré sólo un rato más, cuidando, claro está, la noción del tiempo, escribiendo, sondeando mi mente y estrujando mi viejo corazón. Con un vaso de vino como único amigo acompañante, confidente del alma; y sintiendo en mis cansados ojos el calor inmenso de la soledad. Soltando la madeja de los sueños mientras oigo, muy quedamente, una musiquita que llega hasta mí, como queriendo alimentar a mi espíritu y que me recuerda que la vida sigue, que es muy bella y que mientras no me llegue el momento definitivo, cuando tenga que irme de esta aburrida escena, debo seguir haciendo el esfuerzo necesario para no entorpecer el normal desafío de la vida.


Celestino González Herreros
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celestinogh@teleline.es

COSAS DEL DIARIO ACONTECER CIUDADANO

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Hallé por fin, un refugio adonde esconderme, literalmente, se supone. Encontré un lugar tranquilo y que me permitiera ausentarme el tiempo necesario hasta lograr aclarar y solventar mis dudas y conseguir estar solo, no hablar ni escuchar a nadie, sólo oírme a mi mismo en tanto reflexione y ordene mis acuciantes ideas, quería estar esquivo, no escuchar ruidos ni voces disonantes… En cambio sí, un apetecible encuentro con una de mis preferidas intervenciones del genial Chopin, que no debo desairar, más bien me consuela y me acompaña en mis aflicciones...

¡Cuántos valores hemos perdido! Al ritmo que vamos, la nuestra va a resultar ser una sociedad muerta, si continúan faltándonos nuestros ideales y aquellos valores que siempre nos identificaron, pilares tan necesarios para una normal convivencia entre unos y otros, conceptos importantísimos para mantener fijo el justo equilibrio social, que como estamos viendo, se tambalea.

Sí, la música me pone sentimental, me persuade y me trae a la memoria épocas pretéritas inolvidables. Cuando las personas éramos sensibles, respetuosas y más solidarias de lo que son hoy. Con esas tres e indispensables cualidades, vencimos épocas muy difíciles. Crisis financieras, persecuciones políticas, acosos indebidos, amenazas y secuestros, guerras y sus dramáticas secuelas, hambruna y enfermedades… Todo ese cúmulo de adversidades que sí fueron minimizadas con nuestros valerosos sentimientos cívicos y eminentemente sociales.

Hoy esos valores comunitarios y tan necesarios en el ámbito social, en nuestros pueblos, han decaído considerablemente. Aquella semilla de amor es como si se hubiera enfermado y sólo germinara de ella la escoria que haya suplantado, en gran medida, a nuestros principales esquemas sociales y a la vez, morales. Aquellos valores mal interpretados y hoy víctimas del desprecio más absurdo.

Realmente, se nos hacen incómodos los distintos conceptos que las nuevas generaciones tienen de sus estériles e incidentes y nefastos proyectos. Como si para ellos la vida fuera acabarse, cuando aún están comenzando. Como si se hubieran declarado en rebeldía y quisieran acabar con todo aquello que tan gratuitamente les hemos dado, para que se sintieran mejor de lo que muchos, ni se merecen. Como si al no tener perspectivas ni ganas de hallarlas, se sublevaran contra sus mayores que ya más no puedan darles; y les quieran erradicar anulando todos aquellos principios y hasta las sanas costumbres. Con toda la suerte ambicionada, en general no piensan y proceden así, la diferencia es notoria en los que han seguido nuestros pasos y han luchado siempre por mejorar sus estatus de vida, y el de los suyos.

Hay una juventud admirable, y esa es nuestra única esperanza. Jóvenes que supieron mantenerse firmes en su camino de superación y de estudios, de ideas fijas y altruistas, que han sacrificado mucho para ser cada día mejores personas y que, algunos de ellos, ya ocupan puestos importantes (no muchos, pero algo…) cada cual en su escala, en los lugares más estratégicos (¿?) de nuestra convulsionada sociedad y que, sin lugar a dudas, son ellos los guardianes y el ejemplo a imitar de la otra juventud víctimas de la desorientación existente.

La agresividad existente en la calle, en cualquier lugar y en cualquiera circunstancia, es verdaderamente preocupante, Delictiva, amenazante y comprometedora. Quieren hacerse los dueños de todo, sin reparar en el daño que nos hacen y sin que teman a las consecuencias que se enfrentan… Mientras, la Justicia sigue siendo la misma, tolerantes (no en todas las decisiones jurídicas) y permisiva. A gritos, la razón pide que las Leyes sean reformadas, actualizadas, que hagan por evitar tantos descaros y contengan esos cotidianos abusos de los cuales somos directos objetivos, sobre todo las personas mayores de edad; y hasta evidencian, o así lo parecen denunciar, que en realidad les tienen miedo…

Celestino González Herreros