13/9/12

AÑORANZAS DE NUESTRA PLAYA DE MARTIÁNEZ

No hace muchos días, en amena conversación con unos viejos amigos evocamos aquellas vivencias de nuestra juventud en la Playa de Martiánez, cuando aún estaban permitida la sana costumbre de montar casetas de tela que llenaban todo el arenal playero y, a veces no había espacio para una caseta más. Entonces había que madrugar para coger puesto, así pues, recordemos la cantidad de personas que se reunían en el extenso lugar; y los olores que llegaban de cada una de aquellas tiendas cubiertas de tela, que se montaban al aire libre y sujetas a un armazón de palo o cañas, según el tamaño, clavados en la arena y apuntalados con piedras de regular tamaño. Olores que despertaban a cualquiera el apetito.

En otro orden de habilidades, nos preocupábamos de buscas la parte más fresca para la garrafa del vino, el porrón del agua, etc. Los abuelos iban con sus hijos y sus nietos. Naturalmente, cabíamos todos, los más jóvenes y los niños se acomodaban por fuera, si eran muchos, ya que íbamos y veníamos del baño o paseábamos de un lado a otro para saludar a los conocidos o a ver lo que más nos interesaba.

Cada familia llevaba lo imprescindible, los calderos, la loza necesaria, la comida, las cartas u otros juegos para entretenernos.

Largas siestas nos echábamos después de comer o íbamos a pasear por los alrededores. A veces, por las noches, dormíamos en la misma tienda, para no tener que buscar hueco al día siguiente.

Llevar un buen libro para leerlo era una delicia y no pocas veces llevé los libros del Colegio. ¡Qué paz aquella! Sólo se oía el suave ruido de las mareas al llegar a la orilla. Allí se mezclaban los deliciosos olores de las carnes y pescados cocinados, de las papas bonitas aún calientes y demás alimentos.

Las gentes comenzaban a recoger los peroles y demás utensilios a eso de las nueve de la noche, aproximadamente, y caminando o en coche, cargaban las telas, los palos, los calderos vacíos, etc. A cada cual se le asignaba un determinado cometido, a menos que prestaran las tiendas a algún familiar o amigos serios y de mucha confianza, para que se quedaban disfrutándola desde esa misma hora de la noche hasta el día siguiente, cuando volvieran los dueños a usarla y evitarse los madrugones y tener que, después de buscar un espacio adecuado volver a levantarla. Eso era casi todos los días del verano.

De los municipios adyacentes acudían asiduos visitantes a gozar las jornadas más deliciosas y comunitarias. Nunca tuvo el Puerto de la Cruz aliciente más delicioso. ¡Aquello era gozar!

Ahora bien, desde esa época han pasado unos cincuenta o sesenta años, si más no. Aquel ambiente desapareció por imperativos dudosos; a alguien de nuestros lúcidos ediles, se le ocurrió prohibir las casetas en la playa, para que los turistas tuvieran su espacio libre y nadie les molestara. Desde entonces, ni turistas, ni nuestras gentes… Allí no va nadie a relajarse, ni a bañarse, aquello se convirtió en un desierto de arena y piedras.

Así eran las cosas de este pueblo, hoy ciudad turística, pero la Playa de Martiánez nunca más funsionó como fuera en aquellos tiempos tan añorados. Por aquellos años teníamos esa hermosa Playa de Martiánez, el Paseo de las Palmeras, el Paseo de Los Llanos o de Los Tarajales, San Telmo, la Plaza de la Iglesia, la Plaza del Charco y otras, el Muelle Pesquero y Comercial recibiendo los vapores de Yeoward… El Peñón con su hermoso campo de fútbol y aquellas pechadas de lujo, etc.

Algunos desconsuelos sufrimos y privaciones, no todo era de color de rosa. Necesidades de toda índole y penas miles, pero era nuestro pueblo, o así lo creíamos. Hubo cierta represión, no vamos a negarlo, mas, ello se tradujo en lo que añoramos tanto: el respeto entre nosotros, urbanidad y civismo.

En fin, acabamos evocando con cierta añoranza aquellos tiempos modestos, cuando las gentes eran más solidarias con quienes les necesitaran y prevalecía aquel respeto, en general, que no debiéramos confundir nunca con los miedos políticos, lo nuestro era un sentimiento natural que nacía en nosotros.

Celestino González Herreros

http://www.celestinogh.blogspot.com

celestinogh@teleline.es

No hay comentarios: